#5: Los bomberos estaban más interesados en combatir entre sí que en combatir incendios.

En los Estados Unidos del siglo XIX, los incendios eran un peligro serio… casi tanto como los bomberos. Si necesitabas al departamento de bomberos durante una emergencia, tenías que rezar porque no estuviesen demasiado ocupados haciendo algo más importante en el momento, como carreras, robar los carruajes de bomberos de departamentos rivales o simplemente sacarse la mierda a palos entre sí.



En el Baltimore de 1840, estas peleas sucedían semanalmente, con daños de hasta 130,000 dólares (que es el equivalente de “todo el dinero” en el presente). Las armas de elección incluían tubos, llaves inglesas y hasta instrumentos musicales. Pero hey, al menos las armas de fuego estaban reservadas para ocasiones que verdaderamente las ameritaban, como cuando demandaban alcohol gratis y no lo conseguían.

Quizá peor, algunos bomberos realmente comenzaban hogueras para provocar falsas alarmas, atraer a grupos rivales y pelearse con ellos en el caos subsiguiente. Hasta usarían sus carruajes de bomberos para ir de pelea en pelea… o simplemente correr entre sí por diversión, arriesgando sus cuellos y los de otros en el proceso. La Compañía de Bomberos de Missouri sola atropelló a 4 personas en 2 años y se supone que eran los buenos.

#4: La lucha irlandesa.

En la Irlanda de los siglos XVIII y XIX, la lucha era una peligrosa actividad clandestina que la policía cancelaba siempre que podía. Era como el baile en Footloose, básicamente. Así que los entusiastas preparaban cualquier pedazo de tierra que pudiesen encontrar, como la infame Donnybrook Fair (cuyo nombre literalmente se convirtió en sinónimo de bullicio y desorden en el Diccionario del Inglés de Oxford).

Los miles de fans que asistían a estos eventos no estaban contentos con simplemente abuchear desde los asientos o arrojar la silla ocasional: eran tan revoltosos como los luchadores y los encuentros fácilmente podían estallar en actos masivos de violencia. Una escaramuza masiva dejó “grandes números” yaciendo en un campo con cortes y magulladuras y ningún arresto.

Cuando los policías se aparecían para detener las peleas, tenían que armarse ellos mismos, a menudo con espadas, sólo para separar a los luchadores… personajes coloridos como el Dr. Brennan, un médico de verdad/pendenciero impulsado por el alcohol que huyó en su poni cuando las autoridades armadas entraron para interrumpir uno de sus encuentros (después que un fan golpeara a un pastor). Que no haya pinturas inmortalizando esta escena entera es un crimen contra la historia y el arte mismo.

Obviamente no había tiempo (o, más probablemente, deseo) para levantar rings de lucha formales, así que tenían que improvisar. Como documentó el autor de Drácula, Bram Stoker, quien escribió sobre las luchas en la década de 1870, el “ring” fue creado al hacer que un carnal grandote chasqueara un gran látigo alrededor y noqueara a quien sea que se acercara demasiado. Stoker, quien parece haber contraído una cepa antigua de Hulkamanía, veía este método como “violento”, pero “incuestionablemente justo” y estaba emocionado por “cuan pronto y cuan excelentemente se formó ese ring”.

No dejes que nadie te diga que la lucha no es arte.

El “estilo” usado por estos locos irlandeses (conocido como lucha de collar y codo) un día ayudaría a formar la catch wrestling, que es la base para la cosa que conocemos hoy. Todavía no estamos seguros de porque eliminaron el látigo, sin embargo.

#3: Venecia tenía su propia The Purge.

Cuando piensas en Venecia, piensas en góndolas recargadas, puentes bonitos, iglesias antiguas y costosa comida italiana que no puedes pronunciar. Probablemente no pienses en cientos de hooligans sacándose la mierda a palos entre sí en esas góndolas e iglesias, encima de esos puentes y, sí, probablemente a través de la costosa comida italiana, también.



Durante los siglos XVI y XVII, Venecia fue el sitio de la “battagliole sui ponti”, que básicamente significa “pelear sobre puentes”. Las 2 facciones importantes de la ciudad gustaban de estos puentes, verás, casi tanto como gustaban de golpearse. Hasta 30,000 personas, desde pescadores a políticos, podían estar involucradas en estas peleas, que sucedían al menos una vez al año. Para enfatizar más la atmósfera a lo Purge, los peleadores a menudo vestían trajes especiales: camisas enrolladas alrededor de la cintura para detener golpes, gorras para proteger la cabeza y zapatos antideslizantes especiales para evitar tropezarte mientras pisoteas la cabeza de alguien.

Podrías estarte preguntando: ¿Dónde estaba la policía durante todo esto? Cagándose en sus pantalones, en su mayoría. A pesar de tener una de las fuerzas de la ley más sofisticadas en Europa (El Consejo de los Diez, que era como algo salido de Assassin’s Creed), los pocos cientos enviados a contener estos disturbios no podían competir contra los rabiosos miles. La policía sería perseguida por las multitudes o los capitanes serían atraídos a puntos apartados, encerrados en bodegas y les arrancarían sus bigotes de sus caras (en serio).

Y recuerden: estos eran italianos. Eso es prácticamente castración.

#2: Las apuestas locas (y, a veces, asesinas) de los victorianos.

Imagina el filme Trading Places. Ahora, imagina a los cretinos viejos y ricos no sólo quedando impunes, sino también asesinando a Dan Aykroyd y Eddie Murphy al final. Eso era considerado “una apuesta deportiva” en la Inglaterra del siglo XIX. Estas apuestas iban desde las simplemente odiosas, como desafiar a un colega malhechor a escupir en el sombrero de un extraño, hasta tener sexo en un globo de aire caliente, hasta el homicidio negligente.

Una vez, un grupo de ricachones de antaño decidió que sería divertido apostar sobre si un hombre colapsado estaba o no muerto. Cuando transeúntes más cuerdos quisieron conseguirle atención médica, los decadentes de elite los detuvieron… argumentando que salvar al hombre “afectaría la imparcialidad de la apuesta”. Otra apuesta involucró ahogar a alguien intencionalmente, para descubrir si podría sobrevivir bajo el agua por 12 horas… luce como que no pudo.

Y las fuerzas de la ley no podían hacer redadas de estos locales de apuestas pre-Cúpula del Trueno, porque los ricos contrataban ejércitos privados para protegerlos. Cuando los policías asaltaron el cuarto del Dr. James Graham (un farsante que una vez afirmó ser capaz de curar la infertilidad con una “cama eléctrica”), se encontraron vastamente superados en número por secuaces contratados y tuvieron que dejar a cientos de apostadores libres. Cuando volvieron mejor preparados, el Magistrado fue dejado inconsciente con un garrote… o quizá, conociendo a Graham, un consolador eléctrico operado a manivela.

#1: Los primeros motoristas atropellaban a los peatones con impunidad.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, sólo la elite social podía comprar autos y uno de sus pasatiempos favoritos (y lo sigue siendo hasta el día de hoy) era hostigar a los pobres. Los métodos modernos de guerra de clases (en su mayoría fraudes electorales y chistes de NASCAR) palidecen en comparación con los de antaño, cuando los ricos directamente atropellaban a los menos afortunados con sus carruajes sin caballos.

Ya que no había ninguna cámaras de velocidad y la policía no era lo bastante rápida para atraparlos, el límite de velocidad efectivo para la mayoría de los motoristas era “cualquiera que pudieses alcanzar”. Aunque algunas autoridades fruncían el ceño ante la práctica, otras simplemente se encogían de hombros. Un ministro británico, preocupantemente a cargo del transporte, esencialmente condonó el homicidio vehicular, imaginando que si las víctimas no eran lo bastante rápidas para salirse del camino, se lo merecían. Demonios, hasta los perros saben esquivar a los autos:



En 1926, la revista Autocar simplemente declaró que los motoristas deberían huir de la escena de los “accidentes”, porque si no lo hacían, podría haber perjuicio contra ellos. ¡Podrían ser encontrados culpables del crimen del que eran culpables!



En la Inglaterra de 1935, los autos mataron o hirieron a 2/3 más personas que todas las incursiones aéreas de la Segunda Guerra Mundial. Claro, el dueño real del auto no siempre era responsable de dicho asesinato, ya que los autos en la Gran Bretaña de la década de 1930 tenían que ser dejados desenllavados por ley. El resultado predecible eran jóvenes “prestando” vehículos para una práctica que llamaban “desfiles de monos”, que trágicamente no es lo que parece. Simplemente conducían por allí hostigando y atropellando gente. Ni un solo mono de verdad estaba involucrado, porque la vida es una mierda y nada es bueno.

Fuente:

5 Real Historic Purges That Prove Life Used To Be Horrifying