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UnoI. Uno es uno, no más; ni dos ni tres. Uno es único y solo, singular y exclusivo. Su sitio es un lugar del ahora, no de antes ni después. Uno tiene una casa y una vida, un oficio y ... |
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I.
Uno es uno, no más; ni dos ni tres. Uno es único y solo, singular y exclusivo. Su sitio es un lugar del ahora, no de antes ni después. Uno tiene una casa y una vida, un oficio y un nombre. Su destino no es el mismo que toca a su vecino ni su suerte se da en igual medida. Uno a veces se siente menos que uno. Uno a veces se siente más. Sí, pero uno menos, al menos, siempre es cero y uno más nunca es uno, sino “alguno”. Uno puede ser “unos”, eso sí. Uno puede ser varios “unos” juntos (aunque nunca sus múltiples asuntos lograrán un asunto ser así). Ciertas cosas intrínsecas lo rigen: la facciones del rostro, los proyectos a futuro, los vicios predilectos, el pasado, las fobias, el origen… Sin embargo, uno puede unirse a otros; y “uno” y “otros” son “unos” y son “todos”. Y aunque siempre “uno” son, de todos modos uno puede llegar a ser “nosotros”. Uno sabe que es “uno”, y “uno” es poco frente al mundo. Por eso es que se hermana a otros “unos”. De allí las voces “pana” y “familia” y “che” y “sangre” y “cuate” y “loco”. Uno sabe valerse del amigo para hablar en dos tiempos. Uno tiene que saber, además, que le conviene habituarse a decir: estoy contigo. Uno no es, pese a todo, muy honesto; es amigo de “aquél” que bien le miente a su vez. Y así van entre la gente definiendo a los otros como el “resto”… Unos y otros procuran no ser parte de ese “resto” al que forman “los demás”. Los demás ni se ofenden, y además se autonombran “nosotros” por aparte. Pero en fin, uno es uno de “nosotros”. Uno sabe y decide que jamás ha de ser uno más de “los demás” y desdeña el “nosotros” de los otros. De “nosotros”, entonces, nadie es más, ni lo mismo, ni menos… Y no obstante, uno es “alguien” que de “algo” es ignorante: uno es otro de todos los demás. II. Uno tiene una voz. Uno usa esa voz para decir a otros lo que piensa, lo que quiere, lo que no quiere. Uno dice y sabe que todos los demás dicen y saben que dicen. Uno dice que sabe porque sabe lo que dice, pero no sabe por qué los demás dicen que uno no sabe lo que dice y uno dice, entonces, que aquéllos dicen pendejadas. Uno se manifiesta con cada palabra que sale de su boca. Uno se expresa, se representa, se expone, se pierde y, en pocas ocasiones, se encuentra. Uno quiere decir y a veces no puede. Uno quiere callar y nunca lo logra. Pero lo que sí ocurre siempre es que uno no se escucha diciendo, expresándose, exponiéndose mediante su propia voz. Todos dicen muchas veces lo mismo, pero nadie deja de decirlo para escucharlo. Entonces se desata la gritería, el mundo se vuelve un caos y todos se agarran a golpes. (En eso consiste la historia.) Y después, cuando la última voz ha sido barrida del aire, uno mira en torno suyo, nota que ya nadie discute, que todos han caído, y uno no sabe qué decir. III. El número de sonetos posibles de escribir es finito. P. D. Ahora son uno menos. IV. Uno es alguien que en muchos poco importa. Uno es algo que en todo nada mueve. Uno es uno de tantos, una leve bagatela que al mundo poco aporta. Uno es menos que el riesgo que comporta, tan voluble como eso que se atreve a planear. Uno parte de lo breve y a menudo a lo breve se reporta. Uno es un poco más que casi nada en la línea del tiempo. Pero cada uno tiene un momento y un motivo. Sin embargo, cuando uno trata de ir a ese sitio al que llaman “Porvenir”, nadie sabe por qué no llega vivo. V. La radio prodiga día y noche noticias de todos tipos y niveles. “…de manera que el Congreso aprobó la ley que permite…” “…y no se sabe qué hacer con los inmigrantes indocumentados que…” “…se ha dispuesto que el próximo torneo comience…” “…la caída en el índice de inversiones extranjeras comprueba la…” “…y la canción que ocupa el primer puesto en la lista del hit parade es…” ¡Chale! ¡A mí no me late esa rola! Si por mí fuera, todas las rancheras se irían al caño. Uno escucha la radio, ve la televisión, lee el periódico, hojea las revistas, mira los espectaculares, checa el menú… Siempre falta o sobra algo, siempre existe un “casi” o un “pero”, siempre resulta todo diferente a como uno imaginó. “…y todos dicen que la mejor canción es…” ¿Por qué nadie le pregunta su opinión a uno? ¿Por qué nada es como uno preferiría? ¿Por qué nunca se le hace caso a uno? Quizás porque uno solamente es uno, y entre tantos que componen este inmenso mundo en el que opinan todos, lo que uno pueda opinar sencillamente viene valiendo madre. VI. El número Uno se usa para muchas cosas. Por ejemplo: 1. Para iniciar una lista numerada. 2. Para señalar al más sobresaliente en cierta actividad. 3. Para jugar con el “Yo” en tercera persona. 4. Para precisar que algo es menos que dos y más que cero. 5. Para aplicarlo al concepto de “Encendido”. 6. Para que la palabra “Ayuno” tenga rima. 7. Para elaborar una frase de espadachines. 8. Para colocarlo en la primera página de un impreso. 9. Para designar el primer paso en un programa. 10. Para formar la cifra del Diez. 11. Para formar la cifra del Once. 12. Para iniciar un check sound. 13. Para titular tangos. 14. Para inventar poemas. 15. Etcétera. Uno nunca vale más que Uno y si a uno se le agrega otra cosa siempre deja de serlo para convertirse en otro número. El número Uno debería usarse sólo para una cosa. Más de una ya son demasiadas para que un solo número cargue con ellas. VII. Uno es un tiempo a la espera de un momento, un espacio alojado en un lugar, una gota adelantada a la lluvia, una estrella extraviada de la noche. Uno es un sueño soñado por error, una equivocación del pasado próximo, un riesgo calculado. Uno es la prueba del escaso talento de Dios, el supremo testimonio de la ingenuidad humana, la mejor excusa de la naturaleza. Uno es el resultado de que también los demás sean, invariablemente, uno. VIII. Uno corre demasiados riesgos para ser únicamente uno. Uno corre el riesgo de mirar la vida y no vivirla, de soñar mucho y quedarse a deber sueños, de volverse otro más de su propio pasado, de hacer famoso a su futuro baldío. Uno corre el riego de encontrarse y no saber en dónde, de ser capaz de verlo todo y no poder ver sus propios ojos, de conseguir algo y no saber para qué usarlo, de aprender, un día, a contar sólo hasta Uno. Uno corre el riesgo de nacer y dejar de hacerlo cotidianamente, de olvidarse de su cita con la muerte, de pensar que el tiempo es algo que se cura con el tiempo. Uno corre el riesgo de viajar, de tomar fotografías, de componer canciones, de escribir poemas y creer que eso sirve para algo. Uno corre el riesgo de tener corazón, sangre, cabeza, manos, pies; de sentir cansancio, pena, ira, alegría, envidia, tristeza; de tener esperanzas, objetivos, recuerdos, actividades, antecedentes; de querer; de pensar; de hablar… Uno corre tantos, tantos riesgos que tarde o temprano terminan matándolo a uno. (La vida de uno sería eterna si no existieran esos riesgos.) Y no obstante, hay algo que puede salvar a uno de todo: si uno dejara de pensar únicamente en uno, uno puede, un día, convertirse en dos.
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Antes, y durante algún tiempo, busqué afanosa e ingenuamente ser original. Todo terminó cuando descubrí que muchos buscaban lo mismo. |
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