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7 Personas que sobrevivieron a mierda que mataría a Terminator

  1. #1
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    7: Charles Lightoller.



    Charles Lightoller comenzó a navegar a la tierna edad de 13. Trágicamente, alguien puso un letrero de “patéame” en su espalda y, por el resto de su vida, el destino lo obedeció. Mientras se dirigía a una isla, su barco fue desarbolado en una tormenta y tuvo que ser remolcado a Rio para reparaciones de emergencia. Durante una rebelión y una epidemia de viruela. Tras dejar el puerto, navegó a otra tormenta, fue desarbolado de nuevo y encalló en una isla deshabitada donde quedó abandonado por 8 días. Cada vez que un niñito rezando se preguntaba porque Dios no le respondía, es porque Él estaba en otra parte, tratando de matar a Lightoller.

    Durante los siguientes varios años, Dios le lanzó todo lo que tenía a Lightoller. Una tormenta tropical lo asaltó en un barco. Un masivo incendio de carbón lo asaltó en un barco diferente. Contrajo malaria. Era el jefe final para las causas de muerte, y ninguna de ellas pudo descubrir cómo ganarle. Y cuando Harlan y Wolff construyeron el barco más gigantesco del mundo, el Titanic, ¿a quién más contrataron para ser el segundo oficial del barco?

    Lightoller se tiró a la esposa del universo, y este fue tras él con todo lo que tenía.

    Mientras Lightoller se hundía con el Titanic, fue clavado a la cubierta por la tremenda succión de un vergazo de toneladas de acero hundiéndose. No obstante, en lugar de quedar tirado en el fondo del océano, las calderas bajo él explotaron, lanzándolo a la superficie. Con cualquier otro, eso sonaría como mierda. Con Lightoller, sólo nos hace preguntarnos porque no fue atacado por un calamar gigante al mismo tiempo.

    Tras alejarse vía explosión del más famoso desastre de la historia naval, reunió a aproximadamente 30 sobrevivientes en un bote salvavidas volcado… el último bote salvavidas en ser encontrado. Y, como el último de ese barco, se convirtió en el sobreviviente final real del Titanic. Si Lightoller fuese la estrella de una película de Final Destination, esta sería de 780 horas de duración y terminaría con la Muerte ahorcándose de frustración.

    Pero, la historia de Lightoller no ha terminado aun… ni cerca.

    Tras el hundimiento de Titanic, Lightoller sobrevivió 2 malditos naufragios más. Tras una vida en el mar, casi destruyó cada barco que tocaba. Lightoller en realidad encontró un modo de usar este poder para el bien en 1918 cuando estrelló su barco contra un submarino alemán, hundiéndolo y ganándose una medalla. Cada vez que este hombre preguntó “¿Qué es lo peor que podría suceder?” todos a media milla de él morían… y después recibió un premio.

    #6: Mike Day.



    En 2007, el SEAL de la Marina Mike Day estaba despejando casas en la provincia de Anbar de Irak, una región que había estado en un constante estado de tiroteos por 4 años. Fue emboscado por 4 militantes de Al-Qaeda que le dispararon, desde menos de 10 pies de distancia, 27 malditas veces.

    A su rifle se lo volaron de su mano, 11 balas impactaron en su armadura corporal y 16 balas impactaron sus brazos, piernas y torso. Estos son números de señales de tránsito en Alabama, y ni siquiera hemos mencionado la granada. Es correcto: los insurgentes, tras dispararle 27 veces, le arrojaron una granada a Day.

    La granada explotó, y con su rifle ido, queso suizo por armadura y un cuerpo lleno de hoyos nuevos y metralla, Day sacó su arma secundaria y se despachó a todos los 4 insurgentes. Después se puso de pie, despejó el resto de la casa y caminó al helicóptero (el helicóptero no estaba allí antes: se generó espontáneamente de su badasserío).

    Tras conocer a Day, los dueños de tiendas de videos de Al-Qaeda ahora categorizan Die Hard y Terminator en la sección “Documentales Estadounidenses”. “Mike Day” es lo que los miembros de Al-Qaeda gritan cuando quieren que sus amigos despierten orinando. Este hombre mató a estos insurgentes tan duro que cuando llegaron al paraíso, todas las 72 de sus vírgenes estaban embarazadas con sus bebés.

    #5: Alistair Urquhart.



    El 8 de diciembre de 1941, Japón lanzó la invasión de Malaysia. Y, como todas las ocupaciones japonesas, era una divertida combinación de atrocidades y nada más. Desafortunadamente para el soldado de infantería británico Alistair Urquhart, estuvo entre los hombres forzados a rendirse ante los japoneses en Singapur.

    Urquhart y otros 50,000 prisioneros fueron tratados con la dignidad que la nación del Japón reservaba a todos los no japoneses: fueron hechos marchar por una calle pespunteada de cabezas humanas y metidos en un edificio concebido para contener a 800 personas. Cuando esto no funcionó, fueron mudados a Birmania con un método llamado “marcha de la muerte por la jungla”. En su mayoría era como suena. Ser un prisionero del ejército japonés era mucho como ser un burrito de Taco Bell 2 horas después de ser comido.

    Urquhart sobrevivió la brutal marcha descalza y pasó 2 años siendo apaleado y matado de hambre por soldados japoneses. Sobrevivió a una sopa de letras de enfermedades letales, incluyendo una úlcera tropical que trató al aplicarse gusanos él mismo. Y, si estás sentado allí pensando en cómo manejarías esta pesadilla, déjanos asegurarte que Urquhart intentó eso: pasó 7 días en un horno tras patear a un guardia japonés en la polla.

    Tras 2 años de esta tortura, Urquhart y los restos temblorosos de los otros prisioneros de guerra sobrevivientes fue enviados vía marcha de la muerte de vuelta a Singapur. Cuando Urquhart llegó, los japoneses lo sorprendieron con un crucero a Japón. Como puedes imaginar, fue embarcado en algo a lo que los historiadores ahora se refieren como “Barcos del Infierno”. En serio, los historiadores realmente tienen problemas refiriéndose a cualquier hecho japonés de la Segunda Guerra Mundial sin añadir algún tipo de adjetivo indecible.

    El Barco del Infierno de Urquhart fue especialmente desafortunado, ya que un submarino estadounidense, inconsciente de que estaba lleno de prisioneros de guerra aliados, lo torpedeó. Urquhart logró encontrar una balsa salvavidas en la noche y, sin alimento o agua, flotó solo por 5 días. 5 días sin agua. Tras un naufragio, 2 marchas de la muerte, cirugía casera con gusanos y 24 meses de tortura y hambruna. Y aquí es cuando un barco aliado lo encontró y lo trajo a salvo a… jajaja, sólo bromeamos; Urquhart fue encontrado y recapturado por un barco japonés de paso y después llevado a su nuevo hogar en Japón.

    Nagasaki, Japón.

    Urquhart estaba trabajando como esclavo en minas de carbón cuando la bomba estalló, pero como cualquiera de las miles de cosas que debieron haberlo matado, no lo hizo. Se levantó, liberó, fue a casa y vivió una larga y feliz vida, antes de fallecer a la tierna edad de… nunca. En estos momentos, Urquhart tiene 95 años de edad y está listo, dispuesto y capaz de hacerte mierda si lo miras feo.

    #4: Paul Templer.



    Paul Templer dirigía un negocio de kayaks en Zimbabue, llevando turistas por el lleno de hipopótamos Río Zambeze. Mencionamos que está lleno de hipopótamos porque los hipopótamos son como un auto compacto que odia a los humanos… y porque somos terribles con la previsión sutil. Sólo puedes ir en kayak al lado de una máquina asesina de 4 toneladas un número de veces antes que se dé cuenta que eres comida enlatada. El hipopótamo embistió uno de los botes del grupo, lanzando a un guía al aire. Y en el momento que Templer se giró en su busca, repentinamente quedó ciego y sordo.

    Tras algunos meneos y deducción, pronto determinó que la mitad superior de su cuerpo estaba dentro de la boca del hipopótamo. Escapó forcejeando de lo que casi seguramente olía como una estación para cambiar bebés en Long John Silver’s, y legó a la superficie donde el hipopótamo de inmediato decidió atacarlo de nuevo. Aparentemente, esta profana máquina asesina quería que Templer estuviera súper-extra-jodidamente muerto, así que simplemente entró en modo turbo-hipopótamo. Lo lanzó al aire una y otra y otra vez, empalándolo con sus colmillos cada vez que bajaba. Di lo que quieras sobre su salvajismo no provocado: este era el jonrón de los ataques de hipopótamos.

    Tras apuñalar a Templer algo menos de 40 veces con sus colmillos, el hipopótamo pensó “Jesucristo, ¿por qué este hijo de puta no muere? Sólo voy a ahogarlo y terminar con esto”.

    Así que Templer se hundió en las oscuras profundidades del Río Zambeze, esta vez con mucha menos sangre dentro de él. Increíblemente, después de todo ese trabajo, el hipopótamo lo escupió de nuevo. Templer forcejeó hasta la superficie y fue arrastrado a la orilla por otro kayakista. Debe su vida a un guía que logró sellar su pulmón colapsante con un envoltorio plástico que sacó de las provisiones de bocadillos. Así, la lección aquí es: cuando hipopótamos letales estén tratando de comerte, frótate bocadillos.

    Con el tipo de suerte que no esperarías de un hombre recientemente comido por un hipopótamo, un equipo médico totalmente entrenado por casualidad estaba cerca, en mitad de la nada en África, haciendo un simulacro de emergencia. Gracias a ellos, Templer llegó a un hospital. Perdió su brazo izquierdo, lo que no está mal considerando que casi se convirtió en caries de hipopótamo, y volvió a hacer kayak por el mismo río. De hecho, dice que está casi seguro de que se cruzó con el mismo hipopótamo 2 años después. Y, aunque no intentó comérselo, estamos seguros que fue súper-embarazoso.


  2. #2
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    Predeterminado Re: 7 Personas que sobrevivieron a mierda que mataría a Terminator

    #3: Saburo Sakai.



    Saburo Sakai era un brillante piloto japonés que acumuló un total de 64 victorias aire-aire. Parecía divertirse haciéndolo, también, pues es famoso por provocar a los aliados al hacer acrobacias aéreas sobre el aeródromo de Port Moresby. Pero, Sakai no era una máquina asesina despiadada. Una vez perdonó a un avión lleno de niños y soldados heridos, a pesar de tener órdenes de derribarlo. En el día inicial de la Batalla de Guadalcanal, Sakai perdonó a un piloto de caza estadounidense de clase inferior al apuntarle a su motor, dándole tiempo para escapar. Verdaderamente, era el caballero de los asesinos de los cielos.

    Minutos después, en la misma batalla, el Zero de Sakai fue volado en pedazos por un artillero de cola estadounidense. Su cabina explotó, el toldo se desprendió y su avión se precipitó fuera de control y hacia el océano. A Sakai mismo le dispararon en la frente con una bala de 5 pulgadas, removiendo un pedazo decente de su cerebro, cegándolo de su ojo derecho y paralizando la mitad izquierda de su cuerpo. Su avión sin techo y en llamas cayó en picada 7000 pies antes que el fuego se extinguiera. Después, Sakai se levantó, se limpió la sangre con su bufanda e hizo el vuelo de 5 horas de regreso a su base. No sólo aterrizó exitosamente su avión ese día: inventó el cheat code de las “30 vidas extra”.

    Sakai regresó a volar aviones de combate, a pesar de nunca recuperar la visión en su ojo derecho, y fue herido 4 veces más. De los 150 pilotos en su unidad al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, fue 1 de sólo 3 en sobrevivir, y muy posiblemente sea el único piloto que peleó desde el primer hasta el último día de la guerra. A pesar de estar del lado erróneo de la guerra más sangrienta de la historia, Sakai se hizo buen amigo de muchos de los hombres con los que intercambió balas. Tal como Harry Jones, el artillero de cola que explotó su avión y le disparó en la cabeza. Para darte una idea de cuan comprometido estaba Sakai con su camaradería de postguerra, realmente falleció de un ataque al corazón mientras se estiraba a través de una mesa para estrechar la mano de un soldado estadounidense. Murió tan amistosamente como mató.

    #2: Linda Morgan.



    En 1956, el SS Andrea Doria era conocido como el barco más rápido y seguro de toda Italia. Al menos lo era hasta que un barco de pasajeros de Suecia, el SS Estocolmo, lo chocó… instantáneamente matando a más de 50 personas. Linda Morga, una niña de 14 años a bordo del Andrea Doria, nunca llegó a un bote salvavidas y se presumió muerta. Fue vista por última vez dormida en su cabina, que fue vista por última vez siendo impactada por miles de toneladas de barco crucero. Por casualidad, su padre era un presentador de la ABC, reportando en vivo desde el hundimiento. A pesar de la muerte segura de su hija, valientemente se quedó al aire, ni siquiera diciéndoles a los oyentes que su propia hija estaba a bordo del barco y seguramente muerta. Eso es dedicación al periodismo.

    Pero Linda no estaba muerta. Sí, estaba en su cama cuando su cabina fue impactada, y, sí, había sido atropellada por un trasatlántico. Pero, el impacto de la colisión propulsó su cama fuera de la cabina, fuera del Andrea Doria por completo, y todo el camino hasta la dañada proa del Estocolmo. Aterrizó a salvo tras un mamparo y estuvo, claro, muy confundida cuando despertó en un bote diferente.

    Comenzó a hablar en español, lo que llevó a algo de confusión entre la tripulación sueca del Estocolmo. Finalmente localizaron un traductor y comenzaron a unir las piezas, presumiblemente deteniéndose con cada oración para decir que era mentira porque pasaron 4 días hasta que fue reunida con su padre.

    #1: Roy Benavidez.



    Roy Benavidez estaba en la Casa Blanca, recibiendo una Medalla de Honor 13 años después del más increíble frenesí de un solo hombre de la Guerra de Vietnam. El ex presidente Ronald Reagan mismo le dijo a la audiencia reunida “van a escuchar algo que no creerían, si fuese un libreto” (y lo dijo la estrella de Bedtime For Bonzo).

    El 2 de mayo de 1968, Benavidez recibió una llamada de que un equipo de fuerzas especiales estaba acorralado por un batallón entero del ENV. Corrió al helicóptero tan rápido que ni siquiera agarró su rifle y voló al rescate, armado con nada excepto un cuchillo Bowie. Tras salir del helicóptero, Benavidez tuvo que hacer una carrera de 75 yardas hasta el equipo SOG. Fue impactado en la cabeza por una granada y un disparo, lo que habría sido un infierno de combo, si Benavidez no hubiese estado usando cheats. Se encogió de hombros, agarró un rifle enemigo, tomó el mando y llamó ataques aéreos contra el enemigo antes de arrastrar un herido a un helicóptero de rescate. Benavidez, solo, se quedó en el suelo para proveer fuego de cobertura para el helicóptero mientras se movía para recoger al otro herido… un plan que se derrumbó después que el helicóptero fue derribado.

    Benavidez se puso a re-salvar al herido que acababa de rescatar y dispuso un perímetro defensivo antes de regresar corriendo al campo abierto para recuperar unos documentos clasificados. Le dispararon varias veces más y le impactó otra granada. Cuando regresó de su misión suicida, dijo “me han disparado tantas veces, que ya no me importa una mierda”. Lo decía en serio porque le dispararon una vez más después que lo dijo… y no le importó la más mínima mierda.

    6 horas después, otro helicóptero llegó, y Benavidez de nuevo procedió a evacuar al herido… hasta que un soldado del Vietcong le pegó en la cabeza con un AK-47, fracturando su cráneo y aplastando su mandíbula. Benavidez peleó con su atacante en el suelo, y, a pesar de ya haber sido apuñalado, abaleado y granadeado en ambos brazos, logró decapitar a su asaltante con ese cuchillo Bowie. Porque esa es una buena anécdota. Como Chekhov dijo: “no le muestras a la audiencia un cuchillo a menos que seas bueno cercenándoles las cabezas a algunos hijos de puta con este”.

    Benavidez entonces regresó a evacuar a los heridos, y, mientras estaba en eso, le disparó a 2 soldados más del ENV que intentaron subirse al helicóptero. “Chúpate esta, Vietnam”, dijo Roy Benavidez con cada acción que hizo.

    Mientras se llevaban a Benavidez, literalmente estaba sosteniendo sus intestinos dentro de su cuerpo. Estaba tan destrozado por toda suerte de armamento que realmente fue declarado muerto y puesto en una bolsa para cadáveres. Pero mientras el doctor estaba cerrando la bolsa para cadáveres, Benavidez le escupió en la cara para mostrarle lo equivocado que estaba. No estamos inventando esa última parte: este tipo pasó el día entero siendo un chiste de Chuck Norris.

    En total, Benavidez salvó 8 vidas estadounidenses, y, a pesar de ser herido 37 veces y declarado muerto por poco, hizo una recuperación total. Y aquí es donde la historia realmente se vuelve increíble: todo esto sucedió después que los doctores declararon que nunca caminaría de nuevo. 2 años antes de su frenesí, Benadivez pisó una mina terrestre y quedó paralítico. El ejército planeó licenciarlo, pero Benavidez, a través de puro torque testicular, se recuperó en unos pocos meses y prosiguió para convertirse en un boina verde. Y eso es sólo porque no hay tal cosa como una boina de motosierras de tiburones.

    Fuente:

    7 Real Humans Who Survived Shockingly Violent Deaths | Cracked.com



  3. #3
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    Predeterminado Re: 7 Personas que sobrevivieron a mierda que mataría a Terminator

    #5: Peter Freuchen.

    De unos corpulentos 6’7’’ de altura, Peter Freuchen lucía como si un leñador se folló a una osa grizzli y ella dio a luz a la manifestación física del badasserío.



    En 1906, a la madura edad de 20, Freuchen dejó la escuela de medicina y se dispuso explorar Groenlandia con trineos de perros. Allí fue donde conoció a su primera esposa, una mujer Inuit llamada Navarana Mequpaluk, quien le dio una hija llamada Pipaluk Jette Tukuminguaq Kasaluk Palika Hager y un hijo llamado Mequsaq Avataq Igimaqssusuktoranguapaluk… porque hasta el alfabeto le temía merecidamente a Peter Freuchen.

    En otra de las que llegaron a ser conocida como las Expediciones de Thule, Freuchen se encontró enterrado vivo tras esperar una ventisca. Con probablemente el más desagradable macgyverismo de todos los tiempos, Freuchen cagó en su mano, le dio a su popó forma de cincel, esperó que se congelara hasta quedar sólido como una roca y entonces excavó su camino hasta la libertad. Desafortunadamente, cavar con mierda es un trabajo agotador y, para cuando volvió al campamento horas después, su pie izquierdo estaba congelado sin esperanzas. Aquí es cuando (sin ningún anestésico ni nada que se le parezca) realizó una auto-amputación de su pie gangrenoso, esperamos que no con su cincel de mierda.

    Cuando los Nazis entraron en escena durante la Segunda Guerra Mundial, Freuchen regresó a casa para unirse al movimiento de resistencia danés. Tras ayudar a incontables refugiados del Reich, Freuchen fue capturado y sentenciado a muerte. Claro, escapó y huyó a Suecia, porque si la Madre Naturaleza misma no pudo asesinar al bastardo, ¿qué oportunidad tenían los Nazis?

    #4: Jack Lucas.



    Jacklyn “Jack” Lucas de 14 años era grande para su edad. Pero en lugar de despilfarrar sus dones jugando futbol o comprando cerveza para sus amigos, Lucas en su lugar falsificó la firma de su madre en un formulario de reclutamiento y fue a pelear con los Marines en la Segunda Guerra Mundial. Mientras se atrincheraba en las costas de Iwo Jima, 2 granadas amenazaron con eliminar a Lucas y sus compañeros de escuadrón. Aquí está lo que sucedió después, en las propias palabras de Lucas: “grité a mis amigos para que se largaran e hice un clavado de Superman sobre las granadas. No era un Superman después de que me dispararan. Dejé salir un grito tremendo cuando esa cosa voló”.

    El heroísmo de Lucas le ganó “más de 250 pedazos de metralla en su cuerpo y cada órgano importante, incluyendo 6 pedazos en su cerebro y 2 en su corazón”. Regresó a casa a los 17 años de edad (técnicamente ni siquiera lo bastante mayor para enlistarse en el presente) donde se convirtió en el Marine más joven en alguna vez ser premiado con la Medalla de Honor.

    Lucas claramente no se asustaba mucho. De hecho, sólo había una cosa que lo asustaba: las alturas. Pero inclusive una era demasiado para Lucas, así que se dispuso a conquistar su fobia al unirse al Ejército (legalmente, esta vez) como un paracaidista. Si te dan miedo los osos y no has firmado ya para pelear con un grizzli, Lucas piensa que eres un marica.

    En un salto de entrenamiento, los paracaídas principal y de repuesto de Lucas fallaron sucesivamente, porque nada ayuda a superar un miedo como experimentar el absoluto máximo que ese miedo puede ofrecer. De acuerdo a los testigos, fue “el último en salir del aeroplano y el primero en el suelo”. Sobrevivió, claro, al rodar justo cuando golpeó, porque Jack Lucas era la personificación viviente de la física de las películas de acción.

    #3: Sam Houston.



    En 1809, Sam Houston huyó de su hogar en Virginia a la edad de 16. Pronto se unió a la Nación Cherokee, donde aparentemente aprendió a usar cada parte del pie para patear el trasero de la vida. Cuando la Guerra de 1812 comenzó, Houston de 19 años se unió para pelear con el ejército del General Andrew Jackson.

    Mientras enfrentaba a otra tribu en la Batalla de Horseshoe Bend, Houston vio a un soldado atacar al enemigo sobre una barricada de tierra y troncos, sólo para ser perforado de inmediato. Ese era el primer hombre a cargo. Sam Houston era el segundo. El enemigo recompensó su considerable valentía al dispararle con una considerable flecha. En la entrepierna.

    En lugar de renunciar a la guerra e ir a casa para siempre (como sería perfectamente comprensible tras recibir una flecha en la vecindad del pito) Houston meramente se volvió a su camarada más cercano y le pidió que la sacara. Cuando el soldado sugirió que tal vez deberían encontrar un médico porque, tú sabes, flecha en la entrepierna, Houston le apuntó con su espada y demandó que removiera el astil, así que Houston pudo lanzarse de regreso a la pelea. Fue recompensado por su renovada valentía con que le dispararan 3 veces más y colapsar en el campo de batalla, donde fue declarado muerto por la noche. Tras ser descubierto todavía respirando la mañana siguiente, fue arrastrado 60 millas en una camilla a un fuerte, donde de nuevo fue declarado muerto.

    Claro, como cierta ciudad en Texas que no es Dallas puede dar fe, Houston sobrevivió para comenzar una prolífica carrera política. El 13 de abril de 1832, se peleó con el congresista de Ohio William Stanbery en las calles de Washington. Stanbery recientemente había acusado a Houston de defraudar a los Cherokee mientras servía como gobernador de Tennessee, un hecho que no le sentó bien a un hombre que una vez se había casado dentro de la tribu. Así que Houston, predeciblemente, hizo mierda a Stanbery usando su bastón. Stanbery sacó una pistola y le apuntó a quemarropa al pecho de Houston, sólo para que el arma fallara y le diera a Houston razón para redoblar su zurra. Andrew Jackson tenía una historia remarcablemente similar sobre responder a un disparo fallido con un bastón, llevándonos a creer que había alguna suerte de demonio tullido en Horseshoe Bend, haciendo tratos grotescos que intercambiaban invulnerabilidad por feroces palizas.

    #2: Tibor Rubin.



    Tibor Rubin nació en una pobre familia judía de Hungría en precisamente el peor punto de la historia del país para hacer tal cosa. A la edad de 15 fue enviado al infame campo de concentración de Mauthausen, donde un capitán de la SS le decía a las nuevas entregas “ninguno de ustedes saldrá de aquí vivo”. Rubin bromeó “tipo simpático” con el tipo al lado de él y después procedió a probar que ese capitán de la SS se equivocaba… a diferencia de 150,000 otros en Mauthausen, así como el padre, la madre y la hermana de Rubin, quienes nunca salieron de sus respectivos campos.

    Cuando las tropas estadounidenses liberaron Mauthausen, Rubin juró mostrar su gratitud al país que lo había salvado. Lo hizo al presentarse voluntario para pelear en la Guerra de Corea, donde demostró que era un badass innegable una y otra vez. Comenzó al contener él solo a un auténtico maremoto de tropas norcoreanas por 24 malditas horas, para darle al resto de su regimiento tiempo para retirarse.

    Continuó eso al operar una ametralladora calibre .30 después que sus 3 artilleros previos hubiesen sido derribados y continuó al disparar esa hija de puta toda la noche y hasta el día siguiente, hasta que se quedó sin municiones y fue capturado por los chinos.

    Sus captores ofrecieron liberarlo si regresaba a su natal Hungría, que es prácticamente el trato más dulce que un prisionero de guerra puede esperar: “¡te liberaremos si simplemente vas a casa y dejas de patear nuestros traseros!” es un trato difícil de rechazar. Y aun así, Rubin lo rechazó… y en su lugar procedió a salir a escondidas del campo de prisioneros cada noche (con el riesgo de la ejecución segura) para robar comida y las muy necesarias provisiones médicas para el confort de sus compañeros prisioneros de guerra. Continuó con esto por 2 años y medio.

    Desafortunadamente, el sargento de Rubin repetidamente rechazó las recomendaciones de sus superiores para que Rubin recibiera la Medalla de Honor. Fue un desliz que no sería corregido hasta 2005, cuando el presidente George W. Bush retroactivamente le concedió el muy merecido reconocimiento. El hijo de puta hasta hizo que George W. Bush luciera bien.

    #1: Brian Blessed.



    Brian Blessed es más recordado por su papel como el Príncipe Voltan en Flash Gordon de 1980 y no por el hecho que, a la edad de 67, se convirtió en el hombre más viejo en alcanzar una altitud de 28,000 pies sin oxígeno suplementario. Es un logro que, hasta hace relativamente poco, los científicos no pensaban que fuese posible para nadie, mucho menos para alguien que podría conseguir un descuento por edad en la maldita Sizzler.

    Aunque sus intentos por la cima del Everest hasta ahora no han tenido éxito, debido a factores más allá de su control, tales como el clima poco cooperativo y camaradas con barbas menos impresionantes que la suya, Blessed ha conquistado cimas como el Aconcagua y el Kilimanjaro a una edad en la que la mayoría de la gente fracasa en conquistar las escaleras. También es el hombre más viejo en alguna vez alcanzar el Polo Norte Magnético a pie, lo que logró al caminar hasta el puto Polo Norte Magnético a pie, pegándole a osos polares y al espantoso clima por igual. Es correcto: Blessed dice que cuando un oso polar se metió en su tienda una noche, golpeó al depredador máximo justo en la cara, causándole que se retirara para que así pudiese obtener algo de maldito sueño ya.

    Cuando consideras que el hombre ha sobrevivido a accidentes de aviación sobre las remotas junglas de Venezuela y una vez colapsó en el escenario mientras interpretaba El Rey Lear cuando su corazón momentáneamente se rindió (sólo para sacudírselo y terminar la obra) estamos inclinados a creerle.

    Mientras se escribe este artículo, Brian Blessed tiene 80 años de edad y todavía camina entre nosotros meros mortales, porque ¿quién va a decirle que renuncie? ¿Dios? Blessed dice que no antes que conquiste la Fosa de las Marianas.

    Fuente:

    The 5 Most Immortal Humans To Ever Walk The Earth

    Última edición por Karakorum; 06/11/2016 a las 18:01
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  4. #4
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    Predeterminado Re: 7 Personas que sobrevivieron a mierda que mataría a Terminator

    #5: Ewa Wisnerska.



    En febrero de 2007, la parapentista alemana Ewa Wisnerska fue succionada por una tormenta eléctrica inesperada en (claro) Australia. Como testimonio del intenso odio de la tormenta a la gente voladora, el parapentista chino He Zhongpin había sido succionado por la misma exacta tormenta antes ese día. Su cuerpo sin vida fue después encontrado a 50 millas de distancia. No contenta con una víctima, la tormenta le echó el guante a Ewa en mitad del vuelo y la arrastró más y más alto en el aire. Wisnerska comenzó desde una altitud ya intimidante de 2500 pies, pero la tormenta la elevó a un ritmo de 67 pies/segundo. A los 3000 pies, su piel expuesta fue congelada. Sus gafas, como el resto de sus ropas, estaban cubiertas en hielo tan grueso que ella ni siquiera podía salir de su propio planeador… que el clima violento seguía haciendo colapsar, así que constantemente tenía que batallar con los controles para mantenerlo en condición funcional.

    A los 20,000 pies, la temperatura del aire estaba por debajo de -58 °F y el hielo cubría su cuerpo entero. Esto era inoportuno, así como la falta de oxígeno, lo que causó que se desmayara. En realidad no esperas despertar de una siesta como esa. La altitud record previa para un parapentista era 24,000 pies. Ewa sobrepasó eso y lo siguió sobrepasando. Los gansos vuelan a 27,000 pies. Lo mismo hizo Ewa, brevemente, en su camino a los 29,035 pies… que es la altitud exacta de la cima del Monte Everest. En este punto, la tormenta comenzó a frustrarse un poco. Continuó elevándola (ahora a 30,000 pies) sólo para ver si podía sobrevivir a la altitud de crucero de un jet de pasajeros… sin el jet.

    A los 32,000 pies, la tormenta finalmente se rindió y ella comenzó su descenso. A los 23,000 pies, Wisnerska despertó de la siesta más turbulenta desde el niño que durmió a través del hundimiento del Titanic. Dándose cuenta que no tenía modo de frenar o controlar su dirección (por sus guantes y manos congelados), montó la tormenta y esperó que eventualmente aterrizara a salvo. Lo que hizo, a 40 millas de distancia del punto de inicio.

    Aparte de algunas magulladuras y daño por congelación en sus extremidades, estaba perfectamente bien. Esto es probablemente porque estuvo inconsciente por un estimado de 40 a 60 minutos del vuelo. Tu ritmo cardiaco disminuye cuando estás frío y esto probablemente jugó una parte enorme en su supervivencia. Eso y ella es una Highlander. Tiene que ser una Highlander.

    #4: Jacob Miller.

    (Nota: algunos de los detalles en esta entrada vienen del reporte de primera mano de un hombre que recibió un disparo en la cabeza. Tú decides si esto hace a la historia menos creíble o más genial.)

    La Batalla de Chikamagua en Tennessee durante la Guerra Civil fue la segunda mayor derrota de la Unión después de Gettysburg, con alrededor de 36,000 bajas en total. Una de estas bajas fue Jacob Miller, quien recibió una bala de mosquete confederada entre los ojos el 19 de septiembre de 1836. Los aliados de la Unión de Miller pensaban que estaba muerto y lo dejaron atrás. El ejército confederado pensó lo mismo y marchó sobre él mientras avanzaba. No sabían que los disparos en la cabeza eran algo que Miller simplemente usaba para dormir. Después que despertó con un agujero en la frente nuevo de paquete, se dio cuenta que ahora estaba en la retaguardia de la línea confederada. Así que usó su arma como una muleta y anadeó paralelo a la lucha hasta que pudo volver al lado de la Unión. Porque su uniforme estaba completamente empapado en sangre, los confederados no lo reconocieron como un enemigo (o al menos, hicieron su mejor esfuerzo por ignorarlo en caso que no fuese su sangre).

    Tras volver con su equipo, Miller fue llevado al hospital y de inmediato le retiraron la bala de su cráneo… lo que habría sido un buen modo de terminar esta entrada. En su lugar, los cirujanos se encogieron de hombros y dijeron “eh, probablemente vas a morir de todos modos”. De hecho, las tropas de la Unión estaban a punto de retirarse y los doctores consideraron que Miller estaba demasiado enfermo para moverse. Así que lucía como que lo habían dejado atrás… de nuevo.

    Miller no iba a soportar esa mierda. En su lugar, el hombre al que le habían disparado en la cara se puso de pie y comenzó a retirarse con el resto de ellos. Su rostro ahora tan hinchado que tenía que levantar su párpado manualmente para ver adónde iba, Miller siguió arrastrándose junto a las tropas que se retiraban, con 0 intención de o morir o detenerse. Eventualmente, un vagón ambulancia entendió la indirecta y lo recogió.

    9 meses después del incidente, los doctores finalmente se pusieron a remover la bala de su cabeza… al menos, la mayoría de esta. El agujero de la bala en realidad nunca se cerró y, aunque Miller tendría una larga vida, pasaría las siguientes 3 décadas literalmente sudando balas, pues pedazos de la bala ocasionalmente saldrían de la herida.



    #3: Jake Garrow.

    A principios de 2007, Jake Garrow estaba barriendo la nieve de un camino en el hielo en Ontario, Canadá cuando su cargadora golpeó una parte delgada inesperada y se hundió en las profundidades congeladas, arrastrando a Garrow con este. Esto no es algo a lo que la gente en general responda con un encogimiento de hombros: el número matado en Ontario en los primeros pocos meses de 2017 solo es deprimentemente grande.

    Para la mayoría de nosotros, hundirse 100 pies hasta el fondo de un lago congelado es un modo terrible para que nuestro obituario abra. Pero Garrow no es la mayoría de nosotros. Mientras se hundía, garrapateó por la cuerda de liberación que hacía saltar la ventana trasera (un rasgo de diseño creado exactamente para esta situación porque, en Ontario, barrer la nieve es hardcore). Desafortunadamente, no pudo encontrarla, con lo de estar sumergido en agua congelada, la completa oscuridad y todo. Así que en lugar de tontear fútilmente mientras el agua entraba en su cabina, Garrow destrozó la ventana trasera con su codo.

    Ahora estaba libre de su cargadora, pero todavía tenía que nadar 100 pies a través de agua totalmente oscura y cubierta de hielo y esperar como el infierno que pudiese encontrar el hoyo a través del que cayó. Milagrosamente, lo logró y emergió del hielo con poco más que un tímpano perforado. Pero no había terminado: Garrow tuvo que caminar una milla hasta la carretera principal con ropas empapadas y un viento a -22 °F y después pararse al lado de la carretera congelándose porque ni un solo motorista canadiense consideró que su situación peligrosa para la vida valiese la pena detenerse.

    Sólo logró conseguir un aventón al hospital porque un contratista conocido por casualidad pasó conduciendo. Afortunadamente, la historia de Garrow le ganó algo de atención del gobierno canadiense. Dice que los oficiales lo han contactado desde que reportó el incidente. A saber, el Ministerio del Ambiente le ha dicho que tiene que sacar ese maldito cargadora de su lago para junio.

    #2: Boris Volynov.



    En 1969, en la cúspide de la carrera espacial, el cosmonauta ruso Boris Volynov voló una reentrada solo a la atmósfera de la Tierra en la Soyuz 5. Regresaba después de dejar 2 colegas espaciales en otra nave y, desafortunadamente, los trabajos de conductor designado son tan horribles en el espacio como lo son en la Tierra. Durante la reentrada, el módulo del equipo de la Soyuz no se desconectó, lo que arruinó el balance de la nave espacial y causó que diera media vuelta.

    Esto era un problema, porque se esperaba que el calor al atravesar la atmósfera de la Tierra quemara alrededor de 3 pulgadas de la cubierta abladora especial en el lado más grueso de la nave, que tenía unas buenas 6 pulgadas de esta. Desafortunadamente, Volynov ahora estaba gritándole a la Tierra al revés, y el lado de su nave encarando las llamas era de una mera pulgada de grosor. Oh, y la trayectoria arruinada también sometió a su cuerpo a 9 veces la fuerza gravitacional de la Tierra, haciendo todos los intentos de corregir la situación casi imposibles. En este punto, el control en tierra ya estaba ocupado pasando un sombrero para recolectar dinero para la familia de Volynov. Volynov enfrentaba la muerte segura… hasta que de repente notó algo: la parte defectuosa de la nave que no se había desconectado también estaba siendo removida por el calor intenso. Reuniendo toda su fuerza, combatiendo 9 Gs, logró maniobrar la Soyuz 5 a su posición correcta justo a tiempo. ¡Problema resuelto!

    Problema nuevo: el paracaídas de la nave había recibido daño y sólo pudo desplegarse parcialmente. Problema más nuevo: los cohetes diseñados para suavizar el aterrizaje también habían fallado por completo. La Soyuz 5 golpeó el suelo como un meteoro. Volynov sobrevivió a esto también, pero rebotó por la cabina y se rompió un número de sus dientes. Problema novísimo: la Soyuz 5 había aterrizado en los Montes Urales, muy lejos del punto planeado en Kazakstán. El clima afuera estaba a unos fríos -36 °F. Habría muerto mucho antes del rescate, a menos que pensase algo de nuevo.

    Cuando el equipo de rescate llegó horas después, encontraron una Soyuz 5 vacía. Siguiendo una serie de pisadas rociadas de sangre y pedazos de dientes, encontraron a Volynov calentándose en la choza de un campesino, que había logrado localizar al seguir una columna de humo distante. Su único comentario a sus rescatadores: “¿mi cabello está gris?”

    #1: Stanley Williams.



    En enero de 1993, un grupo de científicos de 15 países diferentes se reunió en Colombia para evaluar el peligro del Volcán Galeras de 9000 pies, que había entrado en erupción irregularmente por siglos. Pero los vulcanólogos sintieron que era bastante seguro. Había hecho erupción 6 meses atrás y ninguna actividad sísmica indicaba que lo haría de nuevo. Así que 16 personas se aventuraron en su cono para reunir muestras e información.

    ¿Quieren adivinar cómo les fue? Para su crédito, el volcán esperó hasta el momento más dramático posible para lanzar el asalto. Una hora antes y todos los científicos habrían sido asesinados al instante mientras se paraban justo en el cráter interno. Una hora después y pudieron haber estado a una distancia relativamente segura. Pero no, el Galeras esperó hasta que acababan de dejar de trabajar por el día y todavía tenían una posibilidad deportiva (pero remota) de escapar. Entonces, y sólo entonces, el suelo comenzó a retumbar. El Galeras hizo erupción lo bastante duro para enviar una nube de 90 pisos de ceniza, humo y gas al aire.

    Un ingeniero fue golpeado por un estallido de calor que lo redujo a ceniza. Otros 2 fueron convertidos en gas al instante. Más fueron bombardeados y quemados hasta la muerte por las rocas ardientes. Cuando el polvo se asentó (no en realidad; todavía montones de polvo por todas partes) 9 de los 16 miembros de la expedición habían sido asesinados y los sobrevivientes fueron lanzados a medio camino del olvido.

    El Dr. Stanley Williams, el líder del grupo, estaba parado justo al borde del cráter cuando la erupción vino. Logró evitar el estallido de calor, pero todavía estaba parado en un remolino de rocas gigantes incandescentes y elementos variados más pequeños pero no menos peligrosos. Claramente, recibió una roca en la cabeza, destrozando al instante su cráneo y enviando fragmentos de hueso a lo profundo de su cerebro. Logró escapar, sólo para que sus piernas fuesen destrozadas por el siguiente bombardeo de rocas.

    Ese pudo haber sido el fin, si no fuese por 2 de sus colegas, Marta Calvache y Patty Mothes. Calvache y Mothes inexplicablemente habían decidido escalar hacia la erupción volcánica para buscar supervivientes. Lograron localizar a Williams y arrastrarlo a la seguridad. Aparte de las quemaduras, miembros rotos y cráneo destrozado, Williams estaba bien. Después que removieron un pedazo de su cerebro que tenía demasiado cráneo en este.

    Muuuy bien.

    Fuente:

    5 People Who Survived Completely Unsurvivable Situations


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