La portada de los diarios
La muerte de un señor desconocido, ocurrió en un momento desconocido, en lo que se rumoreaba era su casa. No a muchos les interesaba proponer ideas de cómo a un hombre solitario y pobre, sin familia dispuesta para llorar o para quejarse, sin enemigos dispuestos a ser sospechosos, podría morir de una forma tan horrible como esa. A mí, sin duda, terminó por llamamarme mucho la atención.
Para otros, sin embargo, era un trabajo descubrir la causa de su muerte y encausar al victimario. Y debemos sumarle mérito al hecho de que quienes consideraban la tarea de la investigación como su trabajo, debían además, convencer a la gente, de que conocer nuevas formas de asesinato, dar fama a las penas dadas a los culpables, crear un inmediato odio contra la paradoja ocurrida en la mala acción de la justicia, y solventar el discurso del presidente, era algo importante, y que de ninguna forma se debía poner en duda.
Esta noticia estuvo vigente en los diarios por un corto tiempo, y gracias a ella los kioskos del país se sacudían en ventas. Los diarios competían por atraer a más lectores con títulos emotivos; algunos extravagantes, otros algo surrealistas, pero en general, todos con un fuerte trabajo intelectual. Después de todo, debemos destacar que la muerte de aquel señor significó un mayor trabajo para los intelectuales y un tema de qué hablar por algunas semanas para los jubilados.
Antes de su muerte (y esto nadie lo sabe), el hombre habría escrito sus últimas palabras, solicitando que lo enterraran junto a su hijo, quien habría nacido con problemas para respirar. Lo más triste de esto, es que el pequeño estaba a instantes de ser salvado (no habría sido muy interesante, claro). Pero no hacían falta más que segundos, para que el atrayente título de un hombre solitario muerto, lo quitara de portada.
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