#5: La prueba de virginidad de los tres dedos.

A finales de la década de 1970, el Reino Unido necesitaba un mejor modo de mantener fuera a los sucios inmigrantes. Aunque en teoría la ley permitía a las inmigrantes viajar a Gran Bretaña para casarse con sus prometidos, una regla tácita permitía a los oficiales de inmigración en el Aeropuerto de Heathrow someterlas a “pruebas de virginidad” primero… unas tan invasivas que han sido descritas como “equivalentes a la violación”. Más de 80 indias y pakistaníes se sometieron a estas violaciones, todo por la sospecha de que ya estaban casadas (en cuyo caso necesitarían una visa). Y pensabas que quitarte tus zapatos en la línea de seguridad era un dolor de culo.

Afortunadamente, las quejas en la ONU dieron un rápido fin a la práctica… en el R.U. Tan recientemente como 2009, las participantes de una boda masiva (una práctica común para la gente menos que acomodada en India) eran forzadas a probar su pureza ante los desvirgadores del gobierno. En Egipto, las prisioneras tenían pruebas de virginidad forzadas tan recientemente como 2011, mientras que Sudáfrica pelea una batalla continua contra las pruebas de virginidad y creencias aun más descabelladas: tales como que el sexo con una virgen es una cura mágica para el SIDA. Vamos continuar y asumiremos que las vírgenes no comenzaron ese rumor particular.

#4: Amamos matar gente por pronunciar palabras mal.

En el presente, “lollapalooza” significa “bandas sobrevaluadas y el agua embotellada más cara del mundo”, pero la palabra originalmente significaba “algo particularmente impresionante”. En la Segunda Guerra Mundial, la palabra fue usada por las tropas estadounidenses en el Teatro del Pacífico para exponer a los sospechosos de ser espías japoneses: la idea era que los que hablaban japonés como lengua madre a menudo pronuncian las letras inglesas “r” y “l” parecido, así que para ellos “lollapalooza” era una auténtica imposibilidad lingüística.

En el frente europeo de la Segunda Guerra Mundial, los soldados británicos emplearon un método similar (la frase “War Weapons Week” a veces se respondía con el refrendo “Weymouth”) para distinguir a los alemanes, basados en su tendencia a pronunciar el sonido inglés de la “w” como una “v”. Es una tradición que se remonta hasta la Biblia, que cuenta que los galaaditas preguntaron a los efrateos su pronunciación de la palabra shibolet (espiga de granos)… y después masacraron indiscriminadamente a decenas de miles de ellos que lo dijeron mal (Jueces 12:6). En el presente la palabra “shibolet” significa varias cosas; una definición común es una palabra o costumbre usada para distinguir miembros de diferentes grupos sociales.

Una utilización particularmente horrible de un shibolet tuvo lugar en la isla de la Española, donde la República Dominica y Haití coexisten, aunque muy, muy renuentemente. En 1937, el dictador dominicano Rafael Trujillo envió tropas a la frontera dominicana-haitiana con una ramita de perejil en la mano, pidiendo a todos cuya piel luciera demasiado oscura que dijera su nombre. Los haitianos (cuya herencia era francesa, a diferencia de la española de los dominicanos) no podían pronunciar adecuadamente la “r” en la palabra española para perejil. Y ese es el prólogo de apariencia bonita del evento que la historia apodó la Masacre del Perejil.



#3: Puedes usar casi cualquier cosa para crear pruebas racistas.

El historiador de Harvard Henry Louis Gates Jr. describe una “fiesta de bolsa” así: “algunos de los hermanos que venían de Nueva Orleans realizaban una fiesta de bolsa. Como un compañero de clases me explicó, una fiesta de bolsa era una costumbre de Nueva Orleans donde una bolsa de papel marrón era pegada a la puerta. A cualquiera más oscuro que la bolsa se le negaba la entrada”.

La tradición afortunadamente pasó de moda con el declive del colorismo y el ascenso de las bolsas plásticas de compras. Desafortunadamente, no es el único modo en que los artículos caseros han promovido el racismo. En la Sudáfrica de la era del apartheid, la Ley de Registro de Población dividía a los ciudadanos en 4 grupos de importancia descendente: “blancos, asiáticos/indios, coloreados y ‘nativos’ o negros”. En casos extremos, los oficiales empleaban la “prueba del lápiz”. Un lápiz era metido en tu cabello. Si se quedaba quieto, eras negro. Si se caía, eras blanco. Nunca antes fue tan duramente penalizado el cuerpo y el volumen.

#2: Australia se puso bastante creativa a la hora de mantener fuera a los no-blancos.

Cuando el parlamento australiano aprobó la Ley de Restricción de Inmigración de 1901, empezó la así llamada política de Australia Blanca: una serie de restricciones concebida para evitar que el país luciera un bronceado demasiado bueno. El Primer Ministro Edmund Barton lo dijo mejor:

No pienso que la doctrina de la igualdad del hombre haya tenido alguna vez la intención de incluir la igualdad racial. No existe la igualdad racial. Existe una desigualdad básica. Estas razas son, en comparación con las razas blancas (pienso que nadie desea ser convencido de este hecho) desiguales e inferiores. La doctrina de la igualdad del hombre nunca tuvo la intención de aplicarse a la igualdad de los ingleses y los chinos.
Primordial para la Ley era la prueba de dictado: si eras un no europeo buscando entrar en Australia, se te pedía que escribieses 50 palabras en cualquier lenguaje europeo antes que se te permitiera entrar. Cuando se volvió aparente que este no era el modo más efectivo de discriminar contra los judíos y comunistas (muchos de los cuales, irritantemente, hablaban lenguajes europeos) una enmienda de 1905 hizo posible para el oficial de inmigración a cargo de la prueba escoger cualquier lenguaje europeo que le diese la maldita gana.

Entra el comunista judío superviviente del Holocausto, prolífico escritor y (particularmente problemático para la política de inmigración de Australia) políglota Egon Kisch. Cuando, tras intentar con varios otros lenguajes, los oficiales de inmigración finalmente le encargaron que escribiera el Padre Nuestro en gaélico escocés (un movimiento doblemente cretino considerando que Kisch no era ni escocés ni cristiano) no pudo hacerlo. El problema, Kisch tenía un poderoso equipo legal detrás de él. Tras demostrar ante la Corte Suprema que el oficial supervisando la prueba no era, él mismo, fluido en gaélico escocés, Kisch entró en el país para cumplir con su propósito original: ir de gira, hablando contra el fascismo, la guerra y los campos de concentración. Porque, como pueden ver, Australia necesitaba ayuda precisamente con eso.

#1: Las pruebas para detectar homosexuales.

Aunque la ley puede no ser siempre estrictamente vigilada, el código penal libanés prohíbe cualquier acto sexual que “contradiga las leyes de la naturaleza”. (Traducción: puedes conseguir tiempo en prisión por hacer cosas anales en el Líbano). Suena como que podría ser difícil de demostrar en la corte, pero afortunadamente las autoridades libanesas tienen a la pseudociencia de su lado: los exámenes de culo… alias pruebas de laxitud anal, un método absolutamente dudoso que involucra literalmente probar los hábitos traseros de un supuesto homosexual.

Cuando la Guerra Fría hacía que Canadá fuese más nerviosa de lo usual, su gobierno temía que los gays en el closet en el servicio militar o civil fuesen un riesgo para la seguridad nacional. Para ayudar en la purga de tales elementos, las autoridades canadienses emplearon la llamada descaradamente “máquina de frutas”. Desarrollada por el psicólogo Frank Robert Wake, la máquina de frutas se sujetaba con correas a su sujeto y lo forzaba a ver porno gay mientras medía la dilatación de pupilas, pulso y transpiración, en búsqueda de una respuesta erótica.

Honestamente, suena como un modo horriblemente indirecto de buscar una erección.

Checoslovaquia era más directa, donde hasta 2011, las autoridades iban directo por el rabo para verificar afirmaciones de aquellos buscando asilo desde patrias menos amistosas con los LGBT. Antes que una corte de la U.E. fallara contra la práctica de buscar erecciones, las autoridades checas dependían de las pruebas falométricas, que básicamente consistían de hacer que los sujetos miraran porno gay con medidores de presión sanguínea atados con correas a sus serpientes de un solo ojo.

Fuente:

The Racist Pencil Test: 5 WTF Quack 'Tests' Humanity Devised