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7 Pasatiempos de Antaño que te provocarán Pesadillas

  1. #1
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    Unhappy 7 Pasatiempos de Antaño que te provocarán Pesadillas


    #7: Hacer fiestas para ver explosiones nucleares.

    Si el gobierno anunciaba que iba a detonar una bomba atómica a sólo una hora de distancia de tu hogar, suponemos que al menos le harías una enojada llamada telefónica a tu congresista y planearías estar fuera del pueblo ese día. Lo que probablemente no harías sería agarrar una silla de jardín e ir a ver la nube de hongo.

    Y cuando el Presidente Truman aprobó el abrasamiento repetido del rostro de la Madre Tierra misma a sólo 65 millas al noroeste de Las Vegas a finales de 1950, ¿cómo piensas que Las Vegas reaccionó a la noticia? ¿Se encerraron en bunkers? ¿Tomaron sus fichas, se metieron en sus autos, y continuaron manejando hasta llegar a Delaware? ¿U organizaron fiestas para ver bombas atómicas y usaron toda la cosa como una excusa para tener aun más bebidas, apuestas y sexo?



    Tomando ventaja de una masiva campaña publicitaria gubernamental promoviendo sus actividades de pruebas nucleares, los residentes y oficiales no dudaron ni un poco en re-apodar al pueblo “Ciudad Atómica”. La cercana prueba nuclear fue publicitada como sólo otra atracción turística de Las Vegas. Coristas lucían trajes de baño de nubes de hongos. Los visitantes curiosos se apiñaban tan cerca de las explosiones como podían sin temor que el tiro les saliera por la culata, y muchos hoteles realizaron “fiestas de bombas al amanecer” donde los juerguistas bebían toda la noche mientras esperaban que las detonaciones iluminaran el cielo en un despliegue de fuegos artificiales apocalípticos.


    Esta es Miss Bomba Atómica 1957. Y no, eso no era broma.

    Desafortunadamente, todo lo bueno tiene que llegar a su fin, y cuando “los que estaban a favor del viento” comenzaron a quejarse de los efectos nocivos de toda la maldita lluvia nuclear, marcó el comienzo del fin de la fiesta atómica de la Ciudad del Pecado. Las pruebas nucleares fueron enviadas bajo tierra en 1963, y eventualmente el sitio cesó las pruebas del todo.

    No dicen si la locura atómica de Las Vegas sólo desapareció silenciosamente o si despidieron la era con un bang final, pero vamos a asumir que la celebraron del mismo modo que los oficiales militares celebraron el fin de la “exitosa” paliza atómica del Atolón de Bikini durante la Operación Crossroads en 1946: con un delicioso pastel con forma de nube de hongo. Que nunca se diga que el Hombre no sabe como celebrar la capacidad de la humanidad para desatar destrucción horrorosamente semi-divina con clase.



    Pero al menos sólo estaban viendo armas de guerra siendo probadas. No es como que la gente solía sentarse y ver batallas reales tomar lugar…

    #6: Hacer picnics en campos de batalla de la Guerra Civil.

    Al principio de la Guerra Civil, había una creencia bastante dominante entre los norteños de que la guerra iba a ser rápida. Sí, los sureños estaban a punto de ser pulverizados bajo las pesadas mochilas de las todopoderosas fuerzas de la Unión… y Juan Pueblo y la Mariya no sólo iban a ir allí y verlo suceder, querían hacer una velada de esto.



    Verás, mientras las tropas de la Unión se aproximaban a lo que sería la Primera Batalla de Bull Run, eran “seguidas por cientos de civiles, carreteros, congresistas, y sus damas”. Esta muchedumbre de groupies de la carnicería vino en sus mejores galas, empacando cestas de picnic y anteojos de ópera, así ganándole a Bull Run el apodo de la “batalla del picnic”. La atmósfera era exactamente como la de un evento deportivo moderno, excepto por las explosiones y entrañas volando en todas direcciones dentro de una distancia algo observable.

    La mañana fue a las mil maravillas para el Norte, y la multitud lo estaba sintiendo totalmente… hasta que los refuerzos confederados llegaron. Los espectadores descubrieron cuan rápidamente puede volverse las mareas de la guerra cuando fueron rápidamente barridos por una ola de soldados de la Unión gritando “¡váyanse, váyanse, estamos acabados!” Los festejantes rápidamente pasaron de visiones de una victoria impecable a un muy real correr por sus vidas. Muchas cestas de picnic buenas fueron trágicamente pisoteadas ese día; mucho pollo frito lamentablemente no fue comido.

    Asombrosamente, sólo un civil fue matado en la batalla, pero en un desafortunado/hilarante grupo de circunstancias, el congresista de Nueva York, Alfred Ely (uno de los más ruidosos proponentes de presionar la ofensiva de la Unión, con sus gritos de “¡A Richmond!”) accidentalmente fue capturado por la Octava Infantería de Carolina del sur durante la refriega y pasó los siguientes 6 meses pudriéndose en una prisión de Richmond.

    #5: Visitar la morgue pública de París.

    Digamos que eres algún tipo de oficial pomposo en la versión de mediados del siglo XIX de una gran ciudad como, digamos, París, y están apareciendo más cuerpos de lo que puedes hacer con ellos. ¿Cómo manejas esta situación?

    Te diremos como lo manejaron: construyeron la Morgue de París muy cerca de la Catedral de Notre Dame, edificaron un cuarto refrigerador con muros de vidrio, y apoyaron todos los muertos en losas para que el público general pudiese mirar tontamente su muerte general.



    La idea, supuestamente, era que el público pudiese ayudar a identificar los cadáveres desconocidos, que era la versión de antaño de las pruebas de ADN. Por eso es que puedes ver las ropas de los muertos colgando tras ellos en el dibujo de arriba. No obstante, la morgue pública era visitada por hasta 40,000 personas cada día (alrededor de las mismas que Disneylandia), y estaba claro que, como, 2 tipos realmente vinieron a hacer eso… lo que comenzó con intenciones prácticas pronto se metamorfoseó en un auténtico fenómeno social, con montones de parisinos y turistas, jóvenes y viejos por igual, reuniéndose en la morgue día tras día para admirar las últimas adiciones.

    La morgue llegó a las guías oficiales de la ciudad y era tan popular con los locales que un periódico reportó “sería difícil encontrar un parisino, nativo o trasplantado, que no haga su peregrinaje”. Los visitantes hasta tenían un apodo para los cadáveres exhibidos (macabeos) y no estamos seguros si hace más o menos desagradable que estuviesen mirando los cadáveres (a veces desnudos) en variados estados de descomposición como algún tipo de exhibición de bellas artes.

    Tras disfrutar de medio siglo como el punto caliente más frío de París, la morgue finalmente fue cerrada al público en 1907 cuando se dieron cuenta que, mierda, cosas como libros y teatros existían.

    #4: Coleccionar asesinos como figuras de acción.

    Hasta a los londinenses de la era victoriana les gustaba coleccionar figuras de acción, así que no es totalmente triste que tú pagaras 150 dólares por esa estatua del perro de Mega Man. Sólo que en lugar de comprar réplicas de superhéroes, la gente entonces coleccionaba pequeños asesinos. Como este tipo:



    Estas son figuras de alfarería de James Blomfield Rush, y probablemente parecen como una cosa perfectamente mundana para coleccionar… hasta que te das cuenta que la de atrás describe a Rush estrangulando a un tipo hasta la muerte mientras aparentemente también deja que un perro se coma su salchicha. Eso es porque fue el perpetrador de los Asesinatos de Stanfield Hall, el horrendo doble asesinato del empleador de Rush, Isaac Jermy, y su hijo, Isaac Jermy Jermy (el clan Jermy no estaba completamente cómodo con todo el concepto del “segundo nombre”). Y decorar tu estante con asesinos estaba lejos de ser cosa de una vez, como evidencian estos recolectores de polvo de aquí:



    Estas figuras describen el famoso Asesinato del Granero Rojo, un caso en el cual el conocido donjuán William Corder embarazó a su amante, Maria Marten, y después la estranguló con su pañuelo, que claro que era considerado un modo caballeroso de asesinar a tu amante ilícita. Si miras de cerca a la figura del granero, ese es Corder atrayendo a Marten dentro, donde eventualmente la enterraría bajo las tablas del piso.

    No toda familia victoriana podía pagar cerámica elegante describiendo al asesino más de moda del día, pero había una alternativa más barata: panfletos de la muerte coleccionables. El día de una ejecución, vendedores ambulantes vagaban por las calles ofreciendo panfletos mostrando un reporte detallado del asesinato y la ejecución resultante en verso (¡con ilustraciones!), pitando una “balada de ejecución” para atraer clientes.

    Algunas de las más populares vendieron millones de copias. Piensen en esto como la versión del Londres del siglo XIX de comprar sencillos de MP3, si en lugar de romper con su novio Taylor Swift brutalmente los asesinara a todos.




  2. #2
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    Predeterminado Re: 7 Pasatiempos de Antaño que te provocarán Pesadillas

    #3: Posar para retratos sin cabeza victorianos.

    En estos días, hasta alguien con la edad mental de un niño de 10 años sabe cómo crear una fotografía falsa, como Corea del Norte demuestra continuamente cuando sea que lanzan una nueva pieza de propaganda. No obstante, resulta que la gente descubrió los placeres de trucar fotografías cuando Photoshop aun era un lugar al que tenías que conducir con tu carruaje de caballos, y los retratos de novedades de hoy en realidad son bastante mundanos comparados a los de esos días pasados. Y aquí está un pequeño acertijo para ti: separa a una madre victoriana de su colección de figuritas de asesinos lo suficiente para que pose para un retrato con sus hijos, ¿y qué obtienes?



    Sí, un retrato familiar de los niños habiendo cercenado la cabeza de mamá con un hacha. Repentinamente esa vez que tu mamá se vistió como una prostituta de antaño para una foto de novedades en el paseo marítimo no parece tan espeluznante, ¿o sí? Juzgando por la tremenda cantidad de ejemplos disponibles, “los retratos sin cabeza” fueron una moda bastante popular en el siglo XIX, y viendo a través de estas imágenes, no estamos seguros que no fueran la inspiración original para Mortal Kombat:



    El efecto era logrado a la antigua, al superponer imágenes de diferentes negativos de fotos. Claro, no todos tenían un compañero dispuesto a posar como su víctima sin cabeza, así que la auto-decapitación siempre era una opción:



    También estaba la siempre popular pose “sirve tu propia cabeza en un plato”:



    Y la “olvidé poner la cabeza en alguna parte”, por la cual presumiblemente obtenían un descuento:



    #2: Hacer hogueras gigantes (con gatos).

    Todos aman una buena hoguera: rodeado por montones de amigos, la piel hormigueando mientras el fuego lucha contra el frío aire de una noche de verano, los sacos llenos de lindos gatitos chillando en horror abyecto mientras alimentan la pira…

    Espera, ¿qué?



    Desafortunadamente, no, no inventamos esa última parte. Verás, los parisinos del siglo XVIII amaban las hogueras, también. Cada año en el solsticio de verano, las masas se reunían en Place de Greve y encendían una masiva hoguera, completa con todas las cosas que tiendes a imaginar cuando piensas en una hoguera (risas, baile, canto, borrachos tropezándose y por muy poco evitando la castración accidental asistida por llamas) junto con la adición algo peculiar de sacos llenos de gatos vivos colgados de un mástil sobre la hoguera para ser lentamente devorados por las llamas.

    Después, la mañana tras su juerga alimentada por gatitos, los festejantes recolectaban las cenizas y las llevaban a casa como amuletos de buena suerte. ¿Pero por qué gatos? Escoge una razón: porque pensaban que los gatos no tenían almas, o eran brujas, o eran el diablo, o porque se tienen que joder.

    Tales ardientes tradiciones aparentemente estaban en auge a través de Francia: en Saint-Chamond, “cazadores de gatos” eran menos sobre hogueras y más sobre cazar gatos en llamas a través de la calle, mientras que en Borgoña y Lorena, los chicos iban por la tradición más sencilla de bailar alrededor de un poste en llamas… con un gato (temporalmente) vivo colgando de este.

    #1: Visitar zoológicos humanos.

    Desde tiempos antiguos, los zoos han estado proveyendo entretenimiento sano y educativo a familias a través del globo. De acuerdo, así que por mucho tiempo los zoológicos sólo arrancaron animales indígenas de sus hogares naturales y cobraron a los visitantes para mirarlos y posiblemente pincharlos con palos… pero al menos nunca hicieron eso con humanos, ¿no?


    "¡Miren a esos horribles idiotas!" - La gente a la izquierda.

    Sí, eso sucedió. Aunque pueden no haberse referido a ellos como “zoológicos humanos” entonces (París elegantemente se refería a los suyos como Le Jardin d’Agronomie Tropicale) nosotros creemos firmemente en llamar a un tomate, puto tomate. Tales exhibiciones fueron increíblemente comunes por todo el mundo por cientos de años, desde Europa y Japón hasta los EUA. Y justo como describimos con su equivalente animal, los zoológicos humanos involucraban coaccionar o simplemente secuestrar pueblos indígenas de todo el mundo (mayormente África), construir “villas” que vagamente recordaban a sus hogares, y después ponerlos en exhibición para un público que pagaba, que presumiblemente les lanzaban maníes, porque la gente pagando por ver esto era horrible.

    Quizá el más famoso conocedor de zoológicos humanos era el alemán Carl Hagenbeck, que, durante el último cuarto del siglo XIX, no sólo proveyó a los zoológicos de toda Europa con sus animales salvajes para exhibición, sino que los mantuvo abastecidos de especímenes de 2 piernas también. Hagenback también organizaría shows protagonizados por sus hallazgos más exóticos.

    Tales vergonzosas exhibiciones existieron hasta el puto 1958, cuando los belgas finalmente se vieron en el espejo y dijeron “¿Qué putas estamos haciendo?”

    Fuente:

    7 Popular Old-Timey 'Hobbies' That Will Give You Nightmares | Cracked.com



  3. #3
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    Predeterminado Re: 7 Pasatiempos de Antaño que te provocarán Pesadillas

    Mucho mejor que ver la tele.


  4. #4
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    Predeterminado Re: 7 Pasatiempos de Antaño que te provocarán Pesadillas

    Hacer fiestas para desenvolver momias.



    Hoy, tener una fiesta de “tema egipcio” significa delineador de ojos extra, frituras “con forma de pirámide” y un CD de la Bangles en un bucle infinito. En la era victoriana, los organizadores de fiestas se tomaban la autenticidad más en serio. No era una buena fiesta a menos que tú y todos tus invitados desenvolvieran un cadáver momificado real, recién hurtado de una tumba egipcia. Llamaban a estos eventos fiestas de desenvolturas de momias o “desenrollamientos”.

    En el siglo XIX, Gran Bretaña atravesó una fase de Egiptomanía extrema, y las momias se convirtieron en otro suvenir para que los viajeros trajeran a casa. Traían de regreso cadáveres antiguos posiblemente malditos como tú harías con una camiseta de “Tuve Suerte en Reno”. Eventualmente la demanda se volvió tan alta que los locales comenzaron a momificar criminales simplemente para venderlos como primos segundos del Faraón. Hey, si llevas 6 días con síndrome de abstinencia de momias, tampoco te pondrías muy exigente.

    El pionero fue el notable entusiasta de las momias Thomas Pettigrew, un distinguido cirujano y anticuario cuyas festividades para mirar cadáveres eran eventos agotados. Pero aunque las desenvolturas de momias comenzaron como científicas en naturaleza, como The Learning Channel, pronto degeneraron en un profano show de fenómenos que escupía en la cara de la decencia humana básica. También como The Learning Channel.

    Se puso tan malo que los invitados a veces se llevaban talismanes devotos, vendas o hasta huesos como obsequios de fiesta. ¿Quieres que las siguientes 6 generaciones de tu familia estén malditas? Porque así es como haces que las siguientes 6 generaciones de tu familia queden malditas.

    Visitar un manicomio y pinchar a los pacientes con palos.



    Esta, lo crean o no, era una actividad familiar viable en la Londres del siglo XVII. Los manicomios en esos días eran menos instalaciones de tratamiento y más “recreaciones improvisadas del Infierno de Dante”. Pero aparentemente eran divertidos de ver desde fuera, juzgando por la popularidad del programa “vengan y jodan a un paciente mental” de Bedlam, Bethlem Royal Hospital.

    Bedlam tenía severos problemas de presupuesto, así que decidió abrir sus puertas al público para demostrar cuan necesarias eran sus generosas donaciones. Naturalmente, no tomó mucho para que la noble idea degenerara en un zoológico de contacto humano. No estábamos bromeando sobre los palos, a propósito: los visitantes podían traen sus propios instrumentos punzantes y usarlos para molestar al paciente que pareciese odiar más los palos.

    Ayudaba que en ese entonces muchas personas consideraran a la locura un castigo del pecado. Aun más, el manicomio era un lugar donde podías venir a ver desnudez, depravación y violencia y ser considerado un filántropo por eso. Pronto, por el precio de un penique (¡gratis los martes por la tarde, traigan a los niños!) hasta 96,000 personas al año fueron al manicomio para ver a los pacientes como tú verías America’s Funniest Home Videos. A los visitantes también se les permitía gritarles o lanzarles cosas a los pacientes, porque a la mierda: ya vas a irte al infierno por burlarte de los discapacitados. También podrías sentarte justo al lado del diablo.

    Tener un ermitaño ornamental de jardín vivo.



    Allí estás, entreteniendo a algunos invitados en tu jardín cuando, repentinamente, un extraño sin bañar en un disfraz grotesco sale tropezándose de la vegetación. Tus amigos están sorprendidos. Demandan una explicación. “Oh, eso”, dices evasivamente. “Ese es sólo mi propio ermitaño de jardín”.

    Silencio. Puedes sentir sus miradas sobre ti.

    “¿Es esto raro?”, piensas. “Maldición, la mujer en el refugio para indigentes tenía la razón: esto es raro”. Y después todos tus amigos estallan en aplausos atronadores.

    Sí, los ermitaños ornamentales fueron una moda importante en la Inglaterra del siglo XVIII. Es lo que estás pensando:

    1. Contratas a un anciano para que ocupe una cabaña o cueva en tu propiedad y realmente viva como un ermitaño medieval sin bañar por, oh, 7 años es un buen comienzo. Puntos de bono si se viste como que perdió una pelea contra un Ent: ramas y bellotas en todas partes, lodo en su cabello… Eso es chic ermitaño.
    2. Invitas gente.
    3. Les muestras tu ermitaño.
    4. Sientes como aumenta tu ego un 300% mientras los corsés de las mujeres estallan de lujuria por ti mientras los hombres retuercen sus bigotes con celos furiosos.


    Por sus servicios, a un ermitaño le podían pagar hasta 600 libras, o alrededor de 180,000 dólares en dinero de hoy. Pero ese dulce juego del ermitaño demanda sacrificios. Un político británico llamado Charles Hamilton puso un anuncio en el periódico pidiendo un ermitaño ornamental. Especificó que al ermitaño “se le debería proveer una Biblia” y otros artículos esenciales, pero también que “nunca, bajo ninguna circunstancia, debe cortar su cabello, barba o uñas, vagar más allá de los límites de la propiedad del Sr. Hamilton, o intercambiar una palabra con la servidumbre”. A pesar de eso, aun hubo gente dispuesta a convertirse en decoraciones de jardín vivientes en el siguiente siglo.

    Coleccionar partes corporales.



    Hoy, coleccionar partes corporales te hace un terrible psicópata. En varios puntos durante toda la historia, simplemente te hacía a la moda. Sabes cómo es cuando te consigues un nuevo hobby: comienzas con sólo un diente o dos, pero pronto estás despilfarrando la mitad de tu presupuesto para entretenimiento en Gabinetes de Curiosidades llenos de esqueletos, tumores y fetos deformes.

    Algunas partes corporales eran tan populares que tenían fiestas sólo para ellas. Nuestro amigo Thomas “El Desnudador de Momias” Pettigrew lo hizo de nuevo cuando adquirió la cabeza de Yagan, un líder rebelde indígena australiano asesinado por cazarrecompensas. Pettigrew decoró la cabeza con cuerdas y plumas, exhibiéndola con gusto en frente de un retrato especialmente encargado, y después invitó a sus amigos para que la vieran.

    Y… Pettigrew claramente era un brujo, ¿no? Alguien llamó al tipo así, ¿no? ¿No? ¿Quemaremos a la dama con demasiados gatos, pero el tipo haciendo fiestas de cráneos con piñatas de cadáveres es sólo un fiestero? Eres la peor, historia.


  5. #5
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    Predeterminado Re: 7 Pasatiempos de Antaño que te provocarán Pesadillas

    Bedlam fue tristemente un caso en el que se comprueba que las buenas intenciones no siempre producen buenos resultados.
    Se pagaba un penique, el cual daba el derecho de observar como se maltrataba a los pacientes mentales.

    No te afanes alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible.

  6. #6
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    Predeterminado Re: 7 Pasatiempos de Antaño que te provocarán Pesadillas

    Las peleas de osos.



    En Inglaterra, las peleas de osos (y toros cuando se quedaban sin osos) no eran algo secreto y clandestino, como las peleas de perros del presente. En su lugar, era un pasatiempo disfrutado por todos. Los contemporáneos la describían como “agradable” y el gobierno declaró que era “una recreación dulce y confortable apta para el solaz y confort de una persona pacífica”… el tipo de “persona pacífica” que disfruta de los deportes sangrientos con animales.

    Era parte de la sociedad inglesa y mendigos y nobles por igual visitaban los “jardines de osos” especiales para ver a osos pelear por sus vidas contra jaurías de mastines gigantes. Hasta era popular con la monarquía, pues la Reina Isabel I una vez vetó un intento del Parlamento para prohibir las peleas de osos los domingos, porque ¿cómo podría uno honrar el día del Señor si no al masacrar cruelmente a unas pocas de sus nobles creaciones?

    Ocasionalmente, cuando los isabelinos se aburrían con el repetitivo asesinato de osos, decidían ponerse más creativos con su inhumanidad. Mientras visitaba Londres en 1544, Don Manrique de Lara, tercer Duque de Nájera, escribió sobre ver a un simio atado a la espalda de un poni siendo atacado por perros, encontrando “muy risible” ver al simio gritando aterrorizado mientras el poni era despedazado… porque eso es exactamente lo que alguien que tiene un nombre como de villano de El Zorro diría y pensaría.

    Eventualmente, los osos se convertirían en celebridades. Shakespeare hasta incluyó a un oso asesino como deus ex machina en Cuento de Invierno y hace numerosas referencias a las peleas de osos en Las Alegres Comadres de Windsor. El teatro shakesperiano y las peleas de osos en realidad tienen una relación muy estrecha. Paris Gardens, una popular arena para peleas de osos de Londres, estaba cerca del Globe, el teatro de Shakespeare, y prominentes personalidades del teatro como Philip Henslowe y Edward Alleyn eran Maestros del Juego. De hecho, cumpliendo los decretos del Consejo Privado, los teatros cerrarían los jueves y domingos para animar a la gente a gastar más dinero en las peleas de osos.

    Las peleas de osos no fueron prohibidas hasta 1835, aunque no sin resistencia del Parlamento. Parte del vergonzoso retraso era porque la gente sospechaba que la prohibición era una conspiración de metodistas y jacobinos para privar a la gente de su diversión para que así fuesen susceptibles al antinacionalismo. Si tu nacionalismo sólo es activado por el olor de sangre de oso fresca, estamos de lado de los jacobinos.

    El Mardi Gras de los negros.

    Rápido: ¿Qué piensas cuando escuchas las palabras “Mardi Gras”? ¿Colores brillantes? ¿Auténtica comida bayou? ¿Uno de los últimos bastiones de los excesos despreocupados? ¿Tetas?

    Mardi Gras se siente como que pertenece a otra época. Es la única gran celebración estadounidense que se enorgullece de dejar a la gente libre de los confines de la moralidad moderna, un momento en el tiempo cuando las reglas se vuelven menos importantes y la gente hace lo que sea que le parezca bien. Desafortunadamente, a principios del siglo XIX, lo que le parecía bien a Nueva Orleans era ser un racista violento. Aun tras el fin de la esclavitud, los negros estaban excluidos de las festividades del Mardi Gras. Como respuesta, la comunidad negra comenzó a realizar sus propios desfiles. El Carnaval Afroamericano fue rápidamente establecido y fue apodado “el desfile que la mayoría de los blancos no ven”… excepto que era menos como los desfiles divertidos normales y más como violentas peleas de pandillas.

    Para celebrar su nueva herencia estadounidense, la oprimida comunidad negra se dirigió a sus contrapartes indios por inspiración para el Carnaval. Cada vecindario negro creó su propia tribu india, como los “Pocahontas Amarillos” o “Los Guardianes de la Llama” y vestían según esto durante las celebraciones. Una de las partes más importantes de ser un Indio del Mardi Gras era el disfraz, que originalmente adornaban con tapas de botellas y escamas de pescado, pero con los años se volvieron más y más elaborados. En el presente, un disfraz adecuado de Indio de Carnaval puede requerir miles de dólares y docenas de horas de trabajo.

    Los Indios del Mardi Gras se tomaban su cosplay muy en serio, creando jerarquías y posiciones reflejando las ceremoniales del Mardi Gras blanco: la diferencia era que estos roles tenían un propósito muy real orientado al combate. Había papeles como el “chico espía”, que servía como un centinela que divisaba a otras pandillas, o el “chico bandera”, cuyo trabajo era entregar mensajes entre el chico espía y el “gran jefe” para optimizar logísticamente la violencia. Una vez que 2 tribus se encontraban en las calles, una pelea masiva sucedía.



    Para la década de 1970, la mayoría de los grandes jefes restantes decidió dejar la violencia atrás. Los disfraces permanecieron, pero las tribus tuvieron que ponerle fin a sus peleas, en su lugar compitiendo por quien tiene el disfraz más elaborado y realizando batallas de danza sagrada.

    Los circos de pulgas.



    Los operadores de circos de pulgas hacían promesas asombrosas a sus audiencias futuras, básicamente afirmando que habían convertido a estos diminutos insectos en humanos miniatura que podían correr, caminar en la cuerda floja y hasta practicar esgrima. El único problema con estas promesas era que, claro, las pulgas no pueden ser entrenadas para hacer nada esto. Por esto los maestros de ceremonias de pulgas, llamados “profesores”, tenían que recurrir a la crueldad animal ingeniosa para crear una ilusión de actuación.

    La hábil interacción de las pulgas con las utilerías miniatura rodeándolas no era por elección. Para hacer que pareciera que las pulgas interactuaban con las utilerías, las pobrecitas eran pegadas a los artículos. Después, para hacer que las pulgas se movieran, su pequeño circo metálico se pondría cada vez más caliente, haciéndolas huir desesperadamente a los bordes de la plataforma, sólo para ser arrastradas por la diminuta réplica de un carruaje victoriano.

    En algún punto del siglo XX, la sociedad colectivamente decidió que no debería animar al tipo de gente que solía arrancarles las alas a las moscas y los circos de pulgas lentamente desaparecieron. Por un tiempo, un nuevo tipo de circo de pulgas apareció, uno habitado únicamente por diminutas versiones mecánicas de los molestos insectos, con el show estando completamente automatizado. La moda no duró mucho, sin embargo: es casi como si dejó de ser divertido cuando la gente se dio cuenta que no era a expensas de docenas de criaturas diminutas retorciéndose de agonía.

    Los zoológicos originales.

    En los viejos tiempos, las familias reales coleccionarían animales exóticos como si fuesen Pokémones. No es que les quedara mucha elección. Para los dignatarios extranjeros, presentar a los reyes y reinas animales exóticos de sus patrias era su versión de entregar alguna medalla o reconocimiento. Tras unos pocos años en el trono, la mayoría de los monarcas tenía una colección de animales fantásticos que rivalizaría con cualquier zoo moderno. Y en raras ocasiones, cuando los nobles no estaban en casa, estos zoológicos eran abiertos al público. Y cuando decimos abiertos, queremos decir abiertos. A menudo, a muchas de las criaturas (entre ellas elefantes, simios y leones) se les permitía vagar por los jardines libremente, dándoles a los visitantes la oportunidad de ir y jugar con ellos. Jugar. Con leones. Si eso sucediese hoy, no sabemos quién debería temer más por su vida, si los humanos o los animales.

    Aunque los zoológicos tenían horas de visita ocasionales, sólo la nobleza estaba en posición de realmente pagar la admisión. En Inglaterra, uno de los más populares de estos zoológicos estaba en la Torre de Londres, que, cuando no servía como calabozo o tienda de obsequios, albergaba una impresionante colección de grandes gatos. Creyendo que la maravilla de un animal con el espíritu roto debería ser disfrutada por todos, la Corona Inglesa imaginó una forma alternativa de pago. Quien sea que no tuviese el dinero para pagar un boleto podía pagar con perros y gatos. Para mantener los costos de mantenimiento bajos, la Torre de Londres alegremente admitía a gente que proveía comida a los grandes gatos viviendo dentro y esa comida a menudo resultaba ser sus propias mascotas. Esa es la definición del diccionario de un buen trato: sacrificar tu gato doméstico por un león.

    Eventualmente, el público alimentando a estos grandes gatos se convirtió en tal lugar común que los leones se pondrían descontentos durante los días que el zoológico estaba cerrado, rugiendo y haciendo escándalo hasta que un vigilante venía y les deba algo de atención. Es seguro asumir que dicha “atención” venía en la forma de unos pocos caniches extra.


  7. #7
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    Predeterminado Re: 7 Pasatiempos de Antaño que te provocarán Pesadillas

    Ir a conciertos de gente que se hechaba la 9nq de Bethoven con gases.
    En Francia esos conciertos eran muy populares a inicios del siglo XX

    A Karakorum le gusta esto.

  8. #8
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    Predeterminado Re: 7 Pasatiempos de Antaño que te provocarán Pesadillas

    Quizás algún día se puede añadir "Subir selfies al Facebook" a este hilo


  9. #9
    The Spaces In-Between Avatar de Karakorum
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    Predeterminado Re: 7 Pasatiempos de Antaño que te provocarán Pesadillas

    #7: Boxeo entre niños pequeños.

    Cuando se trata de deportes, hemos logrado inventar unos modos complicados de entretenernos con los años. Está el ritmo frenético del basquetbol, le relajación de un juego de beisbol y lo que sea que sea el cricket. Pero quizá nada sea tan simple y tan disfrutable como ver a 2 personas sacándose la mierda a trompadas entre sí. El boxeo probablemente ha existido en una forma y otra desde que bajamos de los árboles, pero al menos tuvimos la sensatez de crear la regla de que deberían ser 2 adultos de tamaños similares los que lo hagan. Excepto por un periodo de tiempo durante y después de la Segunda Guerra Mundial, eso es, cuando los padres decidieron que sería hilarante ver a sus hijos pelearse.

    Probablemente desesperados por cualquier cosa que alejara sus mentes de los horrores que habían visto en combate, la Marina creó un programa de boxeo junior para los retoños de sus hombres enlistados. Seguro, algunos de estos chicos tenían 14, lo que parece como una buena edad para comenzar a aprender la dulce ciencia, pero los más jóvenes tenían 2. 2 años de edad. Honestamente, en ese punto, ¿por qué tener un límite de edad del todo? Los infantes agitan sus brazos; ¿por qué no meter sus manitas en guantes de boxeo justo después que sean traídos al mundo?


    Y si piensas que a estos renacuajos les gustaba golpear a sus amigos en la cara, un niño (ahora un anciano) que participó dice que recuerda a la mitad de los niños diciendo que no querían pelear, sólo para que sus padres desgastados por la guerra les dijeran “cállate y sé un hombre”. Verás, ese es el problema con esta generación de niños de 2 años: no se espera que sean lo bastante masculinos. Aunque organizaciones como la Academia Estadounidense de Pediatría querían cuidar nuestros copos de nieve especiales y decían que “se oponían vigorosamente” al boxeo como un deporte para niños por el riesgo de lesiones “crónicas” o “fatales”, no era tan malo. Una conferencia de prensa de la época nos asegura que había “poco baño de sangre”.

    #6: Salto con globos.

    En 1923, Popular Science preguntó a sus lectores:

    ¿Te gustaría tener tu propio globo económico, para pasar tus tardes del sábado paseando por el cielo, hasta a mil pies o así, colgando bajo el redondo vientre de una pequeña bolsa llena de gas y viajar a cualquier parte a donde puedas inducir a las juguetonas brisas que te lleven?
    Eso… suena terrible. ¿No? ¿Somos los únicos que vemos un letrero de neón intermitente gigante diciéndonos que huyamos? ¿A mil pies? ¿“Pequeña bolsa llena de gas”? ¿“Juguetonas”, alias letalmente fuertes, brisas? Lo sentimos, gente de 1923, ¿el automóvil y el aeroplano recién inventados ya aburrían? Miren, no queremos acusar a la gente de antaño de ser estúpida porque eran de antaño, pero ¿en serio? Chiflados.


    Asombrosamente, algunas personas realmente pensaron que esta era una revolución del transporte y que pronto todos estaríamos flotando por allí bajo nuestras propias bolsas de gas privadas. Pero no te sorprenderá saber que era ridículamente peligroso, hasta para gente que sabía lo que estaba haciendo. Uno de los primeros entusiastas fue un paracaidista de la Real Fuerza Aérea llamado Dobbs. Pensarías que un hombre que entrenaba a otras personas sobre como saltar con seguridad desde aviones sería la persona perfecta para interesar a otras personas en esta nueva forma de entretenimiento. Y lo intentó, por unos pocos años al menos, haciendo demostraciones para el público, esperando que todos corrieran a comprar sus propios globos y ya no estaría tan solo allá arriba. Pero como que desanima a la gente cuando logras morir justo en mitad de la demostración de cuan asombroso y seguro es tu nuevo juguete, que es exactamente lo que Dobbs hizo.

    En 1927, estaba haciendo lo suyo en el Stag Lane Aerodrome del norte de Londres cuando alguien notó que estaba saltando más y más cerca de un cable de alta tensión. A pesar de escuchar la advertencia de que el cable tenía electricidad, Dobbs gritó que se arriesgaría y procedería a intentar saltar sobre el cable. Se registró que “casi” lo logró, pero “casi” sólo cuenta para herraduras y granadas de mano. Sus pies se enredaron en el cable y, cuando se dobló para intentar liberarse, lo agarró y fue electrocutado, arrojándolo al suelo (así que hey, ¡lo desenredó!) y lo mató en el acto.

    Y eso, niños y niñas, es por lo que Mamá y Papá no saltan/flotan al trabajo en el presente.

    #5: Hacer que los ciegos se apaleen entre sí (y a un cerdo).

    Hasta muy, muy recientemente en la historia, no era una buena idea nacer con cualquier clase de discapacidad. A los humanos de cuerpos aptos, probablemente tratando de apartar sus mentes del hecho que en cualquier minuto podrían morir en el parto, por la plaga o por diarrea explosiva, les gustaban los deportes sangrientos políticamente incorrectos para pasar el rato. Así es como inventaron un favorito medieval que los franceses llamaron Le jeu de la truie et des quatre aveugles o “El juego de la puerca y los cuatro ciegos”.

    El juego era simple, aunque absolutamente terrible: te consigues un cerdo y unos pocos ciegos (si no tenías invidentes reales, siempre podías traer a gente con vista y vendarles los ojos) y los arrojas a un ring u otro espacio acordonado. Después armas a los hombres hasta los dientes con enormes bates de madera y les dices que comiencen a agitarlos. Quien mate al pobre cerdito se lo queda como premio. Diversión inofensiva, ¿no? Pues, no para el cerdo, pero no importa como los mataran en ese entonces, probablemente todavía era horrible, así que lo que sea. Pero el problema era que este juego en realidad no era sobre matar al cerdo. El verdadero entretenimiento venía de ver a un montón de ciegos accidentalmente pegarse entre sí con los bates hasta que ellos quedaban medio muertos.

    A la gente debió haberle gustado mucho, porque el juego tenía poder de permanencia. Fue jugado después que los españoles ganaran la Batalla de Navas de Tolosa contra los moros en 1212. Fue parte de las celebraciones durante una boda entre un príncipe y una princesa en Navarra. Fue jugado en 1386 en Alemania con una docena de tipos pegándole al cerdo y entre sí. Pero eventualmente tuvieron que darles a estos hombres un poquito de ayuda; se pegaban entre sí tantas veces que muchos de ellos terminaban colapsando, así que le pusieron una campana al cerdo y los hicieron continuar. Y un cronista anónimo registra que fue jugado en un festival de París en 1425. Esa vez, hasta hicieron un pequeño desfile para los 4 ciegos antes del evento, lo que probablemente fue un bonito recuerdo que tratar de conservar cada vez que les pegaban en la cabeza.

    #4: Lanzamiento de zorros.

    En el presente, si quieres meterte en una discusión sobre el tratamiento de los zorros, tienes que hablar de la cacería de zorros, lo que involucra cabalgar a través de la bella campiña antes que tu manada de perros despedace uno en frente de ti. Pero oh, la humanidad lograba ser mucho más creativa con la tortura de zorros en el pasado.

    Creativa con la técnica, de todos modos, no con el nombre. Porque cuando escuchas “lanzamiento de zorros”, probablemente tengas una buena idea de lo que esto va a conllevar. Básicamente, tienes una arena de alguna suerte para que el zorro no pueda escapar. Después te dispones en parejas, como si fueran a hacer girar una comba entre ustedes, pero en su lugar es una tela que usarán para el lanzamiento. A los zorros se los deja salir de sus jaulas y corren por allí aterrorizados. Cuando pisan tu tela, tu compañero y tú tiran de ella, tratando de lanzar al zorro tan alto en el aire como sea posible. Entre más alto mejor, ya que parte de la “diversión” era ver las acrobacias que hacía en medio del aire para tratar de aterrizar sobre sus patitas. Pero sería desperdiciar al zorro que aterrizara y se abriera su cabeza contra un piso sólido, por lo tanto arruinando tu posibilidad de arrojarlo en más lanzamientos, así que el suelo a menudo era cubierto de aserrín. Aun así, no evitaba todas las heridas, especialmente ya que los animales a menudo eran arrojados tan alto como 24 pies y, después que la diversión terminaba, los jugadores acabarían con todos los heridos con un buen garrotazo.



    Si te aburrías de los zorros, la gente también usaba conejos, tejones y “gatos salvajes”. Estos eventos a menudo eran una auténtica matanza, con cientos de animales muertos al final. Aun así, a veces los pobres animales obtenían su revancha. Los zorros y los “gatos salvajes” tienen garras, después de todo, y era aceptado que jugar a esto significaba arriesgarse a ser mordido o arañado. Pero los peligros ocupacionales no detuvieron su popularidad y hasta el Sacro Emperador Romano Leopoldo I jugaría al menos una vez al año.


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    Predeterminado Re: 7 Pasatiempos de Antaño que te provocarán Pesadillas

    #3: Halarle el cuello al ganso.

    Un montón de estos otros juegos de tortura animal habían desaparecido para cuando llegamos a la era moderna. Pero no el halarle el cuello al ganso. El halarle el cuello al ganso era tan divertido que la gente había seguido jugándolo hasta bien entrado el siglo XIX. Y si piensan que eran sólo estos malvados europeos haciendo todas estas cosas, este logró saltar el charco y volverse popular en Estados Unidos también.

    Halarle el cuello al ganso, como el lanzamiento de zorros, es exactamente como lo que suena (ok no, no eso, enfermo). Primero consigues una cuerda o barra y la pones a través de un camino. Tomas un ganso VIVO (o si quieres variar, un conejo) y afeitas su cuello. Después cubres su cuello afeitado y cabeza con grasa. Tomas tu ganso engrasado y lo cuelgas de la cuerda o barra por sus patas, así que su pobre cuerpecito ondea en la brisa de terror puro. Después, cualquiera que desee jugar se sube a su caballo y toma turnos para cabalgar por el camino e intentar arrancarle la cabeza al ganso vivo. Estos son tus ancestros. Esos putos enfermos.



    Quien sea que le fallara al ganso por completo sería bañado en agua fría, lo que en realidad no parece justo, considerando lo que el ave estaba atravesando. Debe haber sido un juego bastante difícil, ya que a menudo duraba por horas antes que alguien finalmente matara a la cosa. El ganador se quedaría con el ganso, a veces un pequeño premio en efectivo o sólo tragos en el pub después. Oh, y este evento tradicionalmente tomaba lugar el Martes de Carnaval, también conocido como el día antes que la Cuaresma comience, también conocido como el día tradicional en el que la gente se sacaba todas las cosas divertidas de sus sistemas. Así que esto es lo que la gente en el pasado realmente quería hacer antes de sus 40 días de sobriedad religiosa: arrancarle la cabeza a un ave con sus propias manos.

    Oh espera, ¿dijimos que esto desapareció en el siglo XIX? Sí, acerca de eso… Si por casualidad estás en partes de Alemania, Bélgica o los Países Bajos el Martes de Carnaval, hasta el día de hoy podrías ver a gente arrancándoles las cabezas a gansos de esta manera. Afortunadamente, en algún momento, los activistas de derechos animales debieron haberse involucrado, porque al menos ahora el ganso está muerto antes que lo cuelguen.

    #2: Duelos con balas de cera.

    En estos días, si alguien te insulta, escribes un post pasivo-agresivo en Facebook sobre ellos. Pero en su época, la gente esperaba constantemente una oportunidad para ofenderse por algo que alguien dijo para así poder hacer duelos. A pesar de poner sus vidas en riesgo, los hombres y a veces hasta las mujeres no podían esperar para agarrar un par de pistolas o espadas y hacerlos. Pero después de un rato, los gobiernos intervinieron e hicieron los duelos ilegales y la gente pareció entrar en razón y decidió que no quería morir porque alguien se burló de su sombrero. ¿Eso significó que dejaron de hacer duelos? Claro que no. Meramente encontraron una forma de hacerlos un poquito más seguros.

    A principios del siglo XX, la gente comenzó a tener duelos con balas de cera. De ese modo, todavía podías tener la diversión de apuntarle una pistola al corazón de alguien, pero no tenías que pasar el resto de tu vida en la cárcel si le dabas a tu blanco. Los duelos producían tal “regocijo general” que eran realizados en el Carnegie Hall. Entonces en 1908, añadieron una demostración de duelo con balas de cera a las Olimpiadas, así como a varios campeonatos de tiro alrededor del mundo.



    Claro, sólo porque el proyectil que te están disparando no sea una bala real no significa que no pueda herirte. Hubo historias de competidores y espectadores perdiendo ojos si un disparo salía mal. Pedazos de partes corporales también podían ser removidos y un hombre que fue entrevistado sobre su experiencia con los duelos habló de como accidentalmente le voló la parte carnosa entre el pulgar y el dedo índice a su oponente. También advirtió que las balas falsas lucían casi idénticas a las balas reales y que la gente había sido asesinada cuando las confundían. Aun así, dijo que los duelos eran un “mal necesario” y que la capacidad de dispararle a alguien si era grosero hacía a la gente educada. Si eso es cierto, considerando el estado del mundo, tal vez deberíamos pensar en traerlos de regreso.

    #1: Guillotinas de juguete.

    ¿Recuerdas cuando eras niño y como tomabas tus muñecos y los ponías en tu silla eléctrica de juguete y pretendías matarlos? ¿No? Oh, correcto, eso es porque no estamos locos, a diferencia de los niños franceses durante la Revolución, quienes enloquecieron absolutamente por las guillotinas de juguete.

    Era totalmente común para los niños asistir a las muchas, muchas decapitaciones que tomaron lugar durante el Terror y, cuando llegaban a casa, querían su propia versión para jugar con esta. Modelos funcionales de 2 pies de alto se pusieron en boga, con los niños usándolos para cortarles las cabezas a muñecos o hasta animales pequeños. Y del mismo modo en que la gente del presente se preocupa porque los videojuegos violentos estén arruinando a nuestros jóvenes, eventualmente estas diminutas guillotinas fueron prohibidas por temor a que fuesen una mala influencia para los niños.



    Eso no detuvo a sus padres de divertirse con la moda, sin embargo. Encargaban hacer modelos más pequeños que usarían durante la cena para cortar pan y vegetales. A veces encargaban hacer figuritas de políticos u otras celebridades llenas con un perfume rojo que chorrearía por todas partes cuando fuesen decapitadas. Las damas entonces mojarían sus pañuelos en el perfume así que dejarían la cena oliendo bien. Los pañuelos aparentemente manchados de sangre irían bien con su otro accesorio, aretes de guillotina.

    Después que todas las ejecuciones se detuvieron y la aristocracia volvió al poder, querían demostrar cuan orgullosos estaban de sus familiares que habían muerto. Así que hombres y mujeres comenzaron a usar su cabello corto en la espalda, como si hubiese sido rebanado por la guillotina. Las mujeres usaban bufandas rojas que representaban la sangre y aquellas usadas por 2 mujeres famosas que habían sido ejecutadas. Y en un baile realizado cada año para gente que podía probar que estaba emparentada con una víctima de la guillotina, los bailarines se harían reverencias los unos a los otros con un movimiento de sacudida, como si sus cabezas hubiesen sido arrancadas. Eso sería como si todos fuésemos a la promoción y la cosa cool por hacer fuese yacer en el suelo y pretender que te van a dar la inyección letal.

    Fuente:

    7 Dark AF Ways Your Ancestors Had Fun


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