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Solos en la oscuridad

Foro: Literatura | 1 respuestas


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Red face Dixie | 18 jun 2011, 22:19 - Solos en la oscuridad

Aún no era de día cuando cruzamos el desfiladero, la muerte nos acompañaba y el odio hacía de guía. Atrás, dejamos familia, amigos y un lugar al que durante décadas llamamos “hogar”. Nada volverá a ser igual sin ellos.

El camino se hace duro, los guías nos dirigen por senderos estrechos y escarpados, comentan que es más seguro transitar por ellos que por las rutas comerciales. No interesa que nos vean, que sepan que estamos aquí, somos como fantasmas en la niebla; nuestro único enemigo por el momento es el ruido, el piso está cubierto de hojas secas, los árboles las han perdido, el bosque está desnudo, ni siquiera se oye el canto de los pájaros… este bosque no tiene vida, y nosotros sabemos el porqué.

Llevamos 4 días atravesando estas tierras, este bosque, con planicies y colinas, y no hemos encontrado a nadie aún; como si se los hubieran llevado a todos, hombres y animales, no han dejado a nadie atrás, sin testigos… mudos los árboles. El aire no es puro, está viciado el ambiente. Una ligera brisa nos ha acompañado durante todo el viaje, como un susurro... indescifrable.

No son las grandes batallas las que deciden la suerte de los pueblos, sino las pequeñas campañas que se centran en acabar con los enemigos que están ocultos.

Era sólo cuestión de tiempo... los nuestros siempre han temido la oscuridad porque desconocían lo que en ella se encuentra. Durante siglos, la mayoría de nosotros pensábamos que estábamos solos en esa oscuridad, acechando a nuestros adversarios, creyéndonos seres cuasi omnipotentes, pero no; descubrimos con horror que hay otras criaturas más terribles en la oscuridad y no precisamente de nuestro bando.

El ansia por querer conocerlos provocó el ocaso de nuestra civilización; nos convertimos en su presa, fuimos cayendo víctimas de su voracidad; los que sobrevivimos a la batalla final lo hicimos escondiéndonos, huyendo de ellos. Ha pasado el tiempo, nos dan por extinguidos, no existimos para ellos; están entretenidos ahora con los humanos, los dominan y los utilizan para enfrentarse entre ellos.

No hemos perdido el tiempo, nos hemos organizado, preparándonos para el combate. Y ese momento ha llegado, se cumple el tiempo de la venganza, de presentarles batalla, asaltando sus fortalezas, eliminando sus ejércitos; la sangre llama a la sangre. Es el destino... nuestro destino.

Esta vez no es como las otras escaramuzas, la oscuridad es mayor, todos la sentimos. Cuanto más poderosos sean más odio nos provocan, con más violencia y crueldad caeremos sobre ellos. No habrá piedad, desataremos el infierno.

Conocemos a nuestros enemigos, mientras muchos de ellos dirigen ejércitos de humanos al sur combatiendo contra otros de su misma especie, nosotros asaltamos las fortalezas de aquéllos que pretenden sumirse en letargos y pasar a un segundo plano en sus guerras.

Los más poderosos están en letargo, y son esos descuidados jóvenes los que comandan sus ejércitos. Cuanto antes nos libremos de las más antiguas criaturas, más fácil nos será acabar con todas las demás.


Un nutrido grupo de nuestros mejores hombres nos acompañan en esta misión, a la mayoría de los que forman el grupo los conozco de vista: delante de mí va Ozgrim, un tipo rudo donde los haya, de gran envergadura –como un oso- coincidí con él en la batalla del Vado, es una auténtica bestia con la maza. Luego está Rathdor, de los mejores arqueros que existen; está Ultax, con esa fea cicatriz que le cruza la cara, muy diestro en el manejo de hachas, martillos y demás armas contundentes. Derkin y Norak, hábiles con las espadas. Al hechicero resulta difícil no reconocerlo, arropado en su manto oscuro, la expresión de su gesto es desafiante, y ese tono de voz siseante provoca un aura de misterio y maldad cautivadores. En cuanto a Ruckhard, el que dirige la marcha… qué puedo contar, se le conoce por su frialdad a la hora de dar muerte a sus enemigos, porta una gran espada con un extraño filo negro, dicen que está maldita; al cinto lleva un látigo con el que la crueldad desata, y su casco es la calavera modificada de una criatura ya extinguida; sin duda nos conducirá a la victoria.

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Predeterminado Dixie | 18 jun 2011, 22:20 - Respuesta: Solos en la oscuridad

Avanza el día y nosotros con él; apenas hemos parado para almorzar, el mago nos ha metido prisa, interesa llegar cuanto antes a nuestro destino que parece no estar lejos donde nos encontramos. Ruckhard nos ha reunido a todos y nos ha informado de que nuestra misión tiene como fin un noble que se aloja en un pequeño castillo en ruinas.


Apenas habíamos avanzado con los caballos unos metros, Koldûm, el mago, ha hecho una indicación para que nos detuviésemos; se le nota nervioso como si intuyera que el peligro se acerca.
- ¿Cuántos y por dónde? –pregunta Ruckhard- a la vez que ordena a los demás descabalgar.
- Se están acercando, a un par de leguas el primero. Vienen en nuestra dirección, nos saldrá al paso en breve, el otro viene más rezagado… son grandes.

Ruckhard organiza a su gente: Ultax y cuatro más desaparecen por el costado izquierdo; por el derecho Derkin, Norak y otros cinco hombres desaparecen entre los árboles; a la vez que Ozgrim y no menos de diez soldados empiezan a cavar lo que es una especie de agujero a nuestra espalda; mientras que los guías se hacen cargo de los caballos ocultándolos a la vista. El hechicero con visibles signos de preocupación interroga a Ruckhard:
- ¿Has perdido la cabeza? ¿acaso pretendes capturar a una de esas bestias?
- El miedo sólo hará que te cueste más concentrarte, debieras de respirar hondo y tratar de calmar tu ira. Memoriza bien tus hechizos y procura serenarte.


Les ha llevado relativamente poco tiempo hacer la zanja, tendrá algo más de cinco metros de profundidad y otros cinco de ancho, es grande; ahora están colocando palos afilados en el fondo y pronto la cubrirán con ramas y hojas… la trampa está hecha. Ya sólo falta el cebo.


La disposición táctica hace que a unos cincuenta pies de distancia se encuentre la primera línea, compuesta en su mayoría por arqueros y hasta algún lancero. La segunda línea apenas a 10 pies de diferencia, ahí están Ruckhard, Ultax, Derkin, Norak y tres más cubriendo todos los flancos. Tras ellos está la trampa y a continuación nosotros; el mago tiene varios pergaminos asidos en la mano que, espero sean poderosos. Más atrás se encuentran los guías guardando los caballos.


Los perros han comenzado a ladrar, los gruñidos se dejan de escuchar tras lo que parece ser el grito de guerra de la bestia, algo se mueve a lo lejos, tiene una forma oscura, apenas logro distinguir su apariencia. Una lluvia de flechas surca el aire, pero la bestia apenas se inmuta, incluso hace que galope más fuerte, se nos acerca… nos va a embestir. Otra nueva descarga y como si nada, la bestia sigue su trayectoria. Junto a mí, el mago sigue imperturbable, musitando sonidos en un lenguaje extraño.


Se alza sobre sus patas traseras… y lo veo en toda su amenaza, se trata de un cambia-formas, una gran mandíbula da paso a una hilera de colmillos puntiagudos, la frente es ancha, dos cuernos pequeños coronan su cabeza; grandes y musculados brazos que acaban en unas prominentes garras afiladas son sus armas, y su tamaño hace pequeña nuestra trampa, no nos sirve.


Nada más ponerse a dos patas, ha realizado, hábilmente, un gran salto que, tomando por sorpresa a la primera línea ha aplastado a uno de los arqueros así como atrapando bajo sí a otros dos, a los que ha despedazado apenas moviendo una de sus zarpas. Los gritos de horror invaden el bosque, dos arqueros tratan de alejarse de la bestia pero cuando le dan la espalda uno de ellos es atravesado por sus garras, al otro le ha arrancado la cabeza con las otras; realiza dos ataques de cada vez.


Veo a Ultax descargar su poderosa hacha en una de las patas del monstruo, a la vez que Derkin y Norak con sus espadas frenan su ataque. Ruckhard lo flanquea y le hace un buen tajo a la altura del hombro, el monstruo se resiente. Ozgrim desde lo alto de un árbol maza en mano salta y le asesta un duro golpe en la cabeza a la bestia que tras, unos breves instantes cae muerta al suelo.

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