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5 Personas cuyos Hobbys se comieron sus Vidas

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    HUNTER Avatar de Karakorum
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    Unhappy 5 Personas cuyos Hobbys se comieron sus Vidas


    #5: Dillon Griffith.

    Dillon Griffith no es la primera persona en construir su propio barco. Pero mientras la mayoría se contenta con zurcir junta una pila de madera y rezar al Dios del Cielo que el Dios del Atún no los haga desaparecer para un matrimonio forzoso con Aquaman, Griffith fue y se construyó una monstruosidad de acero y electricidad de 64 pies y 40 toneladas a la que apodó la “Rosa Mística”. Le tomó 38 años y costó aproximadamente 2 millones de dólares para completar.



    Naturalmente, lo hizo para ganar dinero.

    Fue inspirado para construir su propio barco gigante en 1977, después que alquilar su primer barco menos gigante para viajes de pesca no le ganó ningún dinero. Tras concluir que esto era porque su galera era demasiado pequeña para permitir una pesca verdaderamente hardcore, se dispuso a construir su propio barco de pesca gigantesco. De ese modo podría alquilar a más gente para más viajes y hacer más dulce, dulce dinero de caballas.

    Recuerden: gastó 2 millones de dólares para llegar allí.

    También le tomó 38 años para terminar, porque Dillon Griffith no es un constructor profesional de barcos enormes. Lo que es más, eventualmente se mudó lejos del océano a un área rodeada de tierra, pero continuó construyendo su barco. Eso es como mudarse al Valle de la Muerte y tratar de construir tu propia pista de hockey sobre hielo. Oh, y el proyecto casi lo mató, y no del típico modo “oh, todo este trabajo duro está matándome”. No, más como una grúa que cayó sobre él y destrozó su cuerpo. Ese tipo de muerte. También, un cilindro de 11 libras una vez rompió su cuello. Después de eso, probablemente fue menos un trabajo de amor y más uno de obstinación pura. Vio un barco que firmemente rechazaba ser construido y él lo miró directo a su portilla incrustada de percebes y dijo “jódete, serás construido”.

    Y lo construyó: tras casi 40 años de días de trabajo solitario de sol a sol, el barco está listo para zarpar. Finalmente, como Griffith dice, “haré dinero y nunca más tendré que preocuparme”.

    Claro, todavía está el problema de llevar el barco al mar, ya que vive lejos de este y toda la cosa. Estima que le costará unos 55,000 dólares extra hacer que lo remolquen allí, ¡pero entonces seguramente hará dinero! Creó un GoFundMe para cubrir estos costos finales, así que siéntanse libres de ayudarlo si lo desean. Casi está allí; sólo necesita un pequeño empujón para atravesar esa línea de meta.



    #4: Agustín.

    Como tantos niños de antes de la década de 1950 (y de después de la década del 2020, cuando la Presidenta McCarthy ordene que todas las vacunas sean arrojadas en ese hoyo donde apilamos esos juegos del ET de Atari) un hondureño conocido simplemente como Agustín contrajo polio. Ha sido incapaz de caminar desde entonces.

    El joven Agustín soñaba con ser un piloto, así que ha estado los pasados 50 años construyendo un helicóptero de basura. Esto a pesar de saber precisamente mierda sobre helicópteros aparte de “existen”. E insiste que el suyo volará, a pesar de nunca haberse acercado siquiera a hacer eso.


    Agustín comenzó este proyecto en 1958, pensando que sólo le tomaría 3 meses porque que es un helicóptero comparado con un auto de cajas de jabón o un sándwich de pavo casero. Así que ya tenemos un adulto convencido de que podía construir un helicóptero funcional, él solo, en 3 meses. Erró en ese plazo por unos meros 573 meses, porque, de acuerdo a él, “las cosas continuaron complicándose”. Las grandes máquinas voladoras que típicamente requieren un equipo entero para ensamblarlas tienden a ser de ese modo, sí.

    Pero todavía persevera, jugando con su helicóptero diariamente, todo él solito. Reúne trastos, basura y partes sobrantes cuando sea que los encuentre y los ensambla todo él solito: hasta las cadenas del propulsor son hazlo-tú-mismo. Es estupendo, pero también es Fallout 4: La Edición Más Triste de Todas. Y queremos decir que encuentra estas partes donde sea: por años, Agustín usó una vieja y desvencijada silla de ruedas, hasta que sus amigos y familia le compraron una nueva, reluciente y funcional, directo de los Estados Unidos… que inmediatamente desensambló por partes de helicóptero.

    Si esto fuese simplemente arte de performance, sería una cosa. Pero Agustín todavía cree, y probablemente continuará creyendo hasta su último día, que su pila de basura literal será visitada por el Hada Azul una noche y se convertirá en un helicóptero real. Admite voluntariamente que “luce como una caricatura de un helicóptero” pero de algún modo no comprende que eso es exactamente por lo que su única esperanza de volar es la misma que la nuestra: aborda un avión, emborráchate con vino barato y deja que alguien que sepa lo que está haciendo te ayude a pasear por el país.

    #3: Ken Imhoff.

    ¡Hey, veamos 1/27 de una película!


    Esa es la intro de Cannonball Run y hasta los que no sean aficionados a los autos pueden ver que es genial, como lo es el Lamborghini Countach Tara Buckman que aparece. Ken Imhoff ciertamente concuerda, pero a diferencia de nosotros el filme no lo inspiró a beber vergazos de cerveza y fantasear que el Buckman fríamente se reía de ti si osabas acercártele. En su lugar fue inspirado a construir su propio Countach. De madera. Y no sólo algún bonito modelo para su mantel. Iba a construir un Lamborghini de madera de tamaño natural, motor y todo, e iba a conducir a ese hijo de puta.



    Tal vez bebió vergazos de cerveza después de todo.

    Como la mayoría de la gente que no sabe lo que está haciendo pero echando a perder aprende, Imhoff imaginó que su proyecto “Toro en el Sótano” no tomaría mucho: 5 años, máximo. Le tomó 17, la duración literal de la niñez. Esa es una analogía apropiada, a propósito, ya que se perdió mucho de las niñeces de sus propios hijos mientras estaba encerrado en el sótano lijando, puliendo, cagándola, rehaciéndolo, lijando y puliendo de nuevo.

    Para el 2007, su Arbolghini finalmente estaba terminado y listo para desvelarse. Excepto que no podía sacarlo de su sótano, ya que los sótanos no tienen puertas de garaje. Así, Imhoff hizo la única cosa lógica que podía hacer: le pagó a un tipo para que cortara un hoyo enorme en su sótano, cavara una rampa de tierra y remolcara al auto fuera del sótano y hacia la luz.

    Eventualmente le dio suficiente potencia para pasear por la cuadra, llevar a sus hijos a la escuela y atraer unas pocas termitas. Pero, tras 5 años, Imhoff decidió vender. Afirmó que el mantenimiento era demasiado; todo ese abrillantador de madera te repele, pero presumiblemente también amaría recuperar algunos de los “inimaginables extremos [financieros]” a los que su Chistecito de Cannonball lo sometió a él y a su familia entera. Al menos sabemos que no intentará nada tan tonto de nuevo.

    Oh espera, no. Inmediatamente comenzó a trabajar en un Studebaker Hawk de madera. Chéquennos de nuevo en 20 años para una actualización.

    #2: Paul MacLeod.

    Si Graceland es Superman, Graceland Too es un plagio de mierda de Bollywood protagonizado por algún imbécil bailarín en andrajosos pijamas azules.

    Después de todo, Graceland es un inmenso y multiacres producto del amor, justo en la enorme, espaciosa y lujosa propiedad del Rey. Graceland Too, mientras tanto, era una choza de 2 pisos en Mississippi cuyo dueño, un fanático de Elvis llamado Paul MacLeod, llenó con recuerdos al azar de Presley hasta el punto de ser una amenaza de incendios literal.



    MacLeod comenzó a coleccionar cosas de Elvis de niño y no se detuvo por 60 años. Lo tenía todo: discos de Elvis, alfombras, recortes de periódicos, cortinas, teléfonos, árboles navideños y hasta su puto boletín de calificaciones de la secundaria. E insistía que hasta el último artículo era real, explicando que “si no lo es, te doy permiso para tomar una escopeta, recortar el cañón y dispararle en las cabezas a mí y a mi familia”. Eso probablemente no sea suficiente para que una corte absuelva a quien sea que realmente lo haga, pero ciertamente es una garantía de satisfacción del consumidor más chingona que “reembolsaré los 5 dólares que pagaste para ver un frisbee de Elvis y Jesús”.

    Convertir la pocilga de alguien en un espeluznante y abarrotado relicario dedicado a una estrella de rock hace mucho tiempo fallecida sería bastante raro, pero MacLeod lo llevó a niveles superhumanamente locos al darle la bienvenida a invitados las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Recuerden: este era su hogar, pero si unos chicos de fraternidad borrachos querían checar la orgía cerámica-terciopelo más grande del mundo a las 3 AM, y tenían el dinero, MacLeod felizmente les daría el grand tour. Esto era en parte porque MacLeod era un uber-adicto a la cafeína (afirmaba que se tragaba 2 docenas de latas de soda al día) y en parte porque estaba literalmente loco.

    ¿Qué pensaba su esposa de todo esto?, preguntarás. Quién sabe. De acuerdo a MacLeod, ella le dio el ultimátum de “soy yo o Elvis” y él escogió a Elvis. Que tal su hijo, ¿qué piensa él? No lo puedo decir con seguridad (no conozco al tipo personalmente) pero supongo que Elvis Aaron Presley MacLeod fue condicionado desde una temprana edad para estar totalmente de acuerdo con todo esto.

    Como es apropiado para un hombre que adoraba a un loco por las armas, MacLeod le disparó y mató a un hombre en 2014, afirmando que intentaba robar. Nada le sucedió a MacLeod, pues de inmediato murió un día después. Fue considerado causas naturales, o tan natural como cualquier hombre que bebía nada excepto soda las 24 horas del día, los 7 días de la semana pueda morir. En cuanto a sus toneladas y toneladas de baratijas de Elvis (además de una silla eléctrica que no funciona, para variar), fueron subastadas poco después. Eso debió haber alcanzado millones, ¿no? ¡Son todas cosas del Rey, después de todo!

    No. Prueben con 54,500 dólares. Para todo eso. 60 años de coleccionismo psicóticamente obsesivo, completo con un matrimonio roto, y el valor final fue menos que el de un Cadillac rosa usado. Aparentemente estas cosas pierden valor una vez que las sacas de la caja.

    #1: Kathleen Droll.

    Kathleen Droll tenía un sueño: no la paz mundial o ver a Billy Joel en vivo, sino criar a una niña muy femenina. Desafortunadamente para ella, su única hija, Dina, era una marimacha, con ningún interés en muñecas, casas de muñecas, vestidos con encajes, la menstruación o presumiblemente ninguna de las otras cosas a las que las chicas les van en teoría.

    Una vez que Dina creció y se mudó, Droll recurrió a la construcción de casas de muñecas como un modo de canalizar sus frustraciones porque se le negara la más rosada de las líneas de tiempo. Y era… genial en eso. Miren esta cosa, que le tomó a Droll décadas para ensamblar, y díganme que no es la más asombrosa casa de muñecas que hayan visto.



    Hasta el último detalle de esta casa de 3 pisos y 3 dormitorios está perfectamente modelado y es perfectamente funcional. Hay un armario lleno de comida falsa, junto con detergente de lavandería, un comedor totalmente servido, un canalón de jardín perfecto para fotos, todo el mobiliario que una familia de porcelana en crecimiento necesita, un adorable perrito y hasta un desorden cuidadosamente puesto en los pisos. Usualmente las personas así de obsesivas con los detalles tienen cotos de caza que sólo logras ver una vez.

    Aquí está un close-up del lavabo del baño. Tengan en mente, este todavía es el baño de una casa de muñecas. No me escabullí en tu casa y fotografié tu baño mientras dormías. Que tú sepas.



    Diseñó toallitas diminutas. Diseñó bolas de algodón diminutas. Diseñó dentaduras diminutas. Hasta hizo tacitas diminutas. Claramente, Kathleen Droll había encontrado su verdadera vocación en la vida… con la que procedió a hacer absolutamente nada. Como muchos artistas atormentados antes que ella, Droll invirtió años un arte increíble que no le interesó un mierda explotar. Era todo sobre su expresión privada y no los millones que pudo haber hecho diseñando estas cosas para blockbusters de Hollywood (o pornos basadas en Campanita, lo que sea que pague mejor).

    Droll murió hace un tiempo, habiendo legado su arte a nadie. Cuando su hija, Dina, vino a la casa de su madre para ordenarlo todo, se tropezó con esta asombrosa casa de muñecas y más o menos reaccionó con “cool”. A Dina todavía no le gustan las muñecas o las casas de muñecas, y definitivamente no le gustan cuando son gigantes y ocupan precioso espacio en su casa. Pero no puede tirarla a la basura, porque es el trabajo de la vida de su mamá… además, no está ciega así que puede notar que es básicamente la casa de muñecas más grandiosa de todos los tiempos. Pero eso no significa que la quiera.

    Le gustaría venderla pero no está dispuesta a trabajar tiempo extra para publicitar la cosa. Hasta donde sé, todavía está esperando que su billetera en una reluciente armadura golpee a su puerta, arroje un puñado de joyas a su paso, tome la casa de muñecas y se vaya. Asumo esto porque, cuando investigaba esta historia, obtuve exactamente un resultado, de 2010:



    Ningún artículo de seguimiento en 6 años casi seguramente equivale a una mujer adulta todavía atascada con una casa de muñecas gigante, psicóticamente detallada y digna de Hollywood que no puede vender y con la que no quiere hacer nada. Al menos nunca la querrá para bolas de algodón.

    Fuente:

    5 People So Blinded By Their Hobbies They Forgot To Live | Cracked.com

    Última edición por Karakorum; 23/06/2016 a las 00:55

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