#5: Thor.



Aunque la primera aparición de Thor nos lo mostraba expulsando a la típica amenaza alienígena, la segunda lo vio dirigiéndose a la nación sudamericana de San Diablo, donde el inicuo Camarada Ejecutor (nombre real: Santiago Chávez Rivera) había estado destruyendo envíos humanitarios de EE.UU. y ejecutando disidentes.

Tras derrotar al ejército del Camarada Ejecutor y hacerlo ejecutar por sus colegas comunistas, Thor se dirigió a su siguiente aventura: una pelea a bofetadas con Loki y una rápida visita al futuro. Pero, cuando regresa, infiltra la Rusia soviética para rescatar a un grupo de científicos estadounidenses encarcelados y enviar a esos sucios soviéticos directo al Infierno.

Después se enfrenta a un espía comunista que buscaba incitar al caos entre los obreros de producción estadounidenses, antes de enfrentar al Partido Comunista de China y a un facsímil de Mao. Esa historia termina con Thor (no es broma) atrapando al Hombre Radiactivo en un tornado y dejándolo caer en China como si fuese una bomba atómica.

El canto del cisne capitalista de Thor vino en 1965, cuando, estando detenido al estilo Rambo por el Viet Cong mientras salvaba a campesinos de Charlie, Thor humilló a su captor hasta que cometió suicidio.

#4: Buck Rogers.



El creador del comic original, Philip Francis Nowlan, necesitaba un buen villano, así que se aprovechó de la creciente xenofobia contra los inmigrantes asiáticos. Sus chicos malos chinos futuristas (conocidos intercambiablemente como Mongoles y Hans) eran caricaturas despiadadas lideradas por un caudillo espacial responsable de diezmar a los Estados Unidos.

Buck era presentado como un héroe que buscaba liberar a los antiguos EE.UU. de esta raza siniestra, esperando eliminar a la “plaga mongol” entero de la existencia.

Hostiles a la inmigración (y al mestizaje en particular), las tramas racistas de los comics subsistieron durante años, hasta que apareció Flash Gordon y la competencia con este personaje forzó a los escritores a inventar material nuevo.

#3: Mowgli.



Probablemente conozcas la frase “la Carga del Hombre Blanco”, que se refiere a la opinión de antaño de que es la responsabilidad del hombre blanco arrastrar a los salvajes gritando y pataleando a la modernidad, aunque sea matándolos. Lo que puedes no saber es que la frase fue acuñada por Rudyard Kipling, el autor de El Libro de la Selva.

Revisar el clásico original con eso en mente le da a la historia una connotación totalmente perturbadora. El tema principal de El Libro de la Selva y su continuación es algo a lo que Kipling se refiere como “la Ley de la Selva”: básicamente, un código moral que le permite al niño protagonista, Mowgli, legítimamente dominar a los animales inferiores.

A propósito, Kipling era un apólogo del imperialismo británico. El imperialismo y la Ley de la Selva son conceptos íntimamente relacionados, ambos incuestionablemente necesarios en un mundo donde, sin aquellos con la inteligencia superior, los nativos rápidamente degenerarán a un estado donde lo único que harán será acribillarse entre sí con popó.

#2: Tintín.



El primer volumen de Tintín de Georges “Herge” Remi, Tintín en la Tierra de los Soviets, comienza con el periodista adolescente no sólo inculpado de asesinato por la OGPU (la precursora de la KGB) sino casi asesinado por un pelotón de fusilamiento de esta. La visión de Herge de la cultura soviética los tiene quemando paja y golpeando metal para hacer que fábricas inoperables parezcan productivas, torturando a todos hasta por infracciones menores y matando de hambre a los campesinos por sólo pasarles comida a sus matones armados.

Si exponer los horrores desenfrenados de la Unión Soviética parece como un extraño primer trabajo para el belga más amado del mundo, demos un paso atrás y examinemos las circunstancias que dieron a luz a Tintín. A finales de la década de 1920, Herge trabajaba en Le Vingtieme Siecle, un periódico católico que era conocido por ser “conservador, antibolchevique y muy religioso”. Fue allí que el editor del periódico (el Padre Norbert Wallez, un hombre que guardaba una fotografía autografiada de Mussolini en su escritorio) encargó a Herge la creación de una tira cómica serializada para el suplemento para niños del periódico. Así que quizá no sea sorprendente que la primera aventura de Tintín estuviese diseñada específicamente para exponer a los jóvenes belgas católicos de inclinaciones fascistas a las atrocidades de los bolcheviques.

Un Herge más viejo y maduro se distanció de las simpatías fascistas de su juventud, y Tintín en la Tierra de los Soviets es el único volumen de su catálogo que se negó a reeditar en color. Para que pongan esto en perspectiva, hasta las racistas aventuras de Tintín en el Congo fueron reeditadas en color.

#1: Anita la huerfanita.



Anita la huerfanita empezó como una tira cómica firmada por Harold Gray, quien odiaba al Presidente Franklin D. Roosevelt. El New Deal de Roosevelt (una serie de programas públicos emitidos por el gobierno de EE.UU. para sacar al país de la Gran Depresión) era la mismísima antítesis de la ideología de Gray. Obviamente, el mejor modo de combatir el azote demócrata que asolaba la nación era escribiendo una tira cómica sobre un niña con ojos en blanco y su perrito.

Daddy Warbucks, la figura paterna y guardián legal de Anita, era el prototipo del héroe estadounidense según Gray. El odio de Warbucks hacia la interferencia gubernamental y programas de seguridad social parece salido de una novela de Ayn Rand, sólo que ligeramente más realista.

Las opiniones estridentes de Gray eran tan transparentes que los periódicos ocasionalmente se negaban a imprimir su trabajo. Interesantemente, cuando la tira cómica fue adaptada en el famoso musical de Broadway, los responsables le dieron a su mensaje político un giro de 180° al decir que fue Anita la que inspiró el New Deal. El karma es una perra, ¿no?