Tenemos la idea preconcebida de que un bufón es un personaje un tanto grotesco, burlón y de apariencia ridícula que se dedicaba a ser el hazmerreír de los reyes, siendo objeto de burla, muy a menudo, por parte de los miembros de la Corte. Pero esta imagen, muy alejada de la realidad en la mayoría de los casos, nos ha llegado sobre todo a través de la literatura y la cinematografía en la que nos los han representado de ese modo.

En un gran número de Cortes la figura del bufón era representada por alguno de los miembros más sabios y con mejor intelecto de cuantos rodeaban a un rey y, a pesar de tener por encargo el tener que entretenerlos y hacerles reír, muchos de éstos no lo hacían mediante gesticulaciones o chocarrerías grotescas, sino que utilizaban frecuentemente la fina ironía, el humor inteligente e incluso el sarcasmo mientras explicaban fabulosas historias que divertían y entretenían a los presentes.

Podemos encontrarnos que, entre la extensísima lista de personas que han ejercido a lo lago de la Historia como ‘bufones de la Corte’, hay un buen número de personajes ilustres que, además de dedicarse a divertir a los demás, eran los tutores y personas de confianza de muchos de los reyes y reinas para los que trabajaron y que entre sus ‘talentos’ estaba el ser altamente instruidos y cultos.

Uno de ellos fue George Buchanan, famosos humanista, poeta y pensador de origen escocés, que trabajó como tutor de Jacobo Estuardo (I conde de Moray), uno de los muchos hijos ilegítimos que tuvo el rey Jacobo V de Escocia con una de sus múltiples amantes.

En 1567 Jacobo Estuardo fue nombrado regente, al ser coronado como nuevo rey su sobrino Jacobo VI de Escocia (quien tenía tan sólo un año de edad). Buchanan continuó como consejero junto al conde de Moray hasta principios de 1570, año en el que el regente fue asesinado.

A partir de ese momento, y debido a la buena labor que había desarrollado hasta entonces, se le encargó a George Buchanan ser el nuevo tutor del pequeño rey, a quien instruyó en el aprendizaje de las letras, ciencias y humanidades.

Como tutor e instructor del monarca fue rigurosamente estricto, sometiéndolo a menudo a severos castigos que, a pesar de tratarse de un maestro y el discípulo el rey, en la Corte permitieron.

Buchanan ya era un hombre mayor (fue el tutor del joven rey entre los 61 y los 76 años de edad) y muchas fueron las ocasiones en las que el pequeño –como niño que era- le hizo alguna trastada.

Pero entre ambos nació un vínculo de complicidad muy especial y el joven Jacobo, ya siendo un adolescente, quedaba maravillado de la sabiduría de su tutor, motivo por el cual lo llevaba consigo a todas partes y hacía que entretuviera a los presentes con sus fabulosas historias, poemas u ocurrencias sarcásticas, por lo que Buchanan ejerció en numerosísimas ocasiones como bufón de la Corte de Jacobo VI de Escocia (que en un futuro también sería el rey Jacobo I de Inglaterra).

George Buchanan se había ganado la total confianza del rey, por lo que a veces le gustaba al tutor poner en algún aprieto al joven monarca para demostrarle que no podía fiarse de nadie, ni tan siquiera de sus más allegados.

En cierta ocasión, tras observar que Jacobo firmaba cuantos documentos le presentaban los miembros de la Corte y ante la arrogancia adolescente en no hacer caso a sus advertencias, Buchanan decidió darle un merecido escarmiento que le serviría en el futuro a ser mucho más cauto, por lo que presentó al joven rey un documento para que éste lo firmase y estampara el sello real.

Una vez hecho le pidió que se levantara del trono, ya que ese lugar no le correspondía ocuparlo debido a que acababa de firmar una cesión transitoria por dos semanas en las que el rey provisional no sería otro que el propio Buchanan.

Dejando aparte el lógico berrinche que se cogió el destronado rey, acabó asumiendo su error, accedió a que su tutor y bufón de la corte ocupase su trono y aprendió una valiosísima lección que le sirvió en su vida como adulto.

Evidentemente, durante las dos semanas en las que George Buchanan se suponía que debía ser el rey provisional de Escocia, lo fue de una manera testimonial ya que simplemente había pretendido dar a su joven discípulo la lección más valiosa de cuantas recibió en su vida.