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La Economía del HidrógenoA lo largo de la historia de la humanidad, las diversas civilizaciones han tenido maneras de resolver sus asuntos energéticos, lo cual les ha permitido el uso, agotamiento y sustitución de sus recursos, no sin el peligro de perecer en ... |
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A lo largo de la historia de la humanidad, las diversas civilizaciones han tenido maneras de resolver sus asuntos energéticos, lo cual les ha permitido el uso, agotamiento y sustitución de sus recursos, no sin el peligro de perecer en dicho proceso. Rifkin nos llama la atención sobre este tema desde los albores mismos de la civilización hasta el presente, señalando en el tema del agotamiento de los recursos, que nuestra civilización se encuentra abocada a la mayor crisis en todo su modo de vida. No hay que olvidar que... "Calentamos nuestras casas y oficinas con combustibles fósiles, mantenemos nuestras fábricas y nuestros sistemas de transporte con combustibles fósiles, iluminamos nuestras ciudades y nos comunicamos a distancia con electricidad generada a partir de combustibles fósiles, construimos nuestros edificios con materiales hechos con combustibles fósiles, tratamos nuestras enfermedades con medicamentos derivados de combustibles fósiles, almacenamos nuestros excedentes en contenedores de plástico y embalajes hechos de combustibles fósiles y manufacturamos nuestras ropas y aparatos domésticos con la ayuda de nuestros productos petroquímicos. Prácticamente todos los aspectos de nuestra vida moderna extraen su energía de los combustibles fósiles, derivan materialmente de ellos o reciben su influencia de algún otro modo" (Pág. 85). Se sabe que los recursos fósiles son finitos, su extinción puede ser más próxima de lo que imaginamos y al parecer no hemos tomado suficiente conciencia de que esto pueda ser así. Los cálculos más optimistas hablan de un horizonte entre 28 y 38 años para que los recursos "toquen fondo"; y los menos optimistas, entre 8 y 18 años; quedando la mayor parte de las reservas en Oriente Medio y por lo tanto, es solo una cuestión de tiempo que el mundo pase a depender del golfo Pérsico para satisfacer sus crecientes necesidades de petróleo. Durante los próximos años, el descenso de la producción petrolera de los yacimientos de Rusia, Mar del Norte, Alaska y África Occidental, que hoy satisfacen las economías de EEUU y de Europa -sólo EEUU, con el 5% de la población mundial, consume el 26% del petróleo de todo el mundo-; tales recursos se agotarán inevitablemente. Rifkin ataca las dudas que pudieran suscitarse en un tecnófilo que albergue las esperanzas en mejores tecnologías, para detectar nuevos yacimientos, o bien para mejorar las pérdidas por extracción. En ambos casos, nos señala con investigaciones, que poco se puede esperar de nuevos yacimientos importantes, aún con mejores tecnologías; y por otro lado, éstas encarecen el proceso cuando se aplican para disminuir la pérdida durante la extracción. Nuestra civilización actual, dependiente de los recursos fósiles, tiene otra característica, se trata del carácter centralizado y determinista del sistema energético. La infraestructura del petróleo es la red energética más compleja que haya existido. Su carácter altamente centralizado, ha generado empresas comerciales organizadas del mismo modo; que para la actual época de fusiones corporativas, significa el control de la energía global en un reducido número de instituciones; de ellas depende el bienestar de buena parte de la humanidad. Tres problemas se configuran frente a esta situación. El primero radica en que una mayor concentración y centralización de poder en un número menor de instituciones puede resultar poco flexible a la hora de enfrentarse a nuevos retos; en segundo lugar, el auge del fundamentalismo islámico en Oriente Medio, preocupa respecto de las decisiones sobre las últimas reservas del petróleo; y finalmente, el problema del calentamiento global del planeta, por la quema de combustibles fósiles. Estos tres aspectos se configuran como cruciales para determinar las perspectivas de la civilización humana en el siglo XXI. De la forma como afrontemos este "punto de inflexión" en la curva del régimen energético, dependerá que tengamos un renacimiento como civilización, o un deterioro progresivo de la misma. La apuesta de Rifkin y de muchos otras personas e instituciones en el mundo, es por el uso del hidrógeno como fuente energética; por una descarbonización (sustitución progresiva de los átomos de carbono por otros de hidrógeno con cada nueva fuente de energía) y una economía del hidrógeno. El hidrógeno es un combustible eterno que no contamina y aunque se halla prácticamente en todas partes, raramente aparece en la naturaleza en estado libre, por lo que debe ser extraído. Las diversas formas de producirlo, que aunque pueden involucrar el uso de energías procedentes de hidrocarburos, se inclinan hacia la utilización de energías renovables, como la fotovoltaica, la eólica, la hidráulica y la geotérmica; éstas, pueden generar la electricidad que se consume en el proceso de la electrólisis para descomponer el agua en hidrógeno y oxígeno. Pero el aspecto más interesante del hidrógeno es el de una nueva economía menos centralizada, más autosuficiente, que depende del mismo consumidor. Para explicar el tema, Rifkin adopta dos criterios, el de generación distribuida y el de red, análogo éste último a la WEB. La generación distribuida se refiere a un conjunto de pequeñas plantas generadoras de electricidad, situadas cerca del usuario final, o en su mismo emplazamiento, y que pueden bien estar integradas en una red o bien funcionar de forma autónoma. Sus usuarios pueden ser fábricas, empresas comerciales, edificios públicos, barrios o residencias privadas. Ellas representan en la actualidad, un coste menor en la producción del kilovatio; y prometen ser una solución ante el peligro de un corte de energía y una alternativa al calentamiento global. En esta perspectiva, el usuario se puede convertir en su propio productor, al usar pilas de combustible que pueda recargar. "Las revoluciones económicas verdaderamente importantes de la historia se producen cuando una nueva tecnología de comunicación se funde con un régimen energético emergente para crear un paradigma económico completamente nuevo. La introducción de la imprenta en el siglo XV, por ejemplo, estableció una nueva forma de comunicación que cuando más adelante se combinó con la tecnología del carbón y el vapor dio origen a la revolución industrial. La imprenta hacía posible una forma de comunicación lo bastante rápida y ágil como para coordinar un mundo impulsado por la energía del vapor" (Pág. 244). Tras esta afirmación, Rifkin considera que el hidrógeno y las nuevas tecnologías de generación distribuida por medio de pilas, fusionado con la revolución informática y las telecomunicaciones, pueden crear una era económicamente nueva. Estamos entonces, a la vuelta de pocos años, frente a la posibilidad de convertir la red eléctrica en una red interactiva de miles o millones de pequeños proveedores y usuarios. Sin duda, son diversos los problemas técnicos a abordar, como por ejemplo, la puesta en juego de un sistema flexible -no tan unidireccional- de corriente alterna, que permita a las compañías de transmisión distribuir cantidades precisas de electricidad a áreas específicas de la red. Otros problemas, de tipo organizativo, demandarán otra clase de soluciones, de carácter más democrático, cooperativo y seguramente con menores costos; por ejemplo, para alquilar o comprar pilas de combustible en hogares y empresas. En todos estos casos, ya existen experiencias en los EEUU. La posibilidad de una democratización de la energía, significa, del lado de los países pobres, la oportunidad de mayores accesos a la economía y al bienestar. Un mínimo acceso al empleo y a la electricidad, significa una "calidad de vida básica" que incluye la alfabetización, una mejor higiene, seguridad personal y una mayor expectativa de vida. Con el aumento de la pobreza en esta parte del mundo, el crecimiento demográfico, las economías en recesión y el peso de la deuda externa; una economía basada en el hidrógeno constituye una esperanza para los miles de millones de seres humanos que habitan la mayor parte del globo. Concluye Rifkin, acentuando el desafío que la generación distribuida representa, tanto ambientalmente como en el ámbito sociológico, respecto de una nueva comprensión de la globalización. Al estar conectados por una red de generación distribuida a partir del hidrógeno, los asentamientos humanos pueden ser vistos desde enfoques diferentes al viejo concepto de Estado-Nación, propio de un régimen energético que está caducando. Los patrones de asentamiento humano entrelazados con las biocomunidades, podrán ser entendidos en términos de eco-regiones, bio-regiones y geo-regiones, lo que contribuirá a forjar un nuevo y profundo sentido de la seguridad, la salud y el bienestar de la tierra. La economía del hidrógeno. Jeremy Rifkin |
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