Déjame contarte una historia. Comienza en una tienda de libros usados, que recientemente recibió una consignación de materiales de un anciano que había viajado extensamente y coleccionado un número de libros inusuales. Cuando murió, sus hijos donaron la mayoría de ellos sin pensarlo mucho. Después que un investigador de los misterios de los Caballeros Templarios adquirió uno de estos libros, encontró dentro varias hojas de papel. Eran notas escritas a mano de la década de 1980, detallando una investigación realizada en una biblioteca privada de Edimburgo. De acuerdo a las notas, el anciano, cuando era más joven, hizo una copia de un mapa inusual encontrado en un diario escrito a mano datando del siglo XVI. Ese mapa, a su vez, decía en una inscripción en latín que era a su vez una copia de un original medieval compuesto en algún momento a finales del siglo XIV.

Desafortunadamente, el dueño del mapa en Edimburgo rechazó permitir que fuese fotografiado y fotocopiado, citando su fragilidad, y tampoco vendería el mapa. Por consiguiente, sólo esta copia está disponible para revisar. Los investigadores de Templarios estaban excitados al descubrir que registra visitas templarias al México antiguo en 1294 y 1347, justo en los momentos cuando fuentes mexicanas antiguas (Chimalpahin) y las sagas islandesas (los Anales de Skáholt) afirmaron que los “Hombres del Templo” habían viajado al Nuevo Mundo.



Como asumo que imaginaste, este mapa es uno que dibujé en menos de 10 minutos la noche pasada, basado en números y “hechos” tomados de un artículo de 1902 de Eugene Beauvois proponiendo una invasión templaria de México. También metí unos pocos errores intencionales para asegurarme que nadie lo confundiría con algo real. Pero el hecho es que no hay modo de distinguir entre mi mapa falso y el que Zena Halpern y Scott Wolter afirman es una copia de una copia de una copia de un original, especialmente cuando se le combina con una historia no-demostrable que suena sólo lo bastante verídica para hacer que los crédulos quieran creer.

La sorpresa final, como la entendí, es que supuestamente hay un mapa real del siglo XVIII del cual la versión mostrada en televisión esta semana supuestamente fue copiada. En realidad no haría mucha diferencia.

Pensé en hablar un poco sobre las historias extremadamente similares que sustentan la promulgación de documentos falsos (o al menos dudosos).

La analogía más cercana al supuesto mapa Templario de Oak Island [Nota de Karakorum: ¿Cuál es este mapa? Es uno que constituye el tema del show del History Channel The Curse of Oak Island, emitido en Latinoamérica como La Maldición de la Isla] es el Mapa de Zeno, un infame fraude del siglo XVI. El mapa, que describe Groenlandia y unas islas imaginarias, demostró ser controversial desde el inicio. La única copia de este mostrada al público era un fraude confeso. El autor del fraude, Nicolo Zeno el joven, alegó que había encontrado un mapa medieval en los archivos de su familia, pero estaba podrido hasta el punto que tuvo que redibujarlo él mismo: “De estas partes del Norte se me ocurrió dibujar una copia de un mapa de navegación que una vez descubrí que poseía entre las cosas antiguas en nuestra casa, que, aunque está todo podrido y de muchos años de edad, tuve éxito en hacerlo tolerablemente bien” (folio 47, traducido al inglés por Fred W. Lucas). El autor simplemente esperaba que nosotros creyéramos que no usó ningún conocimiento moderno de geografía, ni ningún mapa contemporáneo, para rellenar los espacios en el mapa podrido (la palabra italiana usada indica que se estaba desmoronando) – y que realmente aceptemos que tal mapa existía. La descripción acompañante del viaje medieval de los Hermanos Zeno el autor admite haberla reconstruido de memoria de documentos que había destruido.

Este patrón se repite una y otra vez en la historia alternativa, donde vemos esta plantilla repetirse.

Consideren, por ejemplo, a Joseph Smith y el Libro del Mormón. Smith similarmente afirmó haber descubierto viejos documentos, en este caso tabletas doradas, que a nadie excepto a él estaba permitido ver. (Usó los mismo métodos empleados por personajes de caricatura para evitar que sus amigos y enemigos los vieran). Produjo una “traducción” de las placas con la ayuda de lentes mágicos y después pidió a sus seguidores que aceptaran que la traducción representaba los originales que no habían visto. La traducción, a su vez, se vio estudiada para sonsacar detalles escondidos de la historia.

Helena Blavatsky también siguió esta plantilla perfectamente. Como Smith, afirmó que produjo una traducción de documentos prohibidos que ojos inexpertos nunca podrían ver. Los suyos eran textos antiguos de una civilización perdida, las Stanzas de Dzyan, que supuestamente descubrió en un monasterio de Asia. De nuevo, se nos pide que aceptemos su palabra, los documentos originales supuestamente estando en un lenguaje desconocido.

James Churchward también duplicó la plantilla, haciendo afirmaciones casi idénticas para tabletas de Naacal, que supuestamente contaban la historia de Mu.

Una historia similar sucedió con el así llamado Papiro de Tulli, un documento egipcio supuestamente antiguo que nunca ha sido visto en público. El texto, supuestamente escrito en hierático, supuestamente fue “transcrito” en jeroglíficos porque el dueño quería demasiado dinero por el original. La “transcripción” fue entonces traducida al inglés en 1953 y revelaba un encuentro con OVNIs en el antiguo Egipto. Se le pide al público que acepte por fe que el texto original realmente existe y no que la transcripción jeroglífica fue simplemente formada hacia atrás desde un original en inglés.

¿Y por qué alguien confiaría que originales desconocidos realmente existen, mucho menos cambiaría sus creencias sobre el mundo como resultado? La respuesta en muchos casos es un exceso de confianza, pero en un grado hay un aparente precedente para el descubrimiento de documentos perdidos en la traducción.

La Tableta Esmeralda de Hermes afirma ser un texto antiguo, aunque se cree que es de origen árabe y medieval, y fue ampliamente aceptada como antigua hasta la era moderna a pesar de ser conocida sólo en traducciones árabes y latinas.

El Libro de Enoc estuvo perdido por siglos antes de ser redescubierto en Etiopía en una traducción Ge’ez. La diferencia, claro, es que nadie dudaba que alguna vez hubo un original antiguo y extractos de una versión griega han sido conocidos desde hace mucho por su preservación en la obra de George Syncellus. Similarmente, el Segundo Libro de Enoc desde hace mucho se lo conocía sólo en una traducción eslavónica pero los eruditos aceptan que es una traducción de un original griego perdido. (En 2009 fragmentos coptos fueron encontrados, ayudando a confirmar que hubo un original subyacente usado para ambas traducciones).

Podríamos ofrecer muchos otros ejemplos, pero quizá el análogo más cercano del descubrimiento de documentos antiguos desconocidos en la tradición de la historia alternativa es el descubrimiento y pérdida de un texto árabe de extraordinaria influencia en la historia alternativa y el movimiento romántico.

Murtada ibn al-‘Afif compuso una historia de Egipto alrededor de 1200. En 1584, se hizo una copia y de algún modo todas las demás copias en existencia se perdieron o destruyeron. Esta copia, la última en existencia, terminó en Francia, en la biblioteca del Cardenal Mazarino, donde en 1665 un erudito francés llamado Pierre Vattier la tradujo al francés. El original se perdió y sólo la traducción francesa sobrevive. Por 3 siglos después de eso, nadie supo nada sobre el autor (sólo fue identificado en la década de 1970) y no hubo ningún original árabe restante para respaldar a la traducción francesa (y la posterior inglesa). El libro fue enormemente influyente entre los autores románticos y góticos (Shelley no dejó de leerlo hasta que un amigo lo tiró por la ventana), sirvió como una fuente y justificación para la Maldición de Tutankamón y una inspiración para el Necronomicón de Lovecraft – otro libro que la leyenda (falsa) decía que sobrevivió sólo en una traducción al latín de un original árabe perdido. “El original árabe”, dijo Lovecraft, “se perdió tan temprano como en la época de Wormius, como se indica en su nota preliminar; y ningún avistamiento de la copia griega (que fue impresa en Italia entre 1500 y 1550) ha sido reportado desde la quema de la biblioteca de cierto hombre de Salem en 1692”.

Aunque el libro de Murtada ofrece un paralelo asombrosamente cercano a los fabulosos documentos perdidos que se nos pide que aceptemos por fe, hay diferencias clave: reportes contemporáneos de otros demuestran que el texto árabe una vez existió, pero aun si nos faltara eso, la traducción que Pierre Vattier produjo contenía detalles e historias que eran desconocidos para Europa en su época, pero que concuerdan exactamente (a menudo al pie de la letra) con historias de otros textos árabes tales como el Khitat de al-Maqrizi o el Akhbar al-zaman demuestran que hubo un texto genuino con el que Vattier estaba trabajando.

A los documentos modernos más dudosos les falta este tipo de contexto y confirmación: textos paralelos, testigos creíbles, fragmentos existentes, registros de su existencia anterior, etcétera. Esto no es para decir que no pueden ser auténticos, sólo que tienen una carga de la prueba mucho mayor que superar ya que no hay nada para apoyar sus afirmaciones de legitimidad.

Fuente:

The Theme of the Missing Original Document in Fringe History - Jason Colavito