En sus poemas románticos Catulo se desvive por sus amantes, basta leer los versos que le dedicara a Lesbia, una de sus novias… no es de extrañar que se le considerase en exceso “meloso” en los tiempos de la Roma viril, si bien todas sus sátiras y réplicas se catalogan entre los textos más viperinos en cualquier idioma (como el que nos ocupa en este tema).
En cuanto a esos versos, dirigidos a Furius y Aurelio, parecen ser una repuesta directa a la crítica que recibiera por unos poemas de amor remitidos a un adolescente, y que sus rivales empleaban en su contra como prueba de su “afeminamiento helenístico”:
"MELLITOS oculos tuos, Iuuenti,
si quis me sinat usque basiare,
usque ad milia basiem trecenta
nec numquam uidear satur futurus,
non si densior aridis aristis
sit nostrae seges osculationis".
"Tus ojos color de miel, Juvencio,
si alguien me permitiera dejarme besarlos todavía,
yo los besaría trescientas mil veces,
ni creo que nunca yo tuviera suficiente,
no si la cosecha de nuestros besos
fuera más gruesa que las mazorcas maduras de maíz".
"SVRRIPVI tibi, dum ludis, mellite Iuuenti,
suauiolum dulci dulcius ambrosia.
suffixum in summa me memini esse cruce,
dum tibi me purgo nec possum fletibus ullis
tantillum uestrae demere saeuitiae.
nam simul id factum est, multis diluta labella
guttis abstersisti omnibus articulis,
ne quicquam nostro contractum ex ore maneret,
tamquam commictae spurca saliua lupae.
praeterea infesto miserum me tradere amori
non cessasti omnique excruciare modo,
ut mi ex ambrosia mutatum iam foret illud
suauiolum tristi tristius elleboro.
quam quoniam poenam misero proponis amori,
numquam iam posthac basia surripiam".
“Te robé un beso, meloso Juvencio, mientras jugabas,
un beso más dulce que la dulce ambrosía.
Pero no sin castigo; porque yo recuerdo como por más de una hora
permanecí clavado en la parte superior de la cruz,
cuando yo me disculpaba contigo, y aún así no podía con todas mis lágrimas
mitigar jamás un poco de tu ira,
porque ni bien estuvo hecho, entonces lavaste tus labios
con abundante agua, y los enjugaste con tus dedos,
de tal modo que ningún contagio de mi boca permaneciera,
como si mi saliva fuera tan sucia como la orina de una loba.
Además de eso, te apresuraste a ofrecer tu infeliz amante al furioso Amor,
para torturarlo de todas las maneras,
de forma que ese beso, cambiado por ambrosía,
fuera más amargo que el amargo eléboro.
Desde entonces has impuesto esta pena en mi desafortunado amor,
a partir de ahora nunca te robaré más besos.”
Además, se sabe que el susodicho Juvencio mantuvo affairs tanto con Aurelio como con Furius, así que Catulo tenía razones de sobra para enemistarse con este par. Esos romanos...
Última edición por DENKEN; 15 feb 2012 a las 01:23