Confesión
Una mujer entra en una iglesia para confesar un pecado que ha cometido. La iglesia estaba vacía y se presentó ante el cura para desahogarse y pedir perdón al Señor.
El cura: ¡Adelante, hija!
La mujer: (Indecisa y asustada) ¡Perdóneme, padre!
El cura: No pasa nada, hija. Es la casa de Dios y cada hijo es bienvenido aquí.
La mujer: (Avergonzada) Es que me da vergüenza decirlo, padre.
El cura: (Tranquilizándola) No tenga miedo, hija, que nuestro Señor sabrá perdonarle.
La mujer: Hace un mes, estaba en camino hacia casa, eran las nueve y media de la mañana, pasaba por un callejón y estaban unos cuantos jóvenes agrupados, en un momento creía que eran inofensivos; pero, me traicionó la corazonada. Me asaltaron esos sinvergüenzas y me violaron, cada uno hacía lo suyo mientras yo estaba en el suelo sin fuerza ni nada para poder pedir auxilio.
El cura: (Curioso) ¿Y cuántos eran, hija?
La mujer: (Indecisa) No lo sé, padre, es que como fue tan duro veía que eran una veintena; pero, creo que fueron unos seis, no me acuerdo bien.
El cura: (Estremecido) Eso es terrible, hija, ¡qué fuerte, hija!
La mujer: Sí, padre, de veras que lo fue, fue una “pesadilla”.
El cura: ¿Y cuántos años tiene, hija?
La mujer: Ochenta y ocho, padre.
El cura: (Sorprendido) ¿Quéééééééé?
La mujer: Ochenta y ocho.
El cura: (Con un tono sereno y apaciguado) Ah no se preocupe, hija, ya está perdonada y ni hacía falta venir aquí.
Mehdi Mesmoudi Padinha
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