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Sección "Grandes clásicos"

  1. #1
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    Predeterminado Sección "Grandes clásicos"


    Inauguro esta sección para que vaya colgando, a modo de recomendación, críticas de películas, una al día. Estará dedicada a obras maestras o, al menos, otras películas de altísima calidad.

    Aclaro que estas críticas no las he escrito yo, las he copiado de un blog dedicado a las críticas de cine (aunque sí he editado algunos aspectos de las críticas).

    Última edición por Karakorum; 08/05/2011 a las 15:50

  2. #2
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    Whirlpool (1949).


    Si algún día tuviera que hacer una de esas inútiles listas de las mejores películas de la Historia del Cine, sin dudarlo ni un segundo, una de las que pondría sería Laura de Otto Preminger, una obra maestra entre las obras maestras cuyo poder de fascinación sobrepasa todos los límites conocidos. Aquel título mítico estaba protagonizado por una de las más bellas mujeres que haya dado el Cine (y parte de la realidad), Gene Tierney, una actriz como la copa de un pino, que sin ella la película hubiera sido otra cosa.

    Así que hace poco cuando se editó en DVD la segunda colaboración entre Preminger y Tierney, corrí apresurado a hacerme con una copia, que aunque no la había visto, mi instinto me decía que no iba a arrepentirme. Bueno, a veces no se trata de instinto, sino de sentido común.

    Dirigida en 1949, narra cómo una mujer cleptómana es utilizada por un perverso hipnotizador para sus macabros planes. El reparto está encabezado por la propia Gene Tierney, dando vida a una mujer frágil temerosa de su propia actitud y de su pequeño problema con el robo. Richard Conte interpreta a su marido, apoyando continuamente a su esposa, y José Ferrer como el malvado de la función, un hipnotizador capaz de cualquier cosa con tal de salirse con la suya. También sale uno de esos secundarios de lujo en el cine clásico, Charles Brickford, como el teniente de policía que lleva el caso.

    La historia, con un planteamiento curioso en el que el malo ya es descubierto al principio de cara al espectador (Hitchock definía el suspenso como algo que conocía el espectador y desconocía el personaje), está tan bien contada que uno no puede sino rendirse ante la genialidad de Preminger a la hora de narrar unos acontecimientos que nos atrapan y no nos sueltan hasta que la película termina.

    De una gran tensión, está llena de momentos increíbles, como algunas escenas de hipnotismo, rodadas con un uso del silencio arrebatador, prácticamente el espectador queda hipnotizado. Y arrebatadora es también la presencia de Gene Tierney, con ese rostro enigmático y a la vez delicado. Da igual lo que esta actriz hiciera, su poder para enamorar a cualquiera sigue intacto casi sesenta años después.

    Rodada en un maravilloso blanco y negro, con una estupenda gama de grises, no llega a la altura de Laura, pero eso no impide disfrutar de Cine en puro estado. Muy recomendable para los que están hartos del cine de suspenso de hoy en día.



  3. #3
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    La Kermesse Héroïque (1935).


    Después de todo el Cine reciente que me había tragado, me apetecía volver sobre la base de todo el cine que se hace ahora, o sea, el cine clásico, que cada vez está siendo más olvidado. Asi que me vi esta película francesa dirigida por Jacques Feyder en 1935 y que narra, durante el siglo XVII, una visita de soldados españoles a un pequeño y tranquilo pueblo de Flandes, donde todos se pondrán muy nerviosos por tal acontecimiento. Es entonces cuando las mujeres del pueblo, motivadas por la cobardía de sus maridos, deciden preparar una enorme fiesta de bienvenida que no olvidarán.

    Ya desde el principio el tono de la película está bien claro, se trata de una comedia, que ridiculiza todos los estamentos conocidos y a todo el mundo. Al respecto decir que los españoles son retratados como auténticos tiranos y seres despreciables, lo cual no deja de tener su gracia en el contexto de la película. Atención a la primera aparición de un personaje español, todo el mundo se echa a temblar, y el film logra transmitir esa sensación de temeridad, porque una de las cosas que sorprende de esta película es que, siendo una comedia, alterna la risa con pequeños momentos dramáticos, alguno de ellos muy fuerte para la época, conservándose su fuerza hasta hoy día.

    La película fue un enorme éxito en su momento, llevándose varios premios en distintos festivales. Pero en su momento fue prohibida en Francia, incluso su director tuvo que exiliarse, debido a la ridiculización de ciertos estamentos, como el ejército o la figura del héroe, que, dicho literalmente, son dejadas por los suelos. A pesar de ello, y de la época en la que fue rodada, la película triunfó en todo el mundo.

    Parte del mérito corresponde a un extraordinario guión, lleno de frases ingeniosas y divertidísimas que no han perdido nada de su chispa, en medio de situaciones todavía más divertidas, y dichas por unos personajes todos encantadores y llenos de fuerza, sobre todo ese grupo de mujeres que deciden tomar las riendas del asunto, interpretadas de forma muy vital y enérgica por Françoise Rosay, Micheline Cheirel, Lyne Clevers y Marise Wendling, entre otras. Por otro lado, esos hombres, verdaderamente acobardados ante la posibilidad de que su pueblo sea sometido, con reacciones verdaderamente drásticas, pero que gracias al tono de la película, provocan la carcajada; ellos también están estupendos, Bernard Lancret, Jean Murat y André Alerme, entre otros.

    Y cómo no, la figura del director, verdadero alma máter de esta película, con una forma de dirigir adelantada a su tiempo, narrando de una forma precisa y con un enorme dominio del ritmo, sumándose también un excelente uso de la cámara con travellings realmente espectaculares, a través de una dirección artística verdaderamente impresionante. En definitiva, una buena película, de esas que ya no se hacen.

    Última edición por Karakorum; 06/10/2011 a las 17:06

  4. #4
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    Z (1969).


    Un líder pacifista es asesinado por un grupo de ultraderechistas. La investigación criminal que se lleva a cabo llegará hasta las más altas esferas del poder.

    Costa-Gavras, que siempre se ha caracterizado por tocar temas candentes, dirige el film con envidiable habilidad, logrando una de sus mejores películas, que por cierto ganó el Oscar a la Mejor Película Extranjera en 1969; en mi opinión, merecidísimo.

    Uno de los grandísimos aciertos de este magnífico film es que a pesar de que se mueve en temática política, ha sido tratado como un thriller, convirtiéndolo casi en una película de género, con un ritmo absolutamente impecable, y eso que lo único achacable podría ser su larga duración.

    Contiene una fuerza que hoy día sigue viva, y es que son difícil de aguantar algunas escenas por lo incómodas que resultan, como incómoda es toda la película, que tiene un clima in crescendo que te hace revolverte de angustia.

    El trabajo actoral es de primera calidad, con sus principales protagonistas en verdadero estado de gracia.

    Yves Montand, como diputado de un partido, está sencillamente espeléndido en un papel realmente difícil de interpretar, aunque a primera vista no lo parezca. Irene Papas da vida a su mujer y también está sensacional, además la cámara parece enamorada de ella. Jean-Louis Trintignant, que tarda en aparecer en escena, ofreciendo entereza y seriedad a un personaje necesario en el desarrollo de la trama.

    Trama que no deja indiferente a nadie por su evidente polémica, pero que está servida de forma tan inteligente por su director, que esta película puede ser disfrutada por todo tipo de espectadores, sin entrar en estúpidas discusiones. Éste es otro de los grandes logros del film, estupendo y maravilloso, difícil de olvidar, lección de narración cinematográfica, con un guión prodigioso que te mantiene con un corazón en un puño durante toda la historia, hasta un final que es impresionante, por sincero y directo. Imprescindible.


  5. #5
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    The Road to Mandalay (1926).


    En la gloriosa época del cine mudo comenzaron sus carreras una interminable lista de directores que dejaron algunas obras maestras necesarias para entender el cine. Tod Browning fué uno de esos directores; el autor de la obligada Freaks, dirigió en 1926 a su actor fetiche, uno de los grandes en el cine de terror, conocido como "el hombre de las mil caras", Lon Chaney, en una película titulada The Road to Mandalay.

    Es una de las menos conocidas que hicieron juntos Browning y Chaney, y narra cómo un hombre de mala vida, asesino y pirata, Singapur Joe, sólo vive para una cosa: que su hija, la cuál no sabe de la existencia de su padre, viva acomodada y feliz al cuidado de su tío, un sacerdote.

    En apenas una hora que dura el film, asistimos a una historia de amor fraternal, de culpabilidad, y sobre todo de redención, que en manos de Browning cobra una fuerza impresionante, gracias a su poderoso uso de la cámara, con la que era capaz de captar y transmitir todo tipo de emociones.

    Se le suma la extraordinaria interpretación de un extraordinario actor,Lon Chaney, que se especializó en transformarse físicamente al completo para los distintos personajes que interpretó a lo largo de su carrera, y que fué lo que le hizo famoso.

    Pero es que además Chaney se metía en los papeles de forma asombrosa, tal y como demuestra con su personaje Singapur Joe, con el que a parte de maquillarse, pues sale desfigurado y sin un ojo, el actor transmite toda la angustia del personaje con sus solos gestos faciales, los cuales han pasado a la Historia por derecho propio.

    Chaney era grande, Browning también, y esta película, a pesar de un par de elipsis muy mal empleadas, es muy buena. Cine añejo, del que no debe olvidarse.


  6. #6
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    Round Midnight (1986).


    Francis Borler es un hombre separado, con una hija pequeña a su cargo y serios problemas económicos, y que tiene una enorme pasión por el jazz. Entabla una curiosa amistad con un músico al que admira (Dale Turner), y que todas las noches toca en un club llamado The Blue Note (por cierto, así se llama uno de los sellos discográficos especializados en jazz, uno de los mejores de la actualidad).

    Está dirigida por Bertrand Tavernier con mano jazzística. Me explico. Todo en esta película, absolutamente todo, es jazz, y del bueno. Desde la historia, tristísima y dura, como un solo triste de saxofón; sus personajes, respirando en todo momento jazz, rodeados de humo de tabaco, el inseparable compañero de esta música, al igual que el acohol. Y la puesta en escena de su director, que parece estar interpretando jazz con la cámara, con la que muy cuidadosamente rueda cada una de las actuaciones musicales que se ven en la película, y que son todas exquisitamente extraordinarias.

    Francis está protagonizado por François Cluzet, quien transmite muy bien la enorme pasión que su personaje siente por la música, dejando de lado sus problemas personales, un hombre al límite de la destrucción, de hundirse completamente, pero el jazz es su tabla de náufrago, lo único a lo que agarrarse, lo único que merece la pena en esta asquerosa vida.

    Dale Turner es exactamente igual con un par de cosas que le diferencian de Francis, es músico y un bebedor incurable, por lo que casi siempre sale ebrio a tocar el saxo tenor, cosa que hace genialmente. Este papel está interpretado por Dexter Gordon, músico en la vida real, y realiza una interpretación totalmente a-cinematográfica, por extraña, al estar interpretándose a sí mismo, y al mismo tiempo, intensa, fascinante, demoledora.

    También se dejan ver en pequeños papeles Martin Scorsese y Herbie Hancock, quién firma la banda sonora del film, y que ganó el Oscar, aunque muchos de los temas son versiones de clásicos del jazz.

    Tavernier, de quién éste quizá sea su mejor trabajo, realiza un film único en su especie, rozando la genialidad, transportándonos a un mundo con filosofía propia, dónde todo es entendido a través de la música. Su narración es ejemplar, así como el gran acierto de haber fusionado dos artes con inusitada capacidad, llegando hasta tal punto en el que el espectador oye Cine y ve Jazz. Impresionante.

    Tal vez la película tenga dos hándicaps. Por un lado resulta demasiado larga, aunque logra seguirse con interés, y por otro, el espectador no conocedor del jazz en estado puro, puede que no disfrute de la película. No importa demasiado, Tavernier ha realizado un título clave en la década de los 80.


  7. #7
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    The Thin Man (1934).


    A pesar de que hoy día parece que no se piense más que en hacer remakes, o segundas y terceras partes de películas de éxito, la verdad es que esta moda ya existía desde los comienzos del Séptimo Arte. Lo que ocurre es que, primero, se hacían muchas más películas, y no daba esa sensación, y segundo, por evidente, muchos (si no todos) no vivimos aquella época.

    Esta es la adaptación de la novela homónima de Dashiell Hammett, realizado en 1934, que se convertiría en un gran éxito, dando lugar a cuatro películas más.

    Nick es un detective de policía retirado que tiene una enorme vida social, le gusta mucho beber, y le encanta estar siempre en fiestas. Está casado con una mujer con la que tiene una envidiable complicidad. Y además tiene un olfato único para resolver misterios, sobre todo si hay un asesinato de por medio. En Nochebuena se verá envuelto en uno de esos casos de asesinato, y prácticamente todo el mundo le pedirá que vuelva a ejercer de detective, y así demostrar sus dotes para la deducción e intentar resolver el misterio y encontrar al asesino.

    Con esta película alcanzaron una enorme popularidad William Powell y Myrna Loy, que encarnan a la pareja protagonista, ese entrañable matrimonio, siempre metido en problemas. Los dos actores están absolutamente magníficos y la química existente entre ellos traspasa la pantalla. Les acompaña un simpático perro, de nombre Asta, cuya mayor virtud no es precisamente la valentía.

    Uno de los mayores aciertos de esta película es el tratamiento de comedia que el director le da, llegando casi al humor negro. En este aspecto, tanto actores como director se lucen de forma extraordinaria; ellos por desprender simpatía en todo momento; y el segundo por manejar estupendamente los momentos drásticos vistiéndolos con un poco de gracia, y no por ello resultan burdos o pierden fuerza, si no más bien todo lo contrario.

    W. S. Van Dyke, director prácticamente olvidado (de él recomiendo el visionado de San Francisco) dirige con mano firme, aunque en ciertos momentos no puede evitar caer en una teatral puesta en escena, que afecta un poco al ritmo de la película. Aún así consigue momentos inolvidables, como el de la cena del título, donde todos los personajes son sospechosos de asesinato; una escena vertiginosa y trepidante, a pesar de que todos permanecen sentados en sus sitios, y cuyo clímax va in crescendo hasta una resolución adornada, como toda la escena, con un sentido del humor introducido muy inteligentemente.

    Una buena película con diálogos brillantes y mordaces, que comenzó una saga muy famosa en su época. Decir que en un papel secundario pero relevante, aparece Maureen O´Sullivan, la eterna compañera de Tarzán, y además sale guapísima.


  8. #8
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    Le Samouraï (1967).


    Cuando hablas de cine francés, la gran mayoría sacan a la palestra directores como François Truffaut, Eric Rohmer, Robert Bresson, Claude Chabrol y otros, en su mayoría de la Nouvelle Vague, pero existen directores que han sido injustamente con el tiempo semiolvidados y claramente infravalorados por algunas voces críticas, a la memoria me vienen por ejemplo Henri-Georges Clouzot o Jean-Pierre Melville. Vamos a recordar a este último.

    Ayer me dispusé a revisionar Le Samouraï, joya del polar francés, dirigida y coescrita por Jean-Pierre Melville en 1967, y que con el tiempo se convirtió en una de las obras maestras del cine policíaco y en obra de culto.

    Entre otras cualidades, Le Samouraï es un poema desgarrador del hombre solo. Es también, y ante todo, una película policiaca. Este samurai, Jeff Costello (Alain Delon), no es sino un asesino a sueldo del hampa parisina. Asesina cumpliendo órdenes, por contrato. Engañado por sus socios, tiene que defenderse en dos frentes: contra la policía y contra sus cómplices. Se organiza entonces una implacable caza, todos contra un solo hombre. El héroe irrisorio de este combate nocturno triunfará. En la muerte, claro está. Una muerte deseada, organizada, como una apoteosis.

    El film se inicia con una cita del código de honor japonés Bushido, y es que en el fondo Jeff Costello vive como un samurai, solitario, sin amigos y con una novia con la que mantiene una relación inestable y extraña y con una tarea que cumplirá sea como sea.

    Ante todo Costello es un hombre de palabra, el cual tiene que cumplir una misión: asesinar a una persona, pero aún teniendo coartada, sus socios irán por él con tal de que no se vaya de la lengua tras los interrogatorios que mantiene con la polícia. Será una persecución a doble banda.

    Estamos ante un film maestro formalmente, con multitud de lecturas, de una profundidad envidiable, con una realización de Melville absolutamente magistral dotado de una elegancia superlativa.

    Melville nos muestra un film de género negro a la vieja usanza pero a la vez dotándolo de cierta modernidad, de dinamismo, del toque característico del maravilloso polar francés, y nos narra el camino de un samurai urbano hacia su propia muerte, que no entiende de códigos, excepto del suyo propio, en unas calles deshabitadas, en un entorno solitario, con femmes fatale, nightclubs y con un personaje principal que apenas habla, sin aparentes sentimientos, que vive para ello y que sólo entiende su propia justicia y pensamiento.

    Jean-Pierre Melville era un auténtico fan de la cine noir norteamericano de los 30 y posteriores, films como The Woman in the Window, Double Indemnity, Little Caesar, White Heat, Laura, The Roaring Twenties, etc…, han influenciado lógicamente en su obra, nada más hay que comprobar el nombre del personaje de Delon (Jeff Costello) un nombre imposible para un parisino natural de Francia.

    A su vez, Melville entre otros realizadores, ha servido de profesor cinematográfico mediante sus obras a una generación de cineastas asiáticos destacables, como pueden ser Johnnie To, John Woo (en su etapa hongkonesa), Kim Jee-Woon, Park Chan-Wook o Wong Kar-Wai.

    Alain Delon realiza una interpretación, en mi opinión, colosal, se come la pantalla, realmente nos creemos su creación, la de un hombre insaciable, implacable pero honorable. Un auténtico asesino pero con astucia y saber. Los demás actores y actrices están muy convincentes.

    No cabe duda de que este Jeff Costello nos recuerda a ese Chacal interpretado por Edward Fox en el film Day of the Jackal de Fred Zinnemann, en muchos de los aspectos.

    Y es que da absoluto gusto ver todas esas escensa de Delon en el coche bajo la lluvía, en el puente con el encuentro con el socio, la entrada en su casa tras el paso de la polícia, esas escenas en la casa de la pianista, etc…

    El guión es buenisimo y la dirección maravillosa, llena de travellings, de planos secuencia, de picados y contrapicados, un sinfín de buenísimos planos orquestrados por Melville de manera indudablemente ejemplar, y con un final redondo.

    También es fantástico el tratamiento interno del protagonista (Costello), el personaje del oficial de polícia, un tipo que es capaz de vender lo que sea para conseguir meter entre rejas a Costello, usando incluso trampas con su novia, y por último fabuloso también el personaje de la pianista, un personaje que realmente también anda en ese mundillo oscuro y peligroso y que en el fondo podemos pensar que se siente atraída por Costello.

    Si hay algo que destaque en el film (entre otras muchísimas cosas) es ese excelente final, minimalista, con ese révolver sin balas, la femme fatale mirando el cuerpo de Costello. Magnífico final, me recordó a esos finales de Hitchcock que se acababan justo en el punto perfecto (por ejemplo véase Frenzy).

    Recomendación: No se pierdan otra película polar de Melville: Le Circle Rouge de nuevo con Alain Delon.

    En definitiva, Le Samouraï es una obra maestra del cine, una de las cumbres del polar francés y en mi humilde opinión una película de obligado visionado.

    Última edición por Karakorum; 26/10/2011 a las 02:06

  9. #9
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    The Lady from Shangai (1947).


    Michael O´Hara es un hombre normal y corriente, que una solitaria noche conoce a una mujer enormemente fascinante, para la que acabará trabajando en su pequeño barco, y cómo no, enamorándose de ella. Debido a esa fascinación, se verá envuelto, muy a su pesar, en un peligroso juego de intriga y asesinatos.

    Realizada en 1947 por el gran Orson Welles en su época de mayor esplendor creativo, fue tratada muchas veces cómo una obra menor en su filmografía. Nada más lejos de la realidad, porque esta película es una auténtica muestra del buen hacer de este genio del cine. Y al igual que el personaje de Welles se sentía atraído por la fascinación de Rita Hayworth, el espectador queda atrapado desde el primer minuto al último, por el enorme poder de fascinación que la película posee en absolutamente todos sus aspectos. Y es que uno de los mayores logros de Welles, fue el de saber combinar todos los elementos de los que disponía para acabar realizando un film casi inclasificable.

    Su guión, enormemente conciso, lleno de giros, y cargado de diálogos sublimes dignos de ser enmarcados. Atención a la conversación final entre Welles y Hayworth, absolutamente impagable. Su narración, con una fuerza pocas veces vista, y un enorme gusto por lo extraño, por decirlo de alguna manera. Ya el inicio es extraño, con una situación aparentemente forzada, pero que engancha rápidamente al espectador, gracias al poder de sugestión que poseen las imágenes de Welles.

    Y es que la puesta en escena es de las de quitarse el sombrero. Jugando maravillosamente con el blanco y negro, más los grises, gracias a la fotografía de Charles Laughton Jr, ayudado por Rudolph Maté y Joseph Walker. Y usando la cámara de forma impresionantemente única, con movimientos arriesgados, y travellings innovadores, cuyo máximo exponente terminaría cuajando en esa obra maestra titulada Touch of Evil.

    En tan sólo 83 minutos de duración, en otra lección de cómo contar una historia en poco tiempo, Welles mezcla misterio, drama y sexualidad de forma tan atrayente, que es imposible olvidar este film, enormemente influyente en el cine posterior, y diez millones de veces imitado, pero jamás superado. A ello contribuye, cómo no, la presencia de Rita Hayworth, tan fascinante cómo en Gilda, y componiendo un personaje de mujer fatal, que por derecho propio, está en el Olimpo del Cine a la altura de Barbara Stanwyck en Double Indemnity, o Jane Greer en Out of the Past, obras cumbres del cine negro. Mujeres que ejercen un enorme poder sobre los hombres que las rodean, los cuales terminan enamorándose y llegando a hacer atroces locuras por ellas. En ese grupo podría hablar también de la maravillosa Gene Tierney en Laura.

    Una película magistral, de esas que hacen que amemos el cine, y nos acordemos de una frase, que era el título de un programa de televisión: ¡Qué grande es el Cine! Gracias Welles.

    Última edición por Karakorum; 06/10/2011 a las 17:06

  10. #10
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    Pather Panchali (1955).


    India es el país que más películas produce al año, muy por encima de los norteamericanos. Dicho esto, muchos se preguntarán por qué aquí no hemos visto apenas nada de esa cinematografía. Yo también me lo pregunto. Satyajit Ray es uno de los directores hindús más famosos que ha habido, por lo menos desde el punto de vista internacional.

    ¿De qué va esta película? Bueno, contar su argumento sería desmenuzar la película por completo, pues nos encontramos ante una de esas historias breves, porque lo que es realmente, es un retrato del día a día de una pequeña (pequeñísima) comunidad hindú, que vive en la más absoluta pobreza. Un relato costumbrista y único, visto a través de los ojos de un niño llamado Apu. Éste sería el primer título de uns serie de tres, dedicado a dicho personaje. Ray realizó el guión basándose en la novela de Bibhutibhushan Bandyopadhyay.

    Muchos pueden pensar que la vida cotidiana de un puñado de personas, que no hacen mucho, puede resultar algo aburrido, sobre todo si tenemos en cuenta que la duración del film asciende a las casi dos horas. Sin embargo, el aburrimiento es algo que no asoma por esta película, gracias a la capacidad de Ray para hacerla enormemente interesante, a través de un guión muy pulido, y de una puesta en escena asombrosa.

    En ambas cosas existe un gusto por el detalle, exquisito, y de una sensibilidad extrema. Unos personajes absolutamente bien definidos, y excelentemente interpretados, que nos conducen por sus míseras vidas, a través de su dolor, de sus sueños, de sus desgracias. Y de como se agarran a las pequeñas cosas que les hacen ser felices, o por lo menos, olvidar lo que están viviendo. Cosas tan grandes y sencillas como un chal, o ir a ver pasar un tren, el único elemento de modernidad que se deja ver en la película.

    El film está lleno de momentos fuertes, como por ejemplo la muerte de algún personaje. Momentos de una naturalidad asombrosa, y cuya fuerza reside en la reacción que este hecho provoca en los demás personajes. A este respecto, hay una secuencia antológica, protagonizada por el padre de Apu, que provoca que las lágrimas salgan a lo bestia, debido a la enorme fuerza emotiva que posee. Una de esas secuencias que, desde ya, forma parte de mis momentos favoritos en el Cine.

    Ray demuestra una enorme destreza usando y combinando todos los elementos de los que dispone. El montaje, ayudando al ritmo usado en la historia, siempre interesante. La fotografía, obra de Subrata Mitra, extraordinaria, que en algunos momentos se recrea en un paisaje que tendría que ser desolador, pero que resulta bello. Y crea secuencias en las que el uso de la iluminación es excelente. Todo ello filmado por una cámara, a veces quieta, a veces moviéndose sutilmente, pero siempre presente, porque si algo refleja esta película, a parte de su tema, es que es puro cine en todo su esplendor.

    Su banda sonora, también es magnífica. Obra del conocido Ravi Shankar, está usada estupendamente, y es de las que permanece en la memoria.

    Una gran película, de fama bien merecida entre los amantes del cine (el resto que se dedique a otra cosa), y no me extrañaría que muchos directores famosos la hayan tomado de referencia.


  11. #11
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    The Name of the Rose (1986).


    La adaptación de la prestigiosa novela de Umberto Eco, llevada a cabo por Jean-Jacques Annaud, es una de esas películas que marcaron mi adolescencia. La he visto un montón de veces, y cuando se editó en dvd hace ya unos meses, no lo dudé y la compré. Este pasado fin de semana pude revisionarla, y disfrutarla por primera vez en versión original. Por cierto, los extras de la edición especial son estupendos. Entrevistas a Annaud y Eco, entre otros, aportando un montón de información adicional muy interesante. A parte de escenas del rodaje, y de la preparación por parte de los actores, que no tienen desperdicio.

    Estamos en 1327, William de Baskerville y su pupilo llegan a una abadía en la que se encuentran con un misterioso caso de asesinatos, que parecen estar relacionados con cierto libro prohibido. Pronto, el tema empezará a complicarse, al mismo tiempo que hace acto de presencia la Santa Inquisición, culpando de todo al Diablo.

    La película fue realizada en inglés para conseguir una mayor distribución internacional. De hecho el film fue un enorme éxito, sobre todo en Europa, por motivos más que evidentes. No así en los USA. La película narra, en un ambiente de corte histórico muy bien tratado, una historia de misterio en el más puro estilo clásico. Un detective, en este caso un monje franciscano, educado y enormemente culto, con un joven aprendiz, en medio de una serie de crímenes inexplicables, y cuya galería de sospechosos es de lo más variado, ya que van desde el pinche de cocina hasta las más altas esferas del poder.

    Las influencias del universo de Sherlock Holmes son notorias. Ya el hecho de que el protagonista se llame William de Baskerville, no es ninguna coincidencia, pues hace referencia a uno de los más conocidos casos del famoso detective. Y la investigación del caso, más su resolución y las deducciones de su personaje principal, son muy parecidas a las que realiza Holmes.

    La realización de Annaud es impecable, y llena de pasión. Está apoyado en un guión magnífico, y enormemente conciso, haciendo en todo momento que la historia interese, y que a medida que avanza, se haga más emocionante, ofreciendo sus sorpresas, y momentos cumbre, en el instante adecuado. Y su puesta en escena es extraordinaria. Parece que estemos realmente en la Edad Media, gracias a un trabajo de ambientación, sencillamente sensacional, y como explican en los extras del dvd, hay unos decorados increíbles, los más grandes hechos en Europa desde los tiempos de Cleopatra de Mankiewicz, por cierto, la única película de se gran director, que no he visto, pero es que me da una pereeeza que no veas.

    La fotografía de Tonino Delli Colli, sucia y seca, ayuda a dotar de realismo al conjunto. Incluso la banda sonora, que es mínimamente melódica, y muy ambiental, obra de un James Horner, que por aquel entonces estaba viviendo sus mejores momentos. Todo ello sabiamente conjuntado, da un film excelente en todos sus aspectos, y que a pesar de sus más de dos horas de duración, es una de las producciones más entretenidas que yo recuerde. En ese aspecto, Annaud le infiere a la película un ritmo prodigioso, gracias a un estupendo montaje (atención a la secuencia final en la biblioteca llena de escaleras que forman laberintos), y también a unos diálogos llenos de fuerza, recitados por un estupendo plantel de actores.

    Evidentemente, Sean Connery sobresale entre todos ellos, él es la estrella de la función. Con un enorme carisma, y apoderándose de la pantalla, su personaje cae bien enseguida al espectador, el cual se siente fascinado por una personalidad llena de fuerza, y a la que Connery le imprime su habitual cinismo. Realiza, sin duda, una de sus mejores interpretaciones, ese tipo de papel que a todos gusta, una especie de modelo a seguir, un héroe. Le secunda F. Murray Abraham, uno de esos eternos secundarios, que aquí interpreta un papel decididamente odioso, un malo con mucho peso, a la antigua usanza, de los que te quieres cargar nada más aparecer, pero que está tan bien interpretado, que evidentemente le da un enorme peso a la película. El contrapunto perfecto de Connery.

    Tambien salen en este film, un primerizo Christian Slater, demostrando desde hace tiempo que lo suyo no es actuar, aunque hay que decir que su enorme inexpresividad le queda bien al personaje, un inocente muchacho, que se siente atraído por la enorme belleza de una joven, con la cual protagoniza una de las escenas de sexo más famosas de la década de los 80.

    Y Ron Perlman, uno de los actores fetiche de Annaud, que aquí realiza una extravagante composición de un, más extravagante todavía, personaje. Un pinche de cocina, que tiene una extraña afición con las ratas. Excelentemente maquillado, Perlman realiza un personaje inolvidable.

    Una magnífica película que a muchos encanta, y conozco pocos a los que no guste. No voy a entrar en si es mejor o peor que el libro, porque sería entrar en una discusión de lo más estúpida. El Cine y la literatura son dos artes totalmente distintas la una de la otra, y nunca deben ser comparadas. Para ello me remito, una vez más, a los extras del dvd, donde tanto Annaud como el propio Eco, dan su parecer al respecto, y que a más de uno dejarán callado. Como a mí, que me sorprendió enormemente.


  12. #12
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    Seven Men From Now (1956).


    Seven Men From Now supone la primera colaboración, de un total de siete, entre el clásico director Budd Boetticher, y el actor Randolph Scott.

    Narra la historia de venganza que lleva a cabo un sheriff, contra siete hombres que atracaron una oficina de correos, y mataron a su mujer. En medio de esa venganza, que le llevará tiempo, conocerá a un matrimonio a los que ayudará y acompañará en un largo viaje. Viaje que tendrá un explosivo y violento final.

    Estamos, pues, ante una de las clásicas historias de venganza que tanto inundaron al maravilloso género del western. Y aquí está retratada de forma también maravillosa, gracias a la excelente labor de Boetticher tras las cámaras, y a un pulido guión del también director Burt Kennedy, donde todo está extraordinariamente relatado, explicado y matizado. A ello ayuda la puesta en escena de su director, que es de las que no se olvidan, logrando un western magnético, a ratos extraño, vigoroso, violento, y que desde luego influyó en el cine posterior. De hecho, Clint Eastwood se considera un admirador de Boetticher, y yo creo que de esta película ha cogido prestado algún elemento, sobre todo de su extraordinaria parte final.

    Sobra decir que el film es entretenidísimo, y sobre todo se sigue con enorme interés, pues la historia es de las que enganchan. Pero además, posee un par de sorpresas argumentales, que te cogen desprevenido. Lo bueno de esas sorpresas, no es el impacto en sí que produce en el espectador, si no el haber sabido explotarlas al máximo durante toda la película, haciendo que nos confiemos. Hasta llegar al momento en que tienen que ser descubiertas, para así lograr un mayor impacto, y aún después, seguir quitándole provecho. Una demostración ejemplar de buen guión.

    Quizá como punto negativo, haya que decir, que la interpretación de Randolph Scott no está a la altura, y eso es porque Scott nunca fue un gran actor. Siempre resultaba muy inexpresivo, aunque hubo directores que supieron quitarle algo. Aquí interpreta al típico tipo duro, que sólo quiere vengar a su mujer. Quizá esa inexpresividad le quede bien al personaje, pero sólo en ciertos momentos. Tampoco está demasiado bien su compañera en el film, y que interpreta a la mujer de otro hombre, Gail Russell, actriz poco conocida, cuyo papel es aquí enormemente tópico, y nada relevante, aunque proporciona una buena escena de cierre, por atípica.

    Les secunda, Lee Marvin, en los principios de su carrera, en un papel muy interesante, por su ambigüedad. El típico personaje malvado, que no lo es tanto, y viceversa.

    Un film muy bueno, que demuestra la importancia que tuvo Boetticher en el género. Uno de esos directores infravalorados y casi olvidados injustamente. Una pena. Porque es cine para saborear, para disfrutar, para verlo más de una vez. Un enorme disfrute, que me va a hacer revisionar el resto de films que hicieron juntos Scott y Boetticher.


  13. #13
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    The Street with No Name (1948).


    La segunda película de ese gran actor que es Richard Widmark, que había debutado el año anterior, 1947, en un clásico del cine negro, Kiss of Death, del gran Henry Hathaway, y donde estaba la famosa secuencia de un sádico Widmark tirando a una anciana en silla de ruedas por unas escaleras. Ese papel llevó a Widmark a especializarse en papeles de tipo duro, y casi siempre al otro lado de la ley.

    Gene Cordel es un agente del FBI que tendrá que infiltrarse en una peligrosa banda, comandada por Alec Stiles, sospechoso de cometer dos asesinatos, mientras realizaba un robo. Cordel, poco a poco se ganará la confianza de Stiles, pero según sucede eso, se irá poniendo más y más en peligro.

    El film fue dirigido en 1948 por William Keighley, un eficaz artesano que tuvo su época gloriosa en los años 30. Aquí consigue una de sus mejores obras, debido al excelente pulso narrativo que le imprime al film. Un prodigioso ritmo que hace que no disminuya el interés de la cinta, provocando además, un par de momentos de suspenso únicos. Momentos en los que es usado como elemento dramático el silencio. Y de una forma extraordinaria, logrando una tensión excepcional. Son pocas las películas que echen mano de este recurso, y que tengan resultados increíbles. En ese aspecto, me viene a la memoria ese otro clásico de Jules Dassin, Rififi, en la que una escena de robo que dura 45 minutos, es en absoluto silencio, creando también una tensión pocas veces vista en el cine.

    En el trabajo actoral nos encontramos con algo realmente curioso. El protagonista, Mark Stevens, es bastante inexpresivo, de hecho hay varias secuencias en las que es difícil creerse sus reacciones, porque no logra transmitir prácticamente nada. Uno de esos actores que no serán especialmente recordados, y que a pesar de un buen número de films, acabó refugiándose en la televisión. En frente de él, la maldad de Richard Widmark, alguien que era capaz de meter miedo con las caras de loco que ponía, o capaz de ser al mismo tiempo tu mejor amigo, o un tipo del que no puedes fiarte. Su malévola risa, casi una mueca, entraría con justicia en los anales del Cine. Aquí está sencillamente sensacional, dando vida a uno de esos malos que, como decíaHitchcock, son los que hacen dar valor a la película. Ya no hay villanos así. Haber enfrentado a Stevens con Widmark, casi parece una broma de mal gusto, ya que el primero queda prácticamente en ridículo en comparación con el segundo, aunque ésto probablemente ni se lo imaginaban cuando hicieron la película, ya que Widmark era un desconocido.

    En los roles secunadrios nos encontramos con John McIntire, uno de esos eternos secundarios maravillosos, capaces de dar verdadero peso a un film. Da vida al enlace del protagonista con la policía, y protagoniza varios momentos muy buenos, aunque también alguno un pelín ridículo, quizá porque visto hoy día no sea tan efectivo. Barbara Lawrence interpreta a la mujer del villano, pero es un personaje simplemente decorativo, uno de los puntos débiles del film. Esta actriz también terminaría pasándose a la televisión.

    Cine negro del bueno, del que ya no se hace. Con su gama de grises, y sus claroscuros retratados maravillosamente en la fotografía, sensacional, del gran Joseph MacDonald, uno de esos fotógrafos que sabían lo que hacían. En esta película hay unos juegos de iluminación sensacionales, en los que las cerillas tienen un protagonismo especial. Increíble que ésto se hiciera en aquellos años. De quedarse con la boca abierta. No me extraña que MacDonald trabajase para muchos de los grandes, como John Ford, por ejemplo.

    Una película muy buena, que proporciona un entreteniemiento de los buenos, de esos de los que no miras el reloj, ni bostezas, ni te das cuenta del paso del tiempo, ya que sus 91 minutos pasan volando.


  14. #14
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    Where the Sidewalk Ends (1950)


    Los grandes directores del cine tienen siempre en su haber una serie de títulos cosiderados “menores”. A veces, equivocadamente, ese término va asociado con la poca fama de la película, y otras, porque se esperaba más de ellas, pues suelen pertenecer a directores encumbrados. Podemos decir, por ejemplo, que Le proces es una obra menor de Orson Welles, o que 3 Godfathers es una obra menor de John Ford. Es curioso, no existe termino en el caso contrario. Nadie dice: A Simple Plan es una obra mayor de Sam Raimi, o Superman es una obra mayor de Richard Donner.

    Otto Preminger, desde luego era uno de los más grandes. Firmante de alguno de los clásicos indiscutibles del cine negro, como Laura o Angel Face. En ocasiones colaboró con él, Saul Bass, quien realizó los títulos de crédito de algunas de sus películas, como The Man with the Golden Arm o Advise & Consent, que se han convertido en inmortales, superiores incluso a los que hacía para Hitchcock. Where the Sidewalk Ends es una de sus películas menos conocidas, realizada en 1950, y donde volvió a reunir a la pareja protagonista de su más famoso film, Laura, Dana Andrews y Gene Tierney.

    Mark Dixon es un policía con métodos violentos que un día mata por accidente a un sospechoso de asesinato, de quien sabe que es inocente. Temeroso de que no le crean, decide crearse una coartada, e idea un plan para que no le involucren en el asesinato, mientras intentará desenmascarar al verdadero asesino. Un carrera contra reloj que puede costarle la vida.

    El film, que dura 90 minutos, va directo al grano, y durante todo ese tiempo no ofrece respiro al espectador. Hay situaciones de infarto, como pocas veces se ha visto en una película, y todo ello narrado de forma maravillosa por Preminger, quien además propone una cuestión moral bastante interesante al final de la película, arriesgada escena, que da la sensación de que va a acabar de una forma, no siendo así. Lo cual hace que nos planteemos las motivaciones del personaje, preguntándonos si nosotros hubieramos hecho lo mismo.

    Una vez más, Preminger vuelve a demostrar que el cine negro era un género en el que se movía como pez en el agua. Con un excelente guión de Ben Hetch, en el que todo cuadra, se centra sobre todo en el personaje deDana Andrews, protagonista absoluto del film. Andrews nunca fue un gran actor, pero aquí su inexpresividad le viene de perlas al papel, y es aprovechada al máximo por Preminger, quien para nuestra sorpresa, relega a un segundo plano a Gene Tierney, en un papel que se queda por debajo de sus enormes posibilidades como actriz. Eso sí, las veces que aparece, sigue desprendiendo un enorme magnetismo, capaz de enamorar a todo bicho viviente.

    Otro de sus aciertos es el uso del escenario fílmico, tanto en las escenas de interiores, donde los personajes se mueven por el encuadre de forma magistral. Atención a todo lo que acontece relacionado con el personaje de una ancianita, que puede haber sido testigo de algo. La acción se desarrolla a pocos metros de la ventana de su casa, dentro de su casa, y otra vez fuera. En tres tiempos distintos, y cambiando de personajes, Preminger da una lección de suspenso con pocos elementos. Por no hablar de la enorme sencillez con la que están resueltas otro tipo de secuencias igual de impactantes. Y también las escenas en exteriores, en las cuales se respira la opresión de la gran ciudad, el tumulto, el humo, en algunos momentos, y la quietud de la noche en otros. Elementos que forman parte de las características del buen cine negro.

    Y nombrar, como no, a Karl Malden, uno de los más grandes secundarios que haya tenido el cine, capaz de interpretar cualquier tipo de papel. Aquí interpreta al Teniente de la Policía que lleva el caso, capaz de hacer deducciones increíbles, aunque equivocadas desde cierto punto de vista, cosa que le toca plantearse al espectador, quien asiste como un testigo más, aunque con ventaja, ya que conocemos todos los actos. El espectador siempre es un testigo externo en todas las películas, pero pocas veces se le ha involucrado de una forma tan ingeniosa y bien mostrada como en ésta.

    Por muy menor que sea en la carrera de Preminger, se trata de un film magistral, admirable en todos sus aspectos, y disfrutable de principio a fin, como sólo el buen cine hace disfrutar. Aunque en este caso, hablar de buen cine es quedarse corto.


  15. #15
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    Night and the City (1950).


    Jules Dassin fue uno de esos directores que se tuvieron que marchar de los Estados Unidos debido a la famosa Caza de Brujas del senador McCarthy. Denunciado, como otros muchos, por sus propios compañeros, se refugió en Europa, donde curiosamente rodó sus mejores películas (si es que no hay mal que por bien no venga). La primera de ellas fue esta Night and the City, rodada en Londres, y producida por la Fox, con Richard Widmark, y uno de los amores de mi vida cinéfila, Gene Tierney. En 1992 se realizó un remake del mismo, con Robert De Niro y Jessica Lange, que no estaba mal, pero que era muchísimo más blando. Y es que la película de Dassin es una de las más desesperanzadoras de cuantas se hayan filmado.

    Harry Fabian es un “vividor” londinense relacionado con la peor calaña que exista. Sus aires de grandeza le llevan a estar todo el día soñando sobre el negocio perfecto con el cual ganar montones de dinero, y ser alguien en la vida. Endeudado con todo el mundo, hay muy pocos que confíen en él, salvo su novia, que lo ama a toda costa. Un día, Fabian ve la oportunidad de su vida al conocer a un importante luchador de lucha grecorromana. Intentará convertirse en promotor de lucha libre, y tratará de organizar combates únicos. Pero esta vida es muy perra, y se mueve con un capricho difícil de controlar.

    Había visto esta película hace años, y sólo recordaba que me había gustado, más algunas escenas en concreto, pero nada más. Ahora, que he podido disfrutarla por segunda vez gracias al maravilloso mundo del dvd, ha sido un verdadero placer comprobar que estamos ante una de las grandes del cine negro, ante una de las grandes de Dassin, ante una de las grandes. Un film, que además te deja un sabor de boca realmente amargo, por su dureza.

    Dassin, ayudado por un guión ejemplar, una fotografía única, y una interpretaciones de primer nivel, narra una historia de un perdedor, que lo único que puede hacer en la vida para llegar a ser alguien es soñar. Las ilusiones que tiene es lo más cerca que estará del éxito. El film avanza con una inquietante atmósfera donde se respira todo ese aire de falsas esperanzas, de traiciones, y en la que la noche juega un papel importante. La noche es oscura, como el futuro del protagonista, mientras que el día, sólo presente en el final de la película, es algo que parece no llegar nunca, algo anhelado, su luz, su claridad, su limpieza. Junto a la noche, la ciudad, que alcanza otra dimensión en medio de las sombras nocturnas, abre sus más profundos recovecos y escondites, para que cierto tipo de personas se muevan, escondidas, como si nunca existieran. Una ciudad que Dassin retrata maravillosamente, sobre todo sus barrios bajos. El film fue rodado en escenarios naturales, por lo que el realismo en ese aspecto, es extraordinario.

    Los actores que desfilan por todo este universon de oscuridad y maldad, son sencillamente magníficos. Para empezar, la estrella de la función, y sobre la que Dassin basa su película,Richard Widmark. Sólo él es capaz de interpretar este papel, un perdedor si un sólo rasgo de honestidad, engañando a todo el mundo, y capaz de las bajezas más rastreras a las que puede llegar el ser humano. Sus expresiones son antológicas, su cínica e hipócrita risa, inolvidable y única. El espectador es capaz de amarlo y odiarlo al mismo tiempo, de querer que lo maten, y de compadecerse de él.

    A su lado, toda una galería de personajes maravillosamente dibujados, salvo quizá el de Gene Tierney, para mi profunda decepción. Sería el único punto flojo del film. Su personaje, aunque importante en la película, sale muy poco, está minímamente dibujado, poco desarrollado, y da la sensación de que sólo es el típico personaje femenino, comparsa del masculino, sin otra función más.

    Pero para compensarlo con creces, ahí están un Herbert Lom casi irreconocible, en el papel de un manager de la lucha libre, con negocios sucios y capaz de todo. Francis L. Sullivan, en el papel más interesante de los secundarios, y el que probablemente tiene las mejores frases, el dueño de un club locamente enamorado de una mujer que lo usa para fines propios. Papel a cargo de Googie Whiters, espléndida como pérfida mujer especialista en engañar a los hombres.

    Personajes, todos ellos, al servicio de Dassin y su cámara más una historia de las que no se olvidan. Decir que la película tiene una escena de lucha libre en un ring, de una dureza pocas veces vista en un pantalla, y eso que hablamos de 1950, año en el que se rodó el film. La escena es impresionante, no sólo por lo que se ve, si no por lo que representa, tanto para los que la protagonizan, como para los que la presencian.

    Una película magistral que os recomiendo fervientemente. Dassin tardaría cinco años en rodar su siguiente film, y sería el impresionante Rififi.


  16. #16
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    Baby Doll (1956).


    Muchas de las películas basadas en obras, o con guión de Tennessee Williams, me parcen todas fantásticas. Ahí están títulos como Cat on a Hot Tin Roof, Sweet Bird of Youth, ambas protagonizadas por Paul Newman y dirigidas por Richard Brooks, o A Streetcar Named Desire, una de las obras maestras de Elia Kazan, director también de Baby Doll.

    Kazan, independientemente de su fama de soplón en la famosa Caza de Brujas, fue uno de los grandes directores americanos. Sólo por East of Eden merece tal calificativo, y también fue el director de joyas como Viva Zapata!, On the Waterfront o Splendor in the Grass. Baby Doll la realizó en 1956, justo después de la obra maestra protagonizada por James Dean. Contiene todos los elementos de las películas en las que aparece el nombre de Williams: personajes desesperados o atormentados entre los que hay una fuerte tensión sexual, ambientadas siempre en el Sur, y en verano, para que el calor se palpe en la pantalla. Historias al borde del exceso, y siempre muy melodramáticas.

    Archie es un hombre que se dedica al negocio del algodón, el cual últimamente no le va muy bien, que está casado con Baby Doll desde hace dos años, y con la que todavía no ha consumado el matrimonio, porque el muy burro le prometió a su padre que no la tocaría hasta que cumpliera los 20 años, y claro el hombre está que explota, observando que todo el mundo se ríe de él. Falta un día para que Baby Doll cumpla los 20 años, y los nervios son la tónica general de ambos personajes, sobre todo del marido. De repente aparece en escena Silva Vacarro, un importante hombre de negocios que ha tenido un pequeño percance en su almacén. No tardará en fijarse en Baby Doll, y en sentirse atraído por ella. Nada mejor que un triángulo amoroso para animar la función, aunque el amor no tenga nada que ver en tal situación.

    Como era habitual en Kazan, dirigie a los actores extraordinariamente, y consigue excelente interpretaciones, aunque sus personajes sean algo exagerados. Karl Malden sin lugar a dudas era uno de los grandes, grandes, interpretando cualquier tipo de papel, casi siempre secundario, pero un secundario de lujo. Está absolutamente sensacional como hombre desesperado tanto por hacerle perder la virginidad a su mujer, como recuperarse en el mundo del negocio del algodón al precio que sea. Carroll Baker interpreta a Baby Doll, una mezcla entre mujer perversa, inocente y estúpida, con toques de Lolita; Baker hizo aquí su primer papel protagonista, y está increíble, logrando que todo hombre la desee, y al mismo tiempo la odie. El tercero en discordia es Eli Wallach, actor que venía de la televisión, en su primer papel para el cine; quizá sea el más histriónico de los tres, pero está igual de fantástico. Los tres intérpretes son uno de los pilares fundamentales de la película.

    Otro elemento importante es la pareja Kazan-Williams, uno en la dirección y el otro en el guión, realizando la típica historia demencial de Williams, poniendo el dedo en la llaga, con algunas escenas de una sutileza casi escandalosa, y siempre con fuertes referencias sexuales. En ese aspecto, la película es un poco inusual en la filmografía de Kazan, y también para la época en la que se hizo.

    Quizá sea demasiado larga, y al final uno se quede con una sensación un poco fría, como si nos faltase algo, aunque visto desde cierto punto de vista, puede que esa fuera la intención del director.

    Una buena película, que aunque no esté entre las grandes de su director, sirve perfectamente para ver como se las gastaba este realizador, tan amado por unos, y tan odiado por otros, aunque estos últimos no tuvieran en cuenta sus enormes cualidades para la dirección, sin las cuales la Historia del Cine sería otra, ya que le faltarían algunas obras maestras imprescindibles.


  17. #17
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    Requiem for a Heavyweight (1962).


    En 1962, el casi siempre ligado al mundo de la televisión Ralph Nelson, dirigió su primera película para el cine, Requiem for a Heavyweight, drama sobre el boxeo que hace unos meses se editó en dvd en nuestro país. Aunque realmente tendría que decir que es un drama sobre las consecuencias del boxeo, y sobre un boxeador ya acabado, ya que escenas de boxeo sólo hay media. Sí, sí, media, y los que hayan visto la película lo entenderán.

    El film nos narra la decadencia de Louis Rivera, un boxeador de pesos pesados, que tiene que retirarse del mundo del boxeo después de haber sido tumbado por Cassius Clay. Herido en su orgullo, tendrá que buscar un nuevo trabajo, alejado de tal deporte. Sin embargo, para su manager, que debe una importante suma de dinero, las cosas son de otro modo, e intentará utilizar a Louis para pagar sus deudas. Sólo hay un problema, Louis siempre ha sido un boxeador honesto, y nunca se ha dejado sobornar.

    La película va directa al grano, sin contemplaciones. El arranque, con una pelea de boxeo, en cámara subjetiva, es sencillamente ejemplar. Nelson dota de un gran dramatismo a dicha secuencia con una puesta en escena arriesgada, y casi inusitada para la época en la que se realizó la película. De este modo marca lo que será la tónica general del relato hasta el final del mismo. Nos avisa de que estamos viendo un drama, una historia dura, que lo que vamos a presenciar no va a ser ningún cuento de hadas. Y efectivamente es así. En apenas 81 minutos asistimos a una historia llena de perdedores, algunos de los cuales tienen pequeñas ilusiones, como la de tener un trabajo digno, pero que dichas ilusiones son difiíciles de alcanzar. Neslon nos cuenta todo eso con dureza, aspereza, y nos propina un gancho directo al alma, al ser humano en general.

    El reparto está extraordinariamente escogido. Anthony Quinn está sensacional como Rivera, un boxeador que sólo vive de sus recuerdos, recuerdos que ya no volverán y de los que tendrá que desligarse, ya que la vida es muy perra. Atención a la voz desgarrada del actor, que dota al personaje de una dimensión única. Mickey Rooney hace de entrenador, quién conoce muy bien a su boxeador, pero que no puede hacer nada por él, ni por nadie, ya que, aunque honesto, también es un perdedor. Desde luego es un papel insólito para Rooney, y totalmente alejado de todo lo que estábamos acostumbrados a verle hacer. Pocos rostros han estado tan tristes en una película por ver caer a alguien querido a un mundo de humillación. Jackie Gleason está impresionante como el manager que tiene deudas de juego, quizá con un corazón bueno en el fondo, pero un completo hijo de puta en la superficie.

    El toque femenino lo pone Julie Harris como una mujer que ve algo en Rivera, una honestidad y sensibilidad pocas veces vista en un hombre. Quizá su personaje esté un pelín desaprovechado, y resulte un poco forzado el hecho de que ella se sienta atraída por él, o tal vez no esté del todo bien explicado. Pero desde luego está acertada como la representación física de las pocas esperanzas del protagonista. Un sueño difícil de alcanzar, una ilusión.

    El final es uno de los más impactantes que yo recuerde. Sin desvelar nada, sólo diré que es una secuencia llena de tristeza, y seca, aunque ensalzada por la cámara de Nelson de forma prodigiosa, sin resultar efectista. Uno de esos finales que te dejan clavado, pensando, y hasta lamentándote. Ni que decir tiene que la película no le hace niguna concesión al espectador.

    Una buena película, quizá un poco corta, pero que hará las delicias de cualquier amante del buen cine, y sobre todo de las buenas historias contadas con sencillez e interpretadas con enorme convicción. Nota anecdótica para los amantes del boxeo, que sé que hay muchos: Cassius Clay sale en un pequeño papel interpretándose a sí mismo.


  18. #18
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    Odd Man Out (1947).


    El nombre de Carol Reed siempre ha ido ligado al de Orson Welles, debido a que le dirigió en The Third Man, y son muchas las conjeturas que se han hecho sobre si fue Reed o Welles quien dirigió dicho film. Para los que dudan de que fuera el primero, les recomendaría que le echaran un vistazo a Odd Man Out, realizada dos años antes que The Third Man, y con la que guarda más de un parecido.

    La película narra cómo un grupo de terroristas irlandeses, comandados por un hombre llamado Johnny McQueen, realizan un atraco en el cual Johnny resulta herido y es abandonado por el resto del grupo. En una carrera contra reloj deberá sobrevivir durante toda una noche por las sombrías calles de Belfast, mientras la policía pone en marcha todo un dispositivio para darle caza. Al mismo tiempo será buscado por la mujer que lo ama, la cual intentará ayudarle.

    Enormemente angustiosa, la película es un retrato de personajes excelente, un thriller de primera, una película de aventuras magnífica, una historia de amor única. Lo tiene todo, absolutamente todo, y Reed maneja todos esos elementos de forma prodigiosa para servirnos una película que se disfruta como un enano desde el primer minuto hasta el último. Reed va directo al grano desde el principio, y con un excelente ritmo nos sumerje en la historia, para no dejarnos salir hasta el final, y aún entonces, seguimos inmersos en ella horas después de haberla visto. Creo que eso es una enorme virtud en un film.

    Reed, ayudado por la excelente fotografía nocturna de Robert Krasker, hace fascinante cada paso que nuestro protagonista da en pos de la libertad, mientras su herida va emperoando. Decir al respecto de la fotografía, que la película fue rodada, en su mayor parte, en escenarios naturales, por lo que la sensación de realismo es impresionante. Todos esos callejones estrechos, edificios abandonados, oscuros rincones de una ciudad que duerme, son unos protagonistas más de la historia, los cuales acompañan a Johnny en su desesperada huída.

    Huída en la que se irá encontrando con diferentes personas, de diferente forma de pensar, que lo ayudarán, o no, a escapar de la policía. En ese aspecto, el film está construído como en pequeños bloques, los cuales corresponden a los distintos personajes con los que se encuentra, que sirven para establecer ciertas cuestiones morales (no olvidemos que el protagonista es un terrorista). Hasta en eso la película sale victoriosa.

    James Mason es el protagonsia absoluto del film, y aunque no salga en pantalla todo el rato, para conseguir el efecto de que el espectador se pregunte dónde está (efecto altamente conseguido), las veces que lo hace, vemos el dolor de un hombre malherido y preocupado por saber si ha hecho bien o mal. No hace falta decir aquí que Mason era uno de los grandes, y en esta película, lo demuestra con creces. Le acompañan en su aventura, el conocido Robert Newton, que también está estupendo, y Kathleen Ryan, interpretando a la mujer que hará todo lo posible por encontrar a Johnny y salvarlo. Lo cierto, es que podría seguir mencionando a todo su reparto, ya que todos están sensacionales.

    Al film no le faltan escenas duras, con las cuales sabemos que no nos encontramos ante el típico film de fugitivo buscado por la policía. Cierto es que juega con los resortes del género de forma extarordinaria, pero no estamos ante un film convencional ni muchísimo menos. Resaltar una escena me resultaría difícil, pero podriamos citar el impresionante final, rodado con una precisión increíble.

    Una película magistral, que demuestra lo gran director que fue Carol Reed.


  19. #19
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    House of Bamboo (1955).


    Más arriba pueden leer una crítica de The Street with No Name, una de las primeras películas que Richard Widmark protagonizaba, un buen thriller que narraba una historia firmada por Harry Kleiner. Pues bien, años después en 1955, Samuel Fuller realizó una nueva versión de dicha historia, o sea, realizó un remake. Y lo hizo como Dios manda, sin traicionar el espíritu del relato cambió los suficientes elementos como para parecer una nueva historia que eso es lo que debe ser todo remake.

    Eddie Spainer llega a Tokyo en el momento en que dos asesinatos mantienen en vilo a la policía local. Uno de ellos es el de su amigo Webber, que supuestamente murió acribillado por los miembros de su banda, una organización criminal dirigida por Sandu Dawson. Cuando Eddie se entera del asesinato de su amigo decide infiltrarse en la banda ganándose la confianza de su jefe. Para ello cuenta con la ayuda de Mariko, la viuda de Webber, que se hará pasar por su amante. Pronto las cosas empezarán a complicarse para todos.

    Como decía, este remake tiene varios cambios en la historia original. Para empezar, ha cambiado la acción de lugar. En vez de una ciudad americana, ha puesto Tokyo como el lugar donde ocurren los hechos, con los que todo adquiere unos tintes orientales realmente interesantes. Además, Fuller utiliza el cinemascope de forma gloriosa, alcanzando gracias a él y al uso del color, una dimensión grandilocuente y fascinante que se apartan totalmente de la primera versión.

    Los actores que aquí encarnan a los personajes que anteriormente hicieron Mark Stevens y Richard Widmark, son Robert Stack y Robert Ryan. Stack desde luego está muchísimo mejor que el sosainas de Stevens, dándole al personaje un aspecto en ocasiones amenazador, por lo que resulta muy creíble. Ryan hace algo totalmente disinto a Widmark, quién estaba magnífico en la otra película, pero está igual de bien componiendo un personaje sencillamente mítico. Su entrada en escena, o más bien su aparición, es una de las mejores secuencias del film, en una demostración de ejemplar narración cinematográfica, y un saber estar ante una cámara.

    La nota femenina también es oriental y lo pone la actriz Shirley Yamaguchi, quien realiza un extraordinario trabajo como la supuesta amante del protagonista. Un enorme acierto el haber puesto a una actriz oriental en este papel. No podría ser de otra forma.

    Porque de secuencias extrordinarias está llena esta película. Todos los escenarios naturales están filmados por Fuller de una forma prodigiosa, haciéndolos formar parte de la historia. La parte final en un parque de atracciones está llena de ritmo y es vertiginosa. Pero si hubiera que elegir una sola escena, sin lugar a dudas me quedaría con esa soberbia secuencia del asesinato de un personaje mientras éste se está bañando en una cuba, y el agua sale a chorros por los orificios de bala. Memorable.

    Sin embargo el film dista un poco de ser perfecto, y todo es por culpa de su primeros veinte minutos más o menos. Robert Stack deambula por las calles de Tokyo haciéndose notar, pero dicha situación está demasiado alargada, e incluso llega a parecer que no está pasando nada. El film tarda en arrancar y eso se resiente en su resultado final.

    No obstante, una película muy buena, en la que se ve lo mucho que Fuller amaba el Cine. No está entre sus magistrales obras pero les sigue muy de cerca.


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    The Omen (1976).


    Guionizada por David Seltzer nara la historia de un embajador americano que va descubriendo poco a poco que su hijo adoptado es el Anticristo.

    Primera película importante, por decirlo de algún modo del señor Donner, después de dos films con Charles Bronson, y un montón de trabajos para la televisión. Estamos ante su primer gran éxito, y también ante uno de los films más influyentes en el cine posterior, imitado hasta la saciedad, e incluso generó dos secuelas a cada cual peor, y que es mejor olvidar, aunque recomiendo ver la resolución de la historia por lo delirante que resulta, donde Seltzer volvía a guionizar, probablemente bajo los efectos de alguna sustancia, aunque lo cierto es mejor que haga guiones y que no dirija.

    Uno de los mayores aciertos de Donner en el film es haber hecho creíble una historia que de no tener un buen narrador detrás podría haber caído en el ridículo, cosa que gracias a Dios no ocurre. Donner demuestra su buen pulso para un excelente ritmo siguiendo los cánones que imperaban en el cine en los 70 con las películas de terror: salvo un par de escenas en el principio, el meollo de la cuestión no estallaba hasta bien avanzada la narración. Ejemplos excelentes de esto serían Jaws y Alien, films que al igual que The Omen no empezaban ya asustando al personal con escenas fuertes llenas de efectos especiales, salvo esa escena incial que servía para dejarte bastante intranquilo, y luego, poco a poco ir incomodándote hasta que ya en el tramo final, la película presentaba todas sus cartas. Seguir este esquema no era sinónimo de calidad, ni muchísimo menos, era una manera de hacer las cosas en aquellos años, y que no a todos les salía bien. De hecho hay algún que otro film de terror de aquella época que después de su primera media hora no era capaz de despegar y se quedaba en un aburrimiento soberano, caso de The Amityville Horror.

    Además de un ritmo muy logrado, The Omen contaba con excelentes interpretaciones de sus actores que hacían perfectamente creíbles todos los personajes. El mítico Gregory Peck, ya en el ocaso de su carrera y en una época en la que apereció en algunas superpoducciones con grandes estrellas en su reparto, interpreta al embajador americano Robert Thorn. Peck está muy convincente en su progresivo cambio de mentalidad, alcanzando la cima en el momento en el que uno de los personajes principales muere y él tiene que asimilarlo. La escena es gloriosa, con el actor sosteniendo el plano de forma increíble.

    Acompañan a Peck, Lee Remick, otra actriz del Hollywood clásico, interpretando a la esposa de Thorn, y también con un cambio progresivo en el personaje bastante logrado. David Warner, eterno secundario, como el fotógrafo que ayudará a Thorn a descubrir la verdad; y sobre todo Billie Whitelow, interpretando a una de las niñeras más hija de puta de toda la Historia del Cine, realmente amenzante y que con sólo su mirada y media sonrisa era capaz de hacer que te mearas del miedo.

    No me olvido de Harvey Stephens, que interpretaba a Damien. Un estupendo acierto de cásting, ya que el niño es realmente inquietante, y su presencia de aparente tranquilidad durante casi toda la película es uno de sus máximos aciertos de la cinta, al estar el crío enormemente creíble con esa mezcla de niño adorable que no mataría una mosca, pero que en su mirada vemos al mismísimo Diablo. Atención a ese plano final que cierra el film.

    Y tampoco me olvido de la impresionante banda sonora de Jerry Goldsmith, uno de los más grandes compositores de todos los tiempos, muy por encima de gente como John Williams, y que con este trabajo ganó un merecido Oscar. Goldsmith combina los elementos terroríficos con los emotivos con una inusitada y envidiable facilidad. La canción "Ave Satani" es memorable.

    De todos modos, el film no llega a ser perfecto en ningún momento, y hay un par de defectos a mi juicio realmente preocupantes que no estropean la función pero le impiden ser una gran obra. Seltzer como guionista comete un fallo enorme, la niñera cuando llega al hogar a cuidar del pequeño ya empieza a dar problemas y a actuar muy sospechosamente, teniendo los padres oportunidad de despedirla, cosa que no hacen. Resulta un poco forzado el hecho de que la niñera, a pesar de que prácticamente desobedece todas las órdenes que le dan, siga en la casa contratada.

    Y por otro lado, Donner abusa visualmente de ciertos efectos que no le quedan demasiado bien a la película, sobre todo en su pimera parte. Gran angular y planos rebuscados, que chocan un poco con la tranquila y concisa narración. Se nota que Donner venía de la televisión, y su estilo era, lógicamente, muy setentero. Dos años más tarde perfeccionaría su estilo en la maravillosa Superman.

    Una buena película, en definitiva, que hizo cambiar las pautas del cine de terror, convirtiéndose en un enorme éxito de taquilla. El remake, como casi todos los remakes, era totalmente innecesario.


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